
Las expresiones de fe también son una pasión de multitudes
Con el carnaval comienza una nutrida agenda de fiestas religiosas en todo el país
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Por estos días el diablo anda suelto por las calles de las provincias norteñas. A partir de mañana, cuando sea desenterrado según los rituales tradicionales, tendrá nueve días para bailar, cantar y festejar antes de volver bajo tierra.
El carnaval auténtico, el que celebran los pueblos del norte del país, marca el comienzo de festividades religiosas populares que convocan a miles de argentinos y que, además de las características organizativas, tienen en común la experiencia de una fe profunda que motiva grandes sacrificios y genera expresiones festivas y llenas de alegría.
El mapa de la fe popular es casi una réplica de la división política del país. Casi todas las provincias tienen la suya. Entre las más convocantes están las celebraciones de la Virgen de Itatí, en Corrientes; del Cristo de la quebrada en San Luis; de Nuestra Señora del Milagro y la del Señor del Milagro en Salta; de Luján y San Cayetano, en Buenos Aires; el Nguillatún en la Patagonia, y el ritual a la Pachamama -madre tierra- en el Norte.
Las expresiones de esa particular espiritualidad integran elementos materiales sensibles, como el cuerpo u objetos varios dados, como ofrendas, con lo simbólico y las necesidades personales de los devotos.
En todas el peregrino ya no es un fiel común y corriente, es un "promesero", alguien capaz de hacer grandes sacrificios en pos de un agradecimiento, un pedido o una expresión de fe concebida como un regalo.
Hay vendedores ambulantes que viven de esas celebraciones. Llevan sus mesitas de madera -nada de stands de lujo, obviamente- y exponen el santo, la imagen de la Virgen o figura de la que se trate y todo su merchandising.
Un cronograma imaginario de esas festividades podría comenzar con el carnaval norteño, que se celebra puntualmente en las regiones de la puna y la quebrada de Humahuaca. El carnaval está representado por la figura de un diablo que se desentierra de un pozo en medio de bailes rítmicos y se entierra después de nueve días de festejos callejeros.
Le siguen las ceremonias del nguillatún, ceremonia religiosa mapuche que ruega al dios Ngueneché -benefactor del pueblo- por las buenas pasturas, la prosperidad y la salud. Se realiza durante tres días a fines del verano, en Chubut, Neuquén y Río Negro. Es una "reunión" convocada por el lonco -o jefe de la tribu- en la que una machi -curandera- reza en torno a un rehue -altar-. La comunidad acompaña en silencio o haciendo sonar los trutrucas (aerófonos construidos con una caña embutida en tripa y pabellón de cuerno) y kultrunes (membranófono similar a un tambor usado en ciertos cantos rituales).
Antes de la llegada del frío, en la noche del 30 de abril los vecinos de San Luis caminan las ocho leguas (45 kilómetros) que separan esa ciudad de la Villa de la Quebrada, donde el 1° de mayo festejan al Cristo de la Quebrada.
Imágenes milagrosas
En julio la gran cita es en Corrientes. Se calcula que superan los dos millones los fieles que concurren, a caballo, a pie o en autos cada 16 de julio para honrar a la Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de Itatí. Una imagen mariana del siglo XVI, tallada en madera timbó con el rostro en nogal hecha por los indios itatines, ocupa el centro de la ceremonia que se realiza en el santuario construido sobre el río Paraná, a unos 70 km de la ciudad de Corrientes.
Desde fines de ese mes, en el barrio de Liniers, en Buenos Aires, los seguidores del santo patrono del pan y el trabajo, San Cayetano, acampan en las cercanías del santuario. El 7 la alegría desborda a los peregrinos al poder "saludar" al santito que, según afirman, nunca falla.
En agosto, la atención religiosa se centra sobre la pequeña localidad de Chimpay. Igual que en las otras festividades, antes del día del ahora beato Ceferino Namuncurá, el 26 de agosto, van llegando a caballo, a pie o en auto. Se instalan en carpas en parques o a campo abierto para esperar el momento de la misa.
En primavera, en el Norte, las fiestas se multiplican. Sólo en Salta hay casi una fiesta por fin de semana. Pero la gran concentración religiosa popular se da en esa provincia entre el 13 y el 15 de septiembre. Durante esos días se rinden homenajes, con los conocidos misachicos, a dos figuras consideradas milagrosas y que, por eso, son conocidas con ese nombre: Nuestra Señora del Milagro y el Señor del Milagro.
La historia cuenta que en 1692, en medio de temblores y terremotos que destruyeron edificios enteros en la ciudad de Salta, se encontró en la catedral la imagen de la Virgen fuera de la ermita donde siempre estaba. Estaba a los pies de la imagen del Cristo, a quien parecía implorarle.
En sus fiestas participan los coyas de la Quebrada y los vecinos tucumanos y jujeños, santiagueños y bolivianos tocando bombos y zampoñas.
La lista continúa, también a mediados de septiembre, con la celebración en Santiago del Estero del Señor de Mailín y, el 8 de diciembre, en Catamarca con las fiestas a la virgen morenita, Nuestra Señora del Valle. Allí todos entonan la canción-himno cuya letra expresa el fervor religioso y las raíces culturales del pueblo católico argentino: "Son todos en el valle devotos de tus ruegos, son todos peregrinos señora del lugar".
"El alma de los pueblos"
- La religiosidad popular expresa "el alma de los pueblos latinos y refleja la sed de Dios, que sólo los pobres y sencillos pueden conocer". Así lo afirma el documento de Aparecida que forma parte de la doctrina católica. Allí, "la súplica popular es concebida como la expresión de un corazón que renunció a la autosuficiencia reconociendo que solo nada puede hacer. Contiene y expresa un intenso sentido de trascendencia, capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una verdadera experiencia teologal". Esas páginas del documento del Celam son, según el cardenal Jorge Bergoglio, las afirmaciones más "bellas" que se han escrito en los últimos años sobre piedad popular.



