
Imaginario mundo virreinal
MEMORIAS IMPURAS. LOS PADRES Por Liliana Bodoc-(Planeta)-334 páginas-($34)
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En comparación con la notable tradición de la literatura fantástica en nuestro país, cuyos inicios se remontan al último tercio del siglo XIX, pocos son los autores argentinos que han cultivado el género puramente maravilloso en narrativa. Los mundos cabalmente inventados desde sus objetos más mínimos hasta sus aspectos geopolíticos, al estilo de las novelas de J. R. R. Tolkien, no suelen habitar la literatura argentina, a excepción de contados casos. Liliana Bodoc es, en este sentido, una de las autoras pioneras en su apuesta por el género. Con su anterior trilogía, compuesta por Los días del venado (2000), Los días de la sombra (2002) y Los días del fuego (2004), Bodoc presentó un mundo regido por la épica maravillosa: un gran continente habitado por diversos pueblos y signado por la guerra, la invasión y la magia, donde ciertos ecos de las culturas precolombinas se entrelazan con el despliegue de nombres, cosas y lugares imaginarios.
En su nueva novela, Memorias impuras. Los padres , es posible rastrear tanto continuidades con su obra anterior como nuevas apuestas. El subtítulo y el final de la novela sugieren el inicio de una saga, dividida según las generaciones de padres e hijos. El mundo imaginario de esta ficción, un Virreinato habitado por las razas de "crudos", "mitimaes", "cambujos" y "cué cués" (respectivamente, los invasores venidos de la Metrópoli, los nativos del lugar, los nuevos mestizos y los esclavos traídos de otro continente) también parece construido según una deliberada estrategia alusiva, no ya respecto de la época precolombina, sino del mundo colonial tanto hispano como portugués. La ciudad virreinal de Albora y sus alrededores es el espacio donde se desarrolla una historia ya lejos de la épica pero centrada en lo "conspirativo", en la preparación de una guerra que ahora no será entre pueblos, sino entre fracciones políticas: los rebeldes libertarios y el poder metropolitano.
Acaso demasiado subsidiaria de cierta versión sentimental de las revoluciones en América, donde "la lucha por la libertad" se convierte en real motor del curso de la Historia, Memorias impuras es una novela que plantea los conflictos "políticos" de su trama en términos de una oposición entre valores abstractos: la solidaridad, la libertad y la fantasía, versus la crueldad, la mentira y el cinismo. No hay verdadera tensión política entre los cínicos poderosos y los impolutos rebeldes aunados en la Logia Bagual, sino más bien una idealista lucha maniquea entre el Bien y el Mal, conducida por una original prosa que se guía por la lógica de la metáfora, de la imagen estilizada y del potencial temático de la magia. Así, la esclava Bérnaba no alberga una niña en su vientre sino una "nube", el amanecer cuelga de "dos gruesos cordeles", las Madres del Son (símil Madres de Santo del candomblé bahiano) "sueñan en cadena", mientras que el principal elemento cohesivo de los rebeldes es la poesía.
Esta apuesta tiene un valor de doble filo; leída dentro de la literatura juvenil (donde se incluyó, inicialmente, la primera novela de Bodoc), el sistema simplista que estructura la sociedad y sus conflictos no se riñe necesariamente con la riqueza de personajes, el buen manejo de las historias simultáneas y el despliegue de prácticas culturales imaginarias. Sin embargo, desde la lectura adulta es difícil encontrar momentos en que los personajes y las acciones se zafen de la pátina solemne de la leyenda; o en que la correspondencia alegórica con lo histórico-colonial, disimulada apenas con pizcas de fantasía, permita leer algo más que la mera alusión en clave idílica.
Con todo, existen en la novela interesantes momentos que oponen cierto contrapeso a esta desmesura mágico-poética: las anotaciones en bastardilla que el joven narrador intercala en sus crónicas del virreinato, en las que -con notable contraste- vuelca las dudas, el desencanto y la incertidumbre que su improvisada labor de historiador le despierta. De allí, como reza su título, la "impureza" de estas memorias que deben recurrir, una y otra vez, al auxilio de la imaginación para poder reconstruir el pasado.
De amplio y a la vez ambiguo espectro de lectura, Memorias impuras. Los padres tiende los puentes hacia una probable continuación de la historia; en el cruce entre inocencia idealista e inagotable potencia imaginativa, la prosa de Bodoc seguirá avanzando por estos convulsionados territorios virreinales.



