
Cada vez más alumnos se pasan de escuelas públicas a privadas
Los paros y la baja calidad, las causas
1 minuto de lectura'
Cuando Micaela terminó el primer grado en una escuela pública, su mamá, María Herrera, decidió cambiarla a un colegio privado de Pilar. Fue un gran sacrificio para la familia. María es empleada doméstica por hora y su marido, Marcelo Baciti, albañil. Por mes juntan 800 pesos. Y Micaela tiene tres hermanos. Pero María dice que el esfuerzo vale la pena, porque ahora está más tranquila: los profesores no faltan por cualquier cosa, no hay peleas entre los compañeros y su hija no está deambulando en la calle a cualquier hora.
Micaela es una entre los más de 780.000 estudiantes que, según las estadísticas reflejadas en el último anuario del Ministerio de Educación, eligieron abandonar la escuela pública entre 2003 y 2006 y continuar sus estudios en colegios privados del país. La matrícula de estos establecimientos sumó además 132.000 nuevos alumnos.
Esta tendencia se completa con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que revelan que, en esos tres años, la educación privada en la ciudad y en el Gran Buenos Aires creció un 4 por ciento –pasó de 27,9 a 31,9 por ciento– a expensas de la pública, lo que representaría casi 106.000 alumnos, según un análisis del Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP).
Aunque lo más llamativo es que el traspaso a las aulas privadas, a costa de las estatales, no se limita a las clases económicas más altas: en las familias con ingresos máximos de 396 pesos per cápita, el pasaje del sector público al privado, entre el 2003 y el 2006, fue del 9 por ciento. En aquellas que reúnen hasta 600 pesos, del 6 por ciento.
Consultados por LA NACION, especialistas y funcionarios coincidieron en que las familias eligen la enseñanza privada por encima de la pública porque buscan una continuidad educativa que la escuela estatal, signada por los paros docentes, está lejos de ofrecer.
El especialista en educación Federico Johansen confirmó que hay un traspaso a la educación privada, y atribuyó el fenómeno a la desconfianza de las familias en la escuela pública. "Básicamente, porque no hay clases. No sé si la calidad es mejor o peor, pero en general en las privadas hay clases y en las públicas, no. La gente nota esto y ni bien puede pasa al chico. Incluso las familias de bajos recursos", explicó.
Johansen, uno de los impulsores del creciente desarrollo del polo educativo en Pilar, señaló que en esa zona, por ejemplo, los colegios con cuotas más accesibles están sin vacantes, y que las familias más pobres no harían el esfuerzo de pagar una escuela si la educación pública fuese igual de buena.
"Se llenan muchísimo. Y lo paradójico es que el gobierno actual, teóricamente progresista, que querría que la educación privada desapareciera, es el que está logrando que ese sector crezca cada vez más", reflexiona. Y tiene razón.
Así lo confirmó el director general de Educación y Cultura Bonaerense, Mario Oporto, a LA NACION: "La cantidad de alumnos en los establecimientos privados crece anualmente entre un 3 y un 5 por ciento. La situación económica de las familias de sectores medio y bajo ha mejorado y los padres buscan escuelas baratas porque creen que allí habrá mayor continuidad del trabajo".
Las escuelas estatales bonaerenses, específicamente, perdieron, entre el 2003 y el 2006, 287.472 alumnos. Para el funcionario, los padres desean una mejor calidad y buscan que los días de clase no se interrumpan. "La discontinuidad, las horas libres y el ausentismo deterioran las relaciones entre los padres y la escuela pública. Mi responsabilidad es generar las condiciones para que los docentes enseñen mejor", admitió Oporto.
Para el director del CEPP, Gustavo Iaies, los padres buscan en las aulas privadas una serie de elementos que no siempre encuentran en la escuela pública: un equipo docente y directivo que los contenga, seguridad respecto del cuidado de los chicos, ciertos valores que la familia quiere transmitir a sus hijos y un nivel de aprendizaje razonable.
"Algunas de las regulaciones de la escuela pública impiden eso que los padres demandan. Los equipos no tiene continuidad, los directores no tienen poder para liderarlos, la escuela no puede acordar pautas propias de trabajo con su comunidad", dijo.
El presidente del Consejo de Educación del Arzobispado de Buenos Aires, José María del Corral, coincidió en que las familias con ingresos medio y bajo piensan en destinar lo poco que tienen en educación privada. "En un 68% lo hacen para asegurarse que sus hijos tendrán clases y que no estarán deambulando por las calles.
Así, las madres pueden ir a trabajar. Pero también porque en los colegios privados los directores atienden a los padres, porque hay menos problemas de disciplina y para que sus hijos se vinculen para arriba", explicó.
Del Corral observó que, cuando los ingresos no alcanzan para que todos los hijos vayan a colegios privados, las familias eligen traspasar primero a las mujeres. Y añadió que, si bien la tendencia era antes más fuerte en el nivel medio, hoy arranca en la educación inicial.
"Piensan que el esfuerzo vale la pena, y ponen lo poco que tienen en eso. A veces, los hermanos más grandes trabajan para pagar la escolaridad privada de los más chicos", contó. Es el caso de la familia Baciti.
"Somos humildes y nos prohibimos de muchas cosas, pero en la otra escuela nunca podía hablar con el director, no había un régimen estricto y nunca había clases", dijo María.
Marcelo, su esposo, trabaja en el colegio de Pilar donde van sus cuatro hijos, haciendo "changas", y así paga la escolaridad de los chicos. "No sé ni lo que gana, porque va directo para pagar eso, pero ahora estoy tranquila", añadió.



