
Crítica ética y sociedad
Por Romualdo Bruguetti
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EL crítico debe ser ante todo sincero consigo mismo, y ejercer la crítica con honradez profesional y ética, al margen de compromisos sectarios y otras variantes, que llevaron a destacados críticos a "suspender el juicio" y a "contribuir a la desorientación general". En mi sentir, si el crítico no esgrime su juicio con ecuanimidad y no contribuye al esclarecimiento general, ¿para qué sirve?
A más de seis décadas dedicado a esta actividad, nada fácil ni muy agradable, puedo afirmar que el del crítico es un duro oficio. El artista hace su trabajo y allí está... para que se lo juzgue. El crítico permanentemente debe estar alerta, como un moderno Quijote, para "deshacer entuertos". Se nos ha dicho que América es el Nuevo Mundo. En verdad, deberíamos ser un Mundo Nuevo de libertad, de justicia, de convivencia pacífica y creadora. No lo somos por embrolladas y funestas consecuencias políticas y económicas. Nuestra América de estirpe indígena, de habla española y portuguesa, contiene reservas substanciales aptas para la creación. Lo revelaron y revelan artistas formados con maestros europeos, que se expresaron de regreso a sus respectivos países con acentos propios. Ellos contribuyeron a una esperanza de identidad americana.
Se observa tanto en Europa como en los Estados Unidos, salvo dignas excepciones, una grave crisis que se inclina a la decadencia. Una reiteración de lo ya hecho hasta el cansancio. Una falsa globalización, que directores de museos, curadores de muestras internacionales y críticos se empeñan demagógicamente en fomentar, por creer que son la vanguardia. ¿Qué pueden depararnos -me pregunto- las declaraciones de la curadora de la X Documenta de Kassel cuando dice del arte y de la obra de arte, "que hay gente que no puede sobrevivir sin estos fetiches?".
Seamos transgresores, si así lo sentimos en nuestra conciencia, sin olvidar que estas artes que nos comprenden y trascienden sólo admiten lo que les corresponde legítimamente en sentido plástico, visual, estético, espiritual. Nada de pasatismos, ni de incoherencias. Las realizaciones que exigen las modas propaladas por los medios son manifestaciones que se reiteran, vanidades de imitación, de intereses espúrios.
El arte vive en agonía. Y agonía es lucha según el criterio de Miguel de Unamuno. ¿Cómo contribuir -en lo que nos atañe- a salir de esta situación alarmante, a construir nuestra real aventura americana? Construir no es sólo ceñirse a una corriente geométrica, ni rehuir efusiones emocionales, ni acudir al pastiche de transvanguardias o posmodernismos de etiquetas efímeros, ni retornar al arte prehispánico o colonial, ni a las corrientes exhaustas.
Para el artista, en mi opinión, existe un cuádruple compromiso: sensible, inteligente, ético, que culmina en lo estético (si es apto para alcanzarlo), que arraiga en un lenguaje de incesantes cambios y en una conducta de la cual es responsable, soslayando factores que operan hoy y cargan en desmesura las espaldas del artista. Si sacralizamos la vida, el arte reasumirá su categoría.
Pero, ¿cómo hacerlo en estos tiempos de frivolidades innumerables? Vida digna y arte glorifican la existencia. Creatividad y calidad conjugan la obra. La calidad no es elitismo: es condición esencial del arte. Las concreciones artísticas constituyen nuestro material de trabajo, sólo que el crítico en no pocas ocasiones ha sido excesivamente benévolo -con la simpleza inocente de un amanuense- en su apoyo a cierto movimiento de ruptura apareciese.
Seguramente en el siglo XXI surgirán expresiones totalmente inéditas. Entretanto, bienvenidas las investigaciones, las experiencias, los procesos creativos no ajenos en buena medida a la ciencia y la tecnología, siempre que las nuevas formas y visiones se funden en severas disciplinas artísticas abiertas al porvenir. El "todo vale" y el "nada vale" sólo es propio de aficionados y snobs.
Como crítico y escritor, tengo fe en el vislumbre de un humanismo a la altura de los tiempos, que sustente la ecuación vida-hombre-mundo-arte.
El autor de esta nota es crítico de arte, poeta y escritor. Su primera crítica en La Nación , consagrada a la obra del uruguayo Pedro Figari, está fechada en abril de 1939. El jueves último fue distinguido por la Asociación Argentina de Críticos de Arte por su trayectoria y conducta ética.
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