
En época de vacaciones, padres, madres y otros adultos a cargo de niños se desesperan por generar actividades para los días de ocio mientras continúan con sus tareas. En “Un ratito más”, publicado por Grijalbo, dos especialistas en crianza aportan consejos e ideas
La infancia es tiempo de jugar, de escuchar historias, de armar los propios relatos y juegos. En ese tiempo de moratoria psicosocial —así lo llamaba el psicólogo Erik Erikson— en donde los chicos viven en una “burbuja”, seguros, cuidados y sin necesidad de ocuparse de su supervivencia, juegan, aprenden y los incentivos les llegan, por lo general, a medida que están listos para procesarlos. Pero hoy no es fácil sostener esa burbuja: las pantallas, con sus estímulos intensos y adictivos, los alejan tanto del juego como de los cuentos y la lectura, entraron en los hogares y se les imponen antes de tiempo. Además, hoy los niños crecen muy rápido, se han perdido los rituales que protegían la infancia y se han achicado las edades en las que teníamos permiso para ver tele a la noche, usar tacos, pantalón largo, maquillarnos. Actualmente dejan la infancia demasiado pronto y, a menudo, estimulados por los mismos padres.

