Después de Francisco de Goya
La violencia, lo traumático y lo abyecto, temas ancestrales e inquietantes, entre la mirada ilustrada y la representación posmoderna
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Concluidas las experiencias de las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX, parecía que la posibilidad de escandalizar o de alterar el orden público era una tarea imposible en el mundo del arte. Sin embargo, algunas exposiciones de las últimas décadas superaron los pronósticos, como lo demostró "Sensation: Jóvenes artistas británicos de la Colección Saatchi", presentada en la Nacional Gallery of Art de Londres, en septiembre de 1997. En ella se exhibían muchas obras con temas tan ancestrales y reiterados como la violencia y la muerte, pero desde una perspectiva posmoderna.
Los famosos hermanos Jake y Dinos Chapman habían reproducido en esculturas un grabado de Goya en el que se ven tres cuerpos mutilados colgados de un árbol; Ron Mueck presentó una escultura de tono hiperrealista de su padre muerto, pero de no más de un metro de longitud (el padre, al morir se había convertido en un niño). Sam Taylor-Wood exhibió una mujer, como Cristo crucificado, en el centro de una composición que remitía a la "Ultima Cena". Los restantes artistas -cuarenta y dos en total- seguían vías similares.
Cuando "Sensation" se expuso en Nueva York, el alcalde Rudolph Giuliani exigió que se retirara la obra de iconografía cristiana de Chris Ofili, a la que consideraba "blasfema", al mismo tiempo que calificaba la muestra como una "enfermiza orgía de pedófilos propia de un hospital psiquiátrico".
En la Navidad de 2003, en la Casa Internacional de la Fotografía, en el Deichtorhallen del puerto de Hamburgo, se presentó "Corpus Christi. Representaciones de Cristo, 1850-2001". La imagen de Cristo se reiteraba en las obras de los ochenta y dos fotógrafos que actuaron desde mediados del siglo XIX. Entre otros, exponían Man Ray, John Heartfield, Marina Abramovic, Robet Mapplethorpe, Andrés Serrano, Orlan y Sam Taylor-Wood, quienes mostraron a Cristo en versiones que iban desde la iconografía cristiana tradicional hasta la denuncia política; desde la provocación hasta la vulgaridad comercial.
La muestra, que se abría con las imágenes documentales de los fotógrafos de mediados del siglo XIX, finalizaba con la representación de la Ultima Cena, en versión The Sopranos, de la norteamericana Annie Leibovitz. También se exhibían los Cristos andróginos del argentino Humberto Rivas, y el Jesús, modelo Rafael, del dúo francés Pierre et Gilles.
En 1993, en el Whitney Museum of American Art, de Nueva York, se presentó "Arte abyecto. Repulsión y deseo en el arte americano". Por supuesto, en la muestra predominaban los artificios de la abyección, de lo obsceno y lo extremo. En las obras -de Cindy Sherman, Kiki Smith, Robert Gober y Paul MacCarthy, entre otros- abundaban todos los fluidos humanos.
Se trata de un tema persistente del arte contemporáneo, que analizó el crítico norteamericano Hal Foster, en su libro "El retorno de lo real, la vanguardia a finales de siglo". Ese concepto de lo "real", que procede de las teorías psicoanalíticas de Jacques Lacan, se refiere a lo obsceno, lo traumático, lo abyecto y a todo lo que habla de los cuerpos dañados, de los individuos violados.
La mirada ilustrada
Dos siglos antes, el español Francisco de Goya (1746-1828) fue un precursor en la intención de hacer que su obra fuera un medio para que la gente se enfrentara con la violencia y con los horrores de la naturaleza humana en las crisis extremas. Con ese tono pintó su famosa tela "Fusilamientos del 3 de mayo de 1808", en la que unos inocentes civiles son fusilados por soldados napoleónicos, feroces y sin rostro. Es notorio que el pintor se inspiró en la iconografía religiosa de los santos martirizados para mostrar a los nuevos mártires políticos.
Esta denuncia de la violencia de su época aparece en los grabados al aguafuerte de la serie los "Caprichos" (1799), compuesta por cuarto temas centrales: la corrupción de las costumbres (la prostitución), la superstición (la brujería), el anticlericalismo (los vicios de los clérigos) y la ignorancia (para la que utiliza el concepto de "burromaquia"). A esta serie pertenecen las láminas "El sueño de la razón produce monstruos" y "Sueño de la mentira y la inconstancia", composiciones ambiguas que intrigan al espectador y confunden al posible censor.
En esta vía, Goya grabó más tarde "Los desastres de la guerra", láminas en las que mostró la crueldad de los acontecimientos: los prisioneros mutilados, las escenas de ejecución, los robos de cadáveres, etcétera. En estos trabajos, llenos de opiniones, jamás se detuvo en la descripción de las luchas entre dos fracciones, mostró ante todo las miserias humanas.
Las pinturas y los grabados de Francisco de Goya muestran sus dudas sobre las esperanzas de los ilustrados en el progreso y la liberación del hombre. Quizá el mejor documento sobre esta mirada escéptica es la serie de las "Pinturas negras", que hizo en los muros de su propia casa, conocida como la Quinta del sordo. Entre ellas está Saturno devorando a uno de sus hijos, una violenta escena de canibalismo e infanticidio.
Por su parte, la violencia y la abyección de las manifestaciones artísticas de los jóvenes "posmodernos" está relacionada, siquiera parcialmente, con el terror que penetra de manera cotidiana en todos los rincones, aun los más íntimos, a través de los medios de comunicación de masas. Pero cualquiera sea el recurso utilizado, desde la pintura y la performance hasta la fotografía y el video, se trata de una violencia inseparable de lo que Gilles Lipovetsky caracterizó como una época "posmoralista".
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