
Hay tres bibliotecas por cada bibliotecario
Apenas hay 1600 profesionales formados para atender 4575 salas de lectura; las instituciones no están integradas en redes
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Cifras para el análisis: en la Argentina hay poco más de 1600 bibliotecarios graduados y 4575 bibliotecas, según un relevamiento realizado por la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (Abgra).
La sorprendente proporción -un profesional del área por cada tres bibliotecas- refleja una escasa presencia de personal altamente calificado en estas instituciones, destinadas a promover los hábitos de lectura y a satisfacer las demandas culturales de los ciudadanos.
Los índices, brindados a LA NACION por la presidenta de Abgra, Ana María Peruchena, podrían ser más alarmantes, dado que no incluyen las instituciones registradas en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), que suman cerca de 2000 en todo el país, ni las que funcionan en las escuelas. El registro comprende las bibliotecas especializadas, las universitarias, las privadas y las que funcionan en asociaciones civiles e instituciones.
Los datos sirven para trazar un mapa sobre la calidad de los servicios en estas instituciones. Peruchena señala, así, dos asignaturas pendientes en el país: la falta de profesionalización de quienes están al frente de las bibliotecas no especializadas y la ausencia de una biblioteca pública capaz de asumir el papel que los tiempos le exigen: ser un centro de información al servicio del ciudadano.
"A un jubilado y a una ama de casa no les sirve la biblioteca especializada. Chile es un país líder en este sentido. Tiene un gran desarrollo. De un extremo a otro del país todo está digitalizado. Esta estrategia también tiene impacto en las escuelas", comentó la presidenta de Abgra, anfitriona del 70° Congreso de Bibliotecas e Información, que reúne a 3000 profesionales del área llegados de 170 países.
Los desafíos
"La biblioteca pública como centro de información de la comunidad -señalado por los bibliotecarios graduados como uno de los desafíos en el nivel local- tiene que ser un espacio gratuito abierto las 24 horas a todo el mundo. Hoy es lo que la sociedad más necesita y éste es el papel que tiene que cumplir. En Miami, hasta los sin techo van a leer el diario a la biblioteca", comentó Peruchena.
En Brasil, indicó, las redes de bibliotecas están mucho mejor organizadas por especialidades. Hay una óptima organización de bibliotecas universitarias y escolares en redes. México, por su parte, tiene la mejor formación universitaria en bibliotecología del continente.
La integración en redes es otra deficiencia de las bibliotecas argentinas. Hay 28 escuelas que forman bibliotecarios, de las cuales sólo siete otorgan titulación universitaria; el resto son carreras terciarias. El promedio de alumnos por escuela es de 15.
Los bibliotecarios registrados en Abgra son los que tienen grado terciario o universitario y tres años de experiencia en su especialidad. "Esto no incluye, por ejemplo, a maestros o particulares que realizan un curso de un año en bibliotecología, pero que no tienen una titulación", comentó.
Según da cuenta Abgra, que coorganiza con la Federación Internacional de Bibliotecas (IFLA) y la Fundación El Libro el congreso mundial de Buenos Aires, hay todavía un problema más: la falta de reconocimiento de las bibliotecas por parte del Estado como instrumentos para la educación y el desarrollo. "El presupuesto es el área donde primero se advierte esto. Tras la devaluación, las bibliotecas especializadas en ciencia y técnica, por ejemplo, perdieron mucho, al no poder adquirir revistas importadas. Eso influye en la actualización de la documentación disponible", señalaron en Abgra.
En nuestro país, el papel asignado a las instituciones asociadas a la Conabip se vio desbordado en los últimos diez años por la crisis socioeconómica. Entre fines de 2001 y 2002, las bibliotecas populares provinciales salieron a auxiliar a las escolares con la compra de libros para estudiantes, y en muchos casos se convirtieron en comedores comunitarios.
En los Estados Unidos y Europa el lugar de las bibliotecas públicas y especializadas es relevante en la educación. En las universidades, cuenta Peruchena, junto con el formulario de inscripción se distribuye otro en el que el alumno vuelca su opinión sobre si la biblioteca de la institución colma sus expectativas.
Llegados de países tan distantes como Argelia, Alemania, Burkina Faso, Islandia, Kuwait, Mauritania, Francia, España, El Líbano, Serbia y Montenegro, Ucrania, Eslovenia y Vietnam, los bibliotecarios participantes muestran interés, sobre todo, en la incorporación de recursos y tecnología para una prestación de servicios de mayor calidad para los usuarios.
La especialista argentina Viviana Quiñones, residente en Francia, que trabaja desde hace 20 años en La Joie Par les Livres (Centro Nacional de Libros para Chicos), dijo anoche a LA NACION que la brecha que se advierte entre las necesidades de los bibliotecarios de las naciones desarrolladas y las pobres "es directamente proporcional a la que existe entre los países ricos y los pobres".
Hay un dato que no puede soslayarse: cuando IFLA eligió a Buenos Aires como sede del 70° Congreso de Bibliotecas e Información, la economía argentina no estaba devaluada. El costo de participación en el cónclave es de US$ 350. De allí que, según recogió LA NACION, la participación de bibliotecarios del interior es escasa.
Tanto Abgra como la Biblioteca Nacional y la Cámara Argentina del Libro -con un stand en la muestra especializada que acompaña el congreso- han otorgado becas.
El tema educativo concentra en estos días la atención de los asistentes, a partir de programas de alfabetización informativa con los que éstos refuerzan su rol. Mañana habrá ponencias sobre bibliotecas escolares e infantiles, una de las secciones a las que IFLA les presta especial atención.
Los otros dos ejes son la preservación de los registros y documentos y el acceso a la información.




