
El adiós a una revista después de 37 años
Por Manuel García Ferré Para LA NACION
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El creador de Anteojito, la revista que durante decadas convocó a millones de argentinos y que cerró el mes pasado, relata qué sintió al tener que despedirse de sus lectores.
Cuando chico soñaba con poder dedicarme de lleno a una vocación: el dibujo animado. Quizá, por aquello de haber crecido en un hogar donde la pintura y todo lo artístico se vivía y valorizaba, y quizá también por haber leído alguna vez un pensamiento de Carlitos Chaplin que decía: "¿Acaso en la vida hay algo más real que las ilusiones"?
Pasaron años de lucha y sufrimiento. De muy niño viví la espantosa guerra civil española; de adolescente, mis ilusiones de ser arquitecto; luego el trabajo y el estudio en una posguerra dificilísima; después nuestra llegada a esta tan entrañable y querida Argentina, que me dio lo que mi patria no me pudo dar en su momento.
Aquí, de nuevo el estudio, el trabajo y la lucha. Mucha lucha para abrime camino en una vocación tan apasionante que esta tierra me permitió desarrollar. Hoy, siento dolor por este presente tan incierto en que se frenan tantos proyectos y obras.
En estas circunstancias despido a "Anteojito", una apasionada ilusión, fruto de mi imaginación, que durante 37 años fue una realidad que cuidé y alimenté tanto con lo mejor que pude y fui capaz de dar. Conmigo colaboraron amigos, dibujantes, redactores, músicos, escultores, diversidad de artistas integrando un maravillosos equipo del cual salieron tantas producciones, además de "Anteojito", como numerosas series de televisión y largometrajes.
A lo largo de 37 años ininterrumpidos, página a página, la revista "Anteojito" fue reflejo de nuestro entusiasmo y alegría por hacer felices a los niños de varias generaciones, al tiempo que tratábamos de darles una ayuda escolar.
Semana tras semana trabajamos poniendo nuestro oficio y amor. Editores más que empresarios, periodistas y artistas al servicio de niños, padres y maestros, nos sostuvimos airosamente en un medio en el que hoy se imponen las megacomunicaciones y las multipublicidades, y hasta una cierta confusión de valores morales e intelectuales.
Nuestra trayectoria ha sido afortunada y feliz. Labramos nuestro surco poniendo en él tesón, esfuerzo y afecto. Por ello sentimos una enorme gratitud.
Con "Anteojito" abrimos un nuevo sendero en el ámbito editorial, en el que proyectamos nuestro pensamiento: hacer que los niños crezcan no sólo informándose y divirtiéndose, sino colaborando en su formación moral y espiritual tan descuidada últimamente; cultivando los valores de la amistad, la consideración, la solidaridad y enriqueciendo el precioso mundo de las emociones, respetando pensamiento y religiones diferentes.
Intenso y vasto ha sido el tiempo de siembra, pero valioso y satisfactorio fue el tiempo de cosecha. Así hoy bien podemos decir que junto al pesar con el que interrumpimos nuestro ciclo mucho nos gratifica el recibir tanto aliento de nuestros queridos lectores de todo el país.
Si despedirse es "pedir licencia para marcharse" nosotros solicitamos ese permiso no sin antes hacer nuestras las palabras de una antiguo proverbio: "Agradezco a quienes me amaron porque me han hecho feliz. Agradezco a quienes no me amaron porque me han hecho fuerte".
Hasta siempre.




