
En 1924, cuando Xul Solar y Emilio Pettoruti volvieron de Europa, coincidieron varios hitos para la historia del arte argentino; un libro y una muestra recuperan esos acontecimientos
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“¿Usted es Pettoruti?”, le preguntó en español el hombre alto que se presentó como Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari. Se había parado delante suyo en aquel café de Florencia, en 1916, “como quien llega de pronto a su meta”. “Le indagué, extrañado, cómo había acertado a saber que yo era yo, entre tanta gente –recordaría medio siglo más tarde su colega argentino en la autobiografía Un pintor ante el espejo-, y me respondió de lo más tranquilo que habiéndolo guiado sus pasos, yo no podía ser otro”.
Por Celina Chatruc

