
Escribir para no morir
ENTRE FILOSOFIA Y LITERATURA Por Michel Foucault (Paidós)-393 páginas- ($ 32)
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DESCIFRAR cuál es el punto más intenso de las vidas. Detectar cuándo una vida franquea la línea para pensar de otra manera. Determinar qué experiencias vitales (escritura, locura, suicidio, muerte) proponen nuevas problemáticas a la filosofía. Y por último, explorar la experiencia del afuera, ese lugar donde reinan lo impensado y las combinaciones aleatorias de la vida, ese afuera donde ya nada se parece a lo que sabemos del hombre. Estos son algunos de los temas que plantean los veintidós trabajos de Michel Foucault, publicados entre 1954 y 1970 en revistas y prefacios de libros, y reunidos en este volumen, Entre filosofía y literatura . De la misma editorial se esperan otros dos tomos que completan una serie temática de escritos dispersos: Estrategias de poder y Estética, ética y hermenéutica .
Paralelos a sus grandes libros, estos escritos breves del primer volumen -precedidos por una extensa cronología- expresan una vez más que, para Foucault, pensar significa buscar fuera de los temas clásicos de la filosofía. "Prefiero apoyarme en los análisis de las obras literarias antes que en el de las obras filosóficas", escribe. A pesar de las diferencias que hay entre los escritos, el volumen traza un recorrido y reitera una misma pregunta: ¿en qué otra cosa se puede convertir una vida? Para responder, el pensador francés utiliza una erudición sorprendente que conjuga autores y obras de la literatura moderna, y centra su atención especialmente en el ser del lenguaje.
Según Foucault, a partir del siglo XX, escribir se convierte en un combate de la vida contra la muerte. Escribir para no morir. El ser del lenguaje es el campo de batalla donde la vida se lanza contra la muerte. A veces la vida triunfa, pero se puede convertir en locura, suicidio, muerte. Lejos de ser un pasatiempo, la escritura se vuelve la más vertiginosa y profunda actividad de la vida. Tal vez porque en el ser del lenguaje, en los siglos XIX y XX, vuelven a inquietar las voces oscuras de la locura, de esa locura que a partir del siglo XVII se encerró y se trató de silenciar.
A Foucault siempre lo fascinaron esas vidas que, "plagadas de mutaciones imperceptibles", se convierten en otra cosa, piensan y viven de otra manera ( penser et vivre autrement ). Vidas de hombres infames cuyo punto más intenso, su vértigo en espiral, es la locura. Pero no hay que ser ingenuos, advierte: el loco no es el loco que la razón designa y encierra. Es, ante todo, una vida que ha franqueado la línea de una época, el saber de una cultura, y se ha puesto a hablar de lo que nadie puede escuchar. Para oír esas voces oscuras y balbuceantes, Foucault se lanza a descifrar esos " dossiers de indescifrable delirio" liberándolos de entrada de cualquier signo peyorativo. ¿Qué dicen de verdad? ¿Cómo ha sido posible silenciar y excluir esas voces, llamarlas voces de locos? Se trata, al fin de cuentas, de prestar oído "a un ruido sordo debajo de la historia, a un murmullo obstinado". Lo decisivo es dejar hablar esas voces, "textos que llegan por debajo del lenguaje y que no estaban hechos para acceder a la palabra".
¿Y dónde han ido a parar esas voces de la locura? La respuesta es categórica: al lenguaje, a ese otro asilo hecho no ya de paredes ni de cadenas ni de fármacos sino de palabras, de balbuceos, de gritos, de murmullos. Voces de locos que se convierten en vida de escritores, en lenguajes diseminados y casi anónimos. "Detrás de cada escritor se acurruca la sombra de un loco que lo sostiene, lo domina y lo oculta." Entre la locura y la literatura hay una afinidad perfecta e inquietante: "Hoy no se puede emprender esa curiosa experiencia que es la escritura sin enfrentarse con el riesgo de la locura". Foucault presiente que escribir es entrar en una peligrosa relación donde se pone en riesgo el vivir... pero, si no fuese así, ¿para qué escribir? Les ha sucedido a Hölderlin y a Nietzsche; le puede suceder a cualquiera. Escribir... pensar... es encontrarse con un nuevo Minotauro en el centro del lenguaje.
A través de estos textos, Foucault propone una ontología de la literatura moderna, de Sade a Roussel. Después de Sade, a quien Foucault considera el fundador de la literatura moderna, una legión de escritores derrama en el ser del lenguaje aquella experiencia de la locura: Hölderlin, Nietzsche, Artaud, Blanchot, Roussel, Bataille, Klossowski, etcétera. La lista a través de este compendio crece como una vegetación infinita e impredecible. Por momentos, la lectura arde en nombres, textos, episodios, personajes, tramas, escenas, ventanas, colores, pasillos, jaulas, subterráneos...
Tal vez el escrito más notable de este volumen es "El pensamiento del afuera", consagrado a la obra de Blanchot. Un pensamiento que será esencial para entender cómo es posible que una vida pueda franquear la línea y convertirse en otra cosa. Contra toda forma de interioridad y a pesar de la más lejana exterioridad, hay un afuera, a la vez lo más lejano y lo más próximo. Foucault admite que es "extremadamente difícil" decir algo que sea fiel a ese pensamiento. Es probable que la experiencia de la locura, la literatura moderna y el pensamiento del afuera no sean sino experiencias para franquear la línea, es decir, vivir, hablar, pensar y morir de otra manera. Foucault no deja de repetirlo: hay vidas que franquean la línea, pero esa línea no se puede definir a priori. Nadie la conoce, salvo el que la cruza... y a veces ni siquiera termina de conocerla. Una vez del otro lado, no se sabe en qué puede convertirse la vida. Es por eso que "pensar no consuela ni hace feliz" sino que inquieta profundamente.
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