
El futuro es hoy
Con entonación de denuncia, dos libros estudian las catástrofes climáticas que se están produciendo en el planeta como consecuencia del fenónemo del calentamiento global
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Para LA NACION
Una verdad incómoda
Por Al Gore
Gedisa/trad.: Rafael González Del Solar/328 páginas/$ 89
El calentamiento global
Por Spencer Weart
Océano/trad.: José Luis Gil Aristu/260 páginas/$ 51
El ambiente comienza a estar en la agenda política, en la tapa de los diarios, en la conversación cotidiana. En la Argentina, el tema hizo eclosión con la preocupación por el Riachuelo y las papeleras. En menor medida, también con el calentamiento global y la visita este año del ex vicepresidente, casi presidente, norteamericano Al Gore.
De las amenazas globales que nos acechan, no todas son económicas o bélicas. La perspectiva de un cambio climático generalizado debido a la acumulación en la atmósfera de gases producto de la actividad humana ya no es solo una hipótesis científica. El futuro es hoy: los expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático acaban de confirmar que se trata de un fenómeno en curso, sobre el que es urgente tomar medidas.
Dos de las mejores obras dedicadas al tema llegaron recientemente a las librerías argentinas. Una verdad incómoda. La crisis planetaria del calentamiento global y cómo afrontarla , de Gore, es el trabajo de un protagonista político de esta historia, con actuación en el debate en su país y uno de los salvadores del protocolo de Kyoto en 1997.
El libro se basa en el documental del mismo nombre, ganador de un Oscar y, con casi 50 millones de dólares, tercero en recaudación en los récords del género. A su vez, el film se creó a partir de una conferencia con slides que Gore presentó en ciudades de su país y del mundo, como hizo en Buenos Aires. El origen audiovisual del trabajo deja dos marcas claras: personalismo y emotividad. Gore -su voz, sus énfasis, su relato de vida- es omnipresente. Y da al mensaje un tono patriótico, llamando a los norteamericanos a encarar la lucha contra el cambio climático como otros momentos de resonancia mítica. Un relato basado en imágenes es un ataque directo al corazón: algunas fotografías convencen en un golpe de vista. Allí están las nieves del Kilimanjaro que se esfuman, el permafrost de Alaska que se hunde, los glaciares que retroceden espantados. De los Alpes a la Patagonia, del Ártico a la Antártida, el planeta entero se derrite en las instantáneas de Gore. Una magnífica doble página dedicada al Perito Moreno conmueve por el matiz de fragilidad que la argumentación agrega a su belleza.
Los cuadros también son elocuentes, con transcripciones muy logradas. Por ejemplo, en un momento del documental Gore se pasea delante de un enorme gráfico que compara la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera -principal responsable del calentamiento- con la temperatura media del planeta. La correlación es clara: a cada ascenso de la temperatura corresponde un pico de dióxido. El último punto marca el hoy y es, obviamente, el más alto. Con él se termina el cuadro. Pero sabemos que el dióxido seguirá aumentando. En el libro también se traspone un límite: la página despliega una solapa. Y el cuadro puede seguir, en rojo, escapándose de la norma, anunciando el Apocalipsis.
Para los lectores de la Galaxia Gutenberg, es decir, los que prefieren un libro de análisis, puede ser más recomendable El calentamiento global. Historia de un descubrimiento científico , de Spencer Weart. Director del Centro de Historia de la Física del Instituto Americano de Física de Maryland, Weart es autor también de Nuclear Fear , donde explica cómo cambió nuestra percepción de la energía nuclear. Sus dos obras están relacionadas. Según Weart, la idea nada obvia de que los humanos podemos cambiar el clima solo fue concebible después de que tomáramos conciencia del poder de esta tecnología: "de pronto, nada parecía estar fuera del alcance de la capacidad humana".
Su relato comienza antes que el de Gore, y en otra geografía. Parte de la hipótesis de un científico sueco, Svante Arrhenius, quien se preguntó en 1896 si el aumento del dióxido de carbono resultado de la Revolución Industrial no podía modificar el clima. La línea de puntos se interrumpe, y la pregunta reaparece en la reflexión del ruso Vladimir Vernadsky: la magnitud de la movilización industrial de la Primera Guerra lo llevó a pensar que el volumen de materiales producidos se hallaba cerca de alcanzar "proporciones geológicas". Luego se suma el británico Guy Stewart Callendar. Sin ser especialista, se presentó en 1938 ante la Royal Meteorological Society con precisas mediciones que hablaban de un lento calentamiento de la Tierra. Solo entonces aparecen los nombres más conocidos: en Estados Unidos, a comienzos de la década del cincuenta, David Keeling se pregunta qué pasa con el dióxido en la atmósfera y Roger Revelle le responde que no se hunde en los océanos, que sigue libre. A partir de allí, la historia se acelera y gana resonancias de contrapunto.
El relato de Weart mira hacia adentro y afuera de la comunidad científica. Con un punto de vista internalista, destaca el carácter transdisciplinario de la geofísica: se requirieron aportes de químicos, meteorólogos, físicos, matemáticos, analistas de sistemas hasta antropólogos para armar el rompecabezas del calentamiento global. Hubo que bajar a los lechos marinos y subir a la alta atmósfera, cavar en el hielo, examinar polen fósil, indagar en sitios arqueológicos, incluyendo en un diálogo casi babélico las jergas de cada especialidad.
El costado externalista se mete en los bolsillos de los investigadores, al indagar en sus fuentes de financiación. Cada experimento parece tener su etiquetita de precio: las mediciones de los niveles de dióxido de carbono de Keeling fueron financiadas por la Marina de Estados Unidos en plena Guerra Fría. Cuando el tema se vuelva fuertemente político en los noventa, Weart cuenta cómo el dinero de la industria petrolera estaba detrás de campañas que ponían en duda el calentamiento.También Weart juega con los distintos soportes y escapa de los límites. El autor tiene un website, http://www.aip.org/history/climate , donde puede consultarse la bibliografía en que se basa el libro y trabajos posteriores.
El libro de Gore cierra con una sección de recomendaciones -fundamentalmente orientada a los países desarrollados- sobre cómo pueden los consumidores reducir su uso de energía. Weart advierte que acomodarse a los cambios "será muy difícil para los grupos y naciones pobres". La pregunta es ahora qué hacer. © LA NACION



