
Falleció el editor Emilio Perrot
Fue un gran difusor de obras jurídicas
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A los 87 años, falleció en Punta del Este el editor Emilio Perrot, un hombre de reconocido prestigio en el ámbito editorial, de honda vocación cívica y esmerada cultura.
Hasta 1999 dirigió la editorial Abeledo Perrot, que editó más de mil obras jurídicas señeras, surgida en 1956 de la unión de las librerías que habían fundado Valerio Abeledo en 1901 y Emilio Miguel Perrot, su padre, en 1902. En los últimos años dirigió la Librería Histórica, que abrió un ancho campo a libros de historia.
En agosto último, al ser relanzada la tradicional Abeledo Perrot por inversores colombianos, Emilio Perrot fue convocado como consultor editorial. Recordó, entonces, que desde los años 40 ayudaba a su padre y trataba en su librería a jóvenes abogados que hoy son académicos. Aportó su rica experiencia a la Fundación El Libro y era una figura infaltable en la tradicional Feria del Libro. Fue consejero honorario de la Cámara del Libro. Integró la Asociación de Libreros Anticuarios y editaba con fruición de enamorado catálogos de libros antiguos muy apreciados aquí y en el extranjero. Fue uno de los fundadores de la Cámara Argentina de Publicaciones.
Pertenecía al grupo Progreso, de la UCR, que se reunía en el restaurante Lalín. De joven participó en la juventud socialista, y luego se convirtió en un radical de gran pasión. En sus años jóvenes, militó contra el gobierno de Perón en la Universidad. En la UBA se recibió de contador y de doctor en Ciencias Económicas. Pero siempre estuvo vinculado a abogados por la librería que atendía en la Facultad de Derecho.
Amigo de Alfonsín, de De la Rúa y de otras figuras del radicalismo, presidió brevemente la Lotería Nacional en el gobierno de De la Rúa y la imprenta del gobierno de la ciudad cuando De la Rúa encabezó el gobierno local. Fue también director de la Corporación Antiguo Puerto Madero. Pero, independientemente de su fervor republicano, el cargo público no era lo suyo; su mundo eran los libros, los amigos, la familia.
Era un hombre noble, recto, dado a la amistad. Tenía una memoria privilegiada; conocía toda la historia de las librerías de Buenos Aires; recordaba hechos políticos y personajes con precisión. Era amplio y generoso; animaba a autores jóvenes y a gente con trayectoria a escribir lo que sabían y buscaba publicarlo.
Casado con Haydée Gnocchi, tenía una hija, Celina, abogada, y dos nietos: Ernesto y Malena.
Sus restos fueron cremados en Montevideo y serán sepultados en Punta del Este.
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