La triste mirada de los tiburones
Por María Esther Vásquez
1 minuto de lectura'
Puntual como no suelen serlo los argentinos (avisa que llegará cinco minutos tarde a nuestra cita y cumple sin pasarse un segundo), Rubén Tiziani (siete novelas publicadas) ha pasado su vida dentro del periodismo y considera que esta profesión perjudica al escritor.
-Lo obliga -aclara- a una esquizofrenia permanente porque utiliza la misma herramienta para dos expresiones muy distintas; hay una forma de acercarse a la literatura, aunque sea light , y otra a la información. Por otra parte, cada día nos condicionamos más ya que las empresas donde uno trabaja tienen compromisos de todo tipo: políticos, económicos, ideológicos. El que dice que escribe con absoluta libertad tiene mucha suerte o exagera. En cambio, en el ámbito de la literatura, uno hace lo que se le antoja; no hay censura ni miedos.
-No, pero hay editores. Sin embargo, ¿no creés que el periodismo te da cierta sobriedad, cierta economía?
-Sí, es cierto: en ese aspecto no soy tan estúpido como para pretender que no he aprovechado el aprendizaje de la crónica diaria, del oficio para lograr una mayor concisión. Como además, soy un escritor que tiende al barroco...
-¿ El periodismo te ha ayudado a desenjoyar la prosa?
-Sí. Yo tengo el hábito de leer en voz alta lo que escribo (no las crónicas del diario) para saber cómo suena, por aquello que decía tu amigo Borges: "un escritor que no tenga buen oído no puede ser un buen escritor". Y, soy sincero, siempre he tratado de que los dos "oficios" se beneficien el uno con el otro.
-Sin embargo, cuando uno lee un diario sabe en seguida si el que escribe es un escritor o un escribidor. ¿Por qué tu última novela, recién aparecida, lleva un título tan extraño: Un tiburón de ojos tristes?
-La novela en sí es extraña. Le robé ese título a un poeta, a Enrique Molina que habla de un "camarón de ojos tristes y duros", es un poco un homenaje a él, de quien fui muy amigo. La verdad es que acerca de mí hay un equívoco; porque escribí un par de novelas policiales, se cree que todas las mías lo son y no es cierto. Esta última es de aventuras, pasan muchas cosas, hay batallas, hay una pareja que se reencuentra tras años de alejamiento. Se trata de un libro azaroso, pero es el que escribí con más libertad, me he permitido una soltura que nunca tuve y yo que soy un escritor muy argentino, con personajes argentinos cuyas historias ocurren en el ámbito del Río de la Plata o en Vera, mi pueblo de Santa Fe, trato aquí vicisitudes y seres (hay un solo argentino) que se mueven en el límite estrecho de una isla. Son individuos marginales perdidos en esa isla. Planteo una historia de acción y de suspenso, empiezan a aparecer unos crímenes en serie...
-¿Qué te gusta más de tu novela?
-La prosa que tiene, el mundo que conseguí crear y la historia que pude contar. Me gusta el primer capítulo donde aparece una gitana, una adivina que tira el tarot y anticipa el destino. Tuve que estudiar ocultismo y tarot . No sabía nada de eso. Pero ese capítulo abre, como te diré, una ventana a una burbuja, y quien acepte esta convención y entre en esa burbuja, ya no puede salir.
-¿Matás a los buenos o a los malos o indiscriminadamente?
-No te lo voy a decir, pero siempre el malo paga de alguna manera.
-Muy bien, ¿y el tiburón de ojos tristes dónde está?
-Es alguien que siempre anda por ahí pero se lo ve realmente cuando se resuelve el misterio; aparece para desatar nudos y hacer justicia. También aprendí acerca de la vida, conducta y hábitos de los tiburones con sus cinco filas de dientes. Quien vio de cerca a mi tiburón sabe que tiene una mirada triste.
-¿En tu novela hay un sentido de justicia?
-Sí, y además otras cosas. La sociedad moderna ha olvidado la solidaridad, el honor, la verdad, el sacrificio, la piedad... Me propuse anticipar ciertos posibles destinos del hombre. Porque si esto sigue así, si el hombre no cuida su planeta y no intenta evitar que haya marginalidad (hablo de millones de seres excluidos de todo, condenados a la esclavitud, al hambre y al oprobio), si no hacemos algo, vamos a terminar como los dinosaurios.




