La cueva de Altamira ya tiene réplica
Los trabajos están listos, pero creen que los taladros y las excavadoras pueden haber afectado el área
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SANTILLANADELMAR.- La tierra ferruginosa tiñe aquí los zapatos del visitante con el mismo ocre que se impregnó en los pies desnudos del hombre de hace 15.000 años y lo alentó a pintar -de ese color, de negro y de rojo- bisontes y caballos en la piedra de la cueva de Altamira.
Arte rupestre se llama esa reveladora expresión artística que pervivió hasta hoy como un inexplicable e irrepetible misterio. Pero no es el único que tiene por escenario la fantástica cueva declarada patrimonio de la humanidad.
En esta comarca, el gran misterio es qué pasa y qué pasará con la caverna natural que alberga el conjunto de setenta grabados sobre roca y un centenar de figuras de bisontes, caballos y ciervos dibujados en el neolítico sin otra ayuda que la mano, una iluminación precaria, mucho ingenio... y un conmovedor espíritu de legado, el más antiguo que se conoce en su tipo.
Taladros y excavadoras
El origen de la duda está a la vista. A pocos metros de la entrada de la caverna se ven estacionados los enormes taladros y excavadoras que removieron la misma tierra para cavar su réplica, la llamada "neocueva de Altamira".
¿Qué hará el público? ¿Se movilizará hasta la región cantábrica para ver una copia en plástico y roca falsa? Las autoridades están convencidas de que sí. Sus proyecciones hablan de una expectativa de 1000 visitantes por día, cifra que multiplican por tres en el verano.
Con no poca controversia, el gobierno español inició hace tres años la construcción de una copia exacta en tamaño y forma de la cueva de Altamira ante el riesgo de deterioro que corría la original, afectada por la humedad y el calor de la respiración producida por miles de visitantes.
Alerta rojo
La discusión no se centró en la idea de la réplica, sino en su ubicación, a escasos metros de las pinturas prehistóricas, donde palas y máquinas provocaron vibraciones que pusieron a la zona en alerta rojo.
"El daño a un lugar que debería estar protegido ha sido incalculable.
Estos trabajos se acometieron con imprudencia. Nadie sabrá jamás si se presentan daños en la cueva original o si algún vestigio arqueológico ha desaparecido", advirtió Darío Valcárcel, uno de los expertos que siguieron la evolución de las obras.
El vicepresidente del gobierno, Mariano Rajoy, desestimó las críticas y aseguró que el futuro complejo de Altamira ha sido elaborado como "una estructura de primer orden". Con la misma certeza expresó que se respetarían los plazos para la inauguración.
En teoría, los trabajos están listos. Pero aquí es donde el misterio se prolonga por sucesivas e inexplicadas postergaciones, a saber: en enero último, el propio Rajoy -por entonces ministro de Cultura- aseguró que la réplica se habilitaría en la primera quincena de junio.
Junio llegó. Y con él, el anuncio de la nueva ministra de Cultura, Pilar del Castillo, quien dijo que la habilitación sería en agosto. En agosto se dijo que en octubre. Octubre ha pasado y en noviembre se admitió que aún no había fecha cierta. En esta localidad cantábrica, donde se escucharon todos los anuncios, la inquietud empieza a crecer.
Mientras, Altamira -la verdadera- continúa apenas abierta. La exigencia científica de cerrar las cuevas se planteó con toda crudeza en 1981 y llevó a que actualmente sólo se permita el acceso declarado de 35 visitantes por día. La lista de espera para poder entrar es de tres años y medio, con turnos reservados hasta julio de 2003.
Más allá de las inquietantes dilaciones, seguro que para entonces ya funcionará a pleno el nuevo complejo de Altamira, que, con un total de 3000 metros cuadrados, emerge pegado al original. De ese total, sólo 270 metros corresponden exactamente a la cueva. El resto forma parte de un museo que aspira a funcionar como el referente europeo del neolítico.
Construida con polvo de roca caliza en un 80% y el 20% restante en material sintético y fibra de vidrio, la "neocueva" respeta, en tamaño natural y con un extraño realismo, las peculiaridades de la original: grietas, pinturas y sus más recónditas cavidades, incluida una enorme rajadura que la atraviesa de lado a lado.
La mano como pincel
En su plagio, el equipo de 20 imitadores utilizó la misma materia prima que el hombre prehistórico. Pintaron con tierra y agua, utilizando la mano como pincel. El efecto es extraordinario... si no fuera porque se sabe que es falso y que fue construido, en su mayoría, en un galpón de las afueras de Madrid. Lo que, por cierto, lo despoja de bastante encanto.
¿Qué pasará con el público? ¿Se impresionará tanto como en la caverna auténtica? ¿Es lo mismo estar frente a un Leonardo que ante una réplica, por precisa que sea?
"Reconocemos que la emoción es patrimonio de quien se para frente a las pinturas originales y las contempla", admitió el director del actual Museo de Altamira, José Antonio Lasheras. Pero también afirmó que el esfuerzo hecho con 16 millones de dólares era el único camino para devolver las cuevas al gran público. Los fondos no son sólo nacionales. El cincuenta por ciento proviene de la Unión Europea y, en el resto, hay aporte de fundaciones privadas.
A pocos metros de allí, sobreviviente de varios derrumbes, la cueva original espera conocer su suerte. Después de una vida de 15.000 años, la posibilidad de un nuevo destino no es algo que se dé con frecuencia.
El futuro de la caverna verdadera
SANTILLANADELMAR.- No está claro qué pasará con la verdadera cueva de Altamira una vez que se habilite su réplica.
Algunos sostienen que se la debe cerrar por completo al público en general y reservar la contemplación de las pinturas originales solamente a los especialistas.
Ese fue el juicio, por ejemplo, del director del Instituto de Paleontología Humana de París, Henri de Lumey, luego de realizar una visita a la caverna original.
Ese punto de vista, basado en el interés de preservar las pinturas, fue refutado por el español Juan Luis Arsuaga. El especialista es director de las excavaciones en el yacimiento prehistórico de Atapuerca, que la Unesco acaba de declarar patrimonio de la humanidad.
"Cerrar por completo Altamira sería terrible. Algo tan ilógico como tener un gran cuadro en una caja fuerte. Aunque sólo pueda entrar una persona por día, debe permanecer abierta. No se puede ser tan fríos", dijo Arsuaga.
La misma impresión parece ser la dominante en la gente de Santillana del Mar, orgullosa de poseer en su tierra semejante legado histórico. Aunque también hay conciencia de cierto riesgo por el futuro de la caverna.
Descubierta en 1879 y afectada por varios movimientos de tierra y desmoronamientos, aún hoy la caverna no está habilitada por completo. Por ejemplo, una sala decorada con signos abstractos bastante menos conocidos que los famosos bisontes permanece inaccesible al público.
Realismo en piedra falsa
Claro que ésta podrá ser apreciada por todos los interesados en la flamante réplica. Por lo que se sabe, la neocueva repetirá no solamente el espacio de la caverna, sino también las condiciones ambientales originales: sonido, temperatura (a 28 grados centígrados), imágenes... "Todo el realismo que se pueda sobre piedra falsa y material sintético", se admitió, con cierta ironía.
En rigor, el nuevo complejo fue pensado con mucho de juego turístico. La expectativa de las autoridades de la región cantábrica es que la neocueva atraiga a visitantes de todo el mundo y no sólo a entusiastas historiadores y arqueólogos.
Si bien todavía no se determinó el flujo ideal de visitantes por día que podría admitir el nuevo complejo, las autoridades hablan de no menos de 1000 personas por día, cifra que podría triplicarse en el verano.
Muchos en Cantabria se frotan las manos pensando en el impacto que eso podía tener en la actividad turística en su conjunto, si es que los números terminan resultando como se los proyecta.
Pero los especialistas no quieren ni oír hablar de algo que suene a montaje turístico e insisten en centrarse en las posibilidades culturales de la "nueva Altamira", como el actual director del museo, José Antonio Lasheras, que insiste en que el complejo por inaugurarse "responde a lo que debe ser un museo del siglo XXI. Dicho de otra manera: un museo de procesos más que de objetos".




