
La competición literaria de la VIII Olimpiada reunió en 1924 a premios Nobel en el jurado y a participantes como Robert Graves o Henry de Montherlant para glosar el heroísmo deportivo
Paco Cerdá
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VALENCIA.- Todo héroe necesita a un poeta. Siempre fue así: en la Antigüedad clásica y también hace un siglo, en los Juegos Olímpicos de París de 1924, la VIII Olimpiada moderna. Es ahí donde el barón Pierre de Coubertin, alma y cerebro de la recuperación olímpica, decide acercar a los escritores hacia la nueva religión llamada deporte. Por eso crea una disciplina olímpica cuyas medallas valen tanto como las del atletismo, la lucha, el ciclismo o la natación. Es la literatura.
Por Paco Cerdá
