
1

Cuando terminó la temporada de subastas de este pasado mayo en Nueva York, se volvió a difundir esa imagen tan reconocible de un sector en el que cada temporada se baten cifras millonarias, se repiten las ventas de los mismos grandes artistas, a la vez que siguen sin desvelarse los pocos nombres capaces de pagar por un cuadro de Jackson Pollock 181 millones de euros o por un busto de Brancusi, 107 millones. Este ritual de cientos de años parece inmutable a los ojos de quienes no pertenecen a ese 1%.




