
Del formalismo a la instalación
En la Casa de la Cultura se presenta una muestra dedicada a las más notorias experiencias transformadoras del campo de la escultura
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En el Espacio Casa de la Cultura, el histórico edificio de la Avenida de Mayo, se presenta la exposición Desplazamientos. Entre la escultura y la instalación. Para esta muestra, Adriana Lauria, quien tuvo a su cargo la cuidada e inteligente curaduría, reunió a 25 artistas relevantes de generaciones diversas, desde Enio Iommi, nacido 1926, hasta Leandro Erlich, de 34 años.
Entre el inicio en el arte de uno y otro pasó largo tiempo. Iommi fue, a mediados de los años 40, uno de los fundadores de la famosa Asociación Arte Concreto-Invención; Erlich presentó su primera exhibición en 1992.
En las cinco décadas que separan a los artistas, los cambios producidos en “lo escultórico” fueron muchos. Poco queda de la antigua definición académica: la escultura es el arte de realizar obras tridimensionales, tallando un bloque de materia sólida, o modelando con arcilla. En el siglo XVIII, Gotthold Lessing, autor del Laoconte, un libro fundamental, afirmaba que la escultura era un arte que se caracterizaba por el despliegue de los cuerpos en el espacio.
¿En la década de los 20 del siglo pasado, época ya lejana de las vanguardias históricas, qué quedaba de esos criterios normativos? Las esculturas de Naum Gabo, László Moholy-Nagy, Marcel Duchamp y Pablo Picasso demuestran cómo el género se había tornado problemático. Mucho después, en 1979, en la revista neoyorquina October, la crítica Rosalind Krauss publicó un artículo que tuvo notable fortuna: “La escultura en el campo expandido”. En esas páginas desarrolló un concepto fundamental, pero la feliz expresión hoy está desgastada por los usos abusivos e incorrectos a los que fue sometida.
Con acierto, en Desplazamientos (el título es revelador), Lauria se ubicó en las proximidades de esos temas, pero actualizándolos. Lo señala de manera explícita en el texto introductorio al hablar de “los deslizamientos sufridos por el concepto tradicional de escultura, «desplazado» de sus límites físicos y teóricos por las nociones de objeto, montaje e instalación”. En efecto, la mayor parte de las obras exhibidas se fundan en estrategias que se han denominado “posmodernas”, como la acumulación, la citación, la apropiación y los géneros híbridos.
En la muestra conviven estéticas abstractas formalistas (Enio Iommi y María Juana Heras Velasco) con Bailando en el Savoy, una escultura desinhibida de Alberto Heredia, compuesta por las dramáticas figuras de los danzarines realizadas con telas envueltas malamente como un vendaje apretado. Pablo Suárez, con El previsible destino del pretty boy González, la imagen de un joven golpeado y herido, con algo de San Sebastián, muestra de manera impecable la relación de su obra con el grotesco y lo popular. Norberto Gómez, por su parte, recurre a la escala gigante para sus armas antiguas de cartón policromado, con algo de instrumentos de tortura.
Una de las hibridaciones mayores del género se advierte en la notable instalación de Víctor Grippo, Algunos oficios (1976), integrada por herramientas asociadas a varias artesanías: la del herrero, el albañil, el carpintero, el cantero y el agricultor. La presentación de cada oficio es una escenificación con herramientas y fragmentos de lo ejecutado, como si en ese momento el trabajador se hubiera retirado momentáneamente.
Entre los más jóvenes, Nicola Costantino, con Chanchito con motor, el calco en silicona de un animal exánime, habla de muerte de manera despiadada. Mónica Van Asperen recurre a unos enormes objetos enigmáticos, algunos biomórficos, de cuidada realización en madera y plástico; las grandes piezas permiten una instalación “abierta”, según la “ocurrencia” o la necesidad de cada espacio. En otro espacio, los objetos de materias textiles, coloridos, de Marina De Caro, cuelgan del alto techo.
La obra de Martín Di Girolamo, de masilla epoxi y resina sintética, representa de modo hiperrealista a una joven mujer en una situación erótica, similar a las publicadas en las revistas del género.
Resulta evidente que las obras exhibidas revelan muchas de las transformaciones conceptuales producidas en el campo de la escultura, en particular desde la década de los 70. También se advierte el uso de técnicas y materiales que han permitido nuevos temas y narraciones simbólicas. Sin duda, existen los planteos formales renovados.
En la exposición participan, asimismo, Elba Bairon, Martín Calcagno, Juan Carlos Distéfano, Sebastián Gordín, Jorge Gumier Maier, Miguel Harte, Daniel Joglar, Silvana Lacarra, Liliana Maresca, Emiliano Miliyo, Ariadna Pastorini, Cristina Schiavi, Omar Schiliro y Román Vitali.
(En el Espacio Casa de la Cultura, Avenida de Mayo 575, hasta hoy.)
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