
Emilio Bonell
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El fallecimiento de monseñor Emilio Bonell, acaecido en Buenos Aires, a los 78 años, entristeció a muchísimas personas que conocieron de cerca su espíritu sacerdotal, su amistad sincera, su consejo comprensivo y animante.
Ordenado sacerdote en Madrid en 1953, arribó al país el 6 de enero de 1962, día de la fiesta de Reyes, y desde entonces hasta julio de 1991, durante casi tres décadas, impulsó la acción apostólica del Opus Dei como vicario regional de esa prelatura de la Iglesia Católica en la Argentina.
Amó profundamente al país, que conocía en su geografía y en su gente. Se sentía profundamente argentino.
Animó aquí la expansión de la labor apostólica estable del Opus Dei -iniciada en Rosario en 1950 y desplegada luego en Buenos Aires y sus alrededores- en nuevas ciudades y ambientes. Así, se fueron abriendo nuevos centros en Córdoba, Mendoza, Tucumán, La Plata, Santa Fe, Santo Tomé y otras ciudades. Alentando a muchas personas, promovió el surgimiento de casas de retiros espirituales, como La Chacra, en Bella Vista; de escuelas de formación agraria en distintos pueblos; de una universidad, como Austral, y de muchas iniciativas de bien público, educativas y solidarias. En 1992, la Santa Sede le concedió el título de prelado de honor de su santidad.
Había nacido en Valencia, España, el 3 de julio de 1929. Estudió allí en el colegio de los Escolapios y en la Universidad de Valencia, donde se graduó de médico. Siendo estudiante, se incorporó al Opus Dei. Difundió la búsqueda de Dios en la santificación del trabajo y de las ocupaciones diarias.
En junio de 1974, acompañó en todo momento a san Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, durante su visita a nuestro país. En esos días, un año antes de fallecer en Roma, Escrivá acudió a rezar al santuario de Luján y tuvo reuniones con miles de personas en el Centro Cultural General San Martín, en el Teatro Coliseo y en otros lugares.
Hasta sus últimos días, monseñor Bonell siguió confesando, predicando retiros, atendiendo a quienes buscaban su guía espiritual. El sepelio se realizó en la Recoleta, tras una misa de cuerpo presente concelebrada por 25 sacerdotes en la basílica del Pilar, desbordada por los asistentes.
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