
"Los desastres de la guerra", de Goya, se preparan para viajar a Mar del Plata
Saldrán de los depósitos del Museo de Bellas Artes para ser exhibidos a partir del viernes próximo
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Las 80 estampas de la célebre serie de Francisco Goya "Los desastres de la guerra", grabados del pintor español de entre 1810 y 1814, pertenecientes al acervo del Museo Nacional de Bellas Artes, desembarcarán en Mar del Plata el 9 de enero como parte de la muestra itinerante "Goya, la condición humana", que recorrerá el país durante 2004.
La costa atlántica es el primer destino para esta serie, que podrá visitarse en forma gratuita hasta el 8 de febrero en el teatro Auditorio, situado en la tradicional rambla marplatense.
Registro intenso y dramático de la desolación que embarga al viejo pintor frente a los padecimientos de los que es testigo durante la guerra de independencia española -ante el avance napoleónico al inicio del siglo XIX-, la muestra inaugura el ciclo "Arte para todo el país", iniciativa de la Secretaría de Cultura de la Nación, que estrena su tan mentada política de descentralización cultural y de libre circulación del acervo pictórico a lo largo y a lo ancho del territorio nacional.
Primero fueron libro
La colección de grabados al aguafuerte y aguatinta, pequeñas estampas de aproximadamente 20 x 30 cm -que se recomienda observar a través de una lupa-, fue desmembrada del libro que publicó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid, en 1892, al reproducir en edición limitada la obra de Goya. El libro fue donado al MNBA por el coleccionista Antonio Santamarina, en 1930.
"Los desastres..." son el testimonio directo de uno de los grandes maestros de la pintura universal y precursor del arte moderno, azorado ante la crueldad de la que es capaz el hombre. Las imágenes recién comenzaron a estamparse a partir de sus planchas de cobre en 1863, 35 años después de la muerte del genio autodidacto, pintor de la Corona y autor de "La maja desnuda" y las series "Las pinturas negras" y "Los caprichos".
Alejado de una lógica maniquea que distingue entre buenos y malos, Goya reflexiona sobre las irreparables heridas de la guerra misma durante el despótico gobierno absoluto de Fernando VII y la desenfrenada ocupación napoleónica.
No se trata de la atrocidad de la lucha cuerpo a cuerpo entre franceses y la resistencia española, sino de la sepultura de toda esperanza en la condición humana; la barbarie que estrangula todo atisbo de razón y, con ella, desencadena una ristra infinita de males destinados al hombre: el hambre, los saqueos, la violencia indiscriminada, con el sinnúmero de nefastas consecuencias.
Absolutamente nada aleccionador o heroico rescata Goya en esta serie, crónica silenciosa que denuncia también la hipocresía de los relatos históricos de la época en la que la noción de "patria" parecía justificar la ferocidad de una lucha encarnizada.
Goya acompaña las imágenes de las experiencias objetivas de la guerra, junto a las represiones y castigos de todo género, moneda corriente en la época, con frases de gran impacto como "Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer". Con ese concepto, al lado de una figura arrodillada y suplicante, inaugura su cruenta serie: es el hombre solo ante una súplica estéril para que cese su dolor y el dolor de tantos otros hombres.
"Con razón o sin ella", "Lo mismo", "Y son fieras", "Qué valor", "Para eso habéis nacido", "Enterrar y callar", "No se puede mirar" , "Se aprovechan", "Lo mismo en otras partes" , "¿Por qué?", "Fuerte cosa es" y "No hay quien los socorra" son las reflexiones lapidarias que Goya escribe al pie de sus composiciones.
Son imágenes de un realismo feroz y lacerante: ejecutores sin rostro que ajustician "con razón o sin ella"; mujeres convertidas en fieras sanguinarias que, cargadas con niños, atraviesan con garrochas a los soldados franceses; o tumultos de cadáveres escupidos por soldados y acompañados por el lema "Para eso habéis nacido" son los registros negros y grises con los que Goya hizo su dramático alegato en contra de la sinrazón.
La número 79
Esta serie de estampas que LA NACION contempló junto con el director de Patrimonio y Museos y motor de esta iniciativa, Américo Castilla, en el ámbito de su trastienda, la sala de conservación del MNBA, alcanza quizá su punto más alto de significación política en la imagen número 79, titulada "Murió la verdad".
Allí, el cuerpo de una bella mujer que encarna a la esquiva libertad española (o a la efímera constitución sancionada en 1812 a instancias de la sublevación de Riego) es sepultado por unos clérigos, ante el llanto desconsolado de otra mujer. Es la Justicia, aferrada a una balanza que cae deshecha en el piso.
Son las 16 láminas finales, conocidas también como los "Caprichos enfáticos" las que introducen elementos de carácter alegórico, diversos del realismo de las restantes estampas. Allí, concluida la contienda, todo sigue igual . Emergen los vicios bizantinos, el egoísmo, la simulación, la ignorancia y la injusticia. Por ello Goya, desencantado por lo sombría que resulta el alma humana, guardó las láminas y nunca las publicó (a pesar de que realizó pruebas aisladas que circularon entre amigos).
Pero a partir de 1863, el Estado español tomó las planchas, hoy en custodia en el Museo del Prado, para difundir el legado de Goya. Uno de los más honestos actos de contrición del género humano, ante la vergüenza de su más íntima miseria.



