Nicanor Parra: antiparras de poeta
El escritor chileno, creador de los célebres antipoemas, habla de su vida y de su producción. A los 91 años, acaba de presentar Discursos de sobremesa, y sus Obras completas serán editadas por Galaxia Gutenberg
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Dice que no está dando entrevistas y que quién le dijo que yo le iba a dar una a usted. Después, con calma y parsimonia, relata un misterioso cuento de Oscar Cerruto que recién había terminado de leer. Entonces Rosita, su empleada, entra con dos tazas de té. Habrá que tomárselo lento. Cinco horas más tarde, Nicanor Parra seguía hablando mientras abría la puerta de un antiguo garaje para enseñar las últimas obras de arte de su nieta "Lina Paia". Al final había dado una entrevista, ni tan en serio ni tan en broma.
Se viene una avalancha Parra y el antipoeta prepara sus defensas. La Universidad Diego Portales acaba de publicar sus Discursos de sobremesa y la prestigiosa editorial española Galaxia Gutenberg se apronta a llevar a librerías sus anunciadísimas Obras completas . Además, se reeditará Canciones rusas y artefactos .
Habría que detenerse en la terminología parriana. Antipoemas son poesías escritas como quien habla, sin metáforas ni ninfas ni tritones; artefactos, frases encontradas y frases que yuxtapuestas hacen sentido (y que suelen ser divertidas). En 1972 Parra publicó un libro de poesía hecho de postales en las que intercala estas frases cortas con algunos dibujos. Los artefactos visuales son esas mismas frases junto a un objeto que multiplica las posibilidades de sentido, de crítica y de humor. El antipoeta es, según el manifiesto parriano, "un hombre del montón".
Actualmente, Parra trabaja en una exposición que inaugurará en agosto en el Centro Cultural Palacio La Moneda y un lujoso libro-antología que reunirá su obra visual. "Inventos de la Colombina", dice el antipoeta, echándole la culpa a su hija arquitecta, que desde un taller en Santiago trabaja a toda máquina llevando a la realidad los artefactos de su padre.
-¿Y por qué dice que son sólo inventos de la Colombina?
-Porque a ella se le ocurren esas cosas. Ya hicimos una en la Telefónica y ésta es más completa, pero es como la segunda edición de un libro.
-Pero hay cosas nuevas y ocupará todo el Centro Cultural.
- Sí, hay más inventos. El nombre sigue siendo un problema. La llamábamos Comerciales , pero cambió a Obras públicas , aunque ahora me parece un nombre un poco presuntuoso.
-Un nombre que usted había utilizado antes en la exposición con el poeta español Joan Brossa para identificar sus obras. Puede ser también un nombre irónico.
-Sí, rescatamos ese par de palabras y puede ser irónico por eso del MOP [Ministerio de Obras Públicas], pero ahora tengo la idea de llamarla Los cachivaches de la reyna , así, mal escrito. Es mejor, porque cachivaches es una palabra muy pelotuda que se contrapone a la reina que tiene sus joyas y tesoros.
-Un buen nombre era ese suyo de Calcetines huachos .
-Pero también es presuntuoso. Hay alguien que se está haciendo el inteligente y todo el mundo aplaude. La "espectacularización" ya no me gusta. También es bueno que sea de la reina, porque ahora hay una reina en Chile en vez de un rey. Y me gusta la palabra cachivache, porque viene de abajo. Es una palabra de las mamás y abuelas que tiene dos veces la letra "ch", por lo que pienso que puede venir de los mapuches. ¡Así que también tengo ahí los dos mundos! ¡Los mapuches y los españoles!
Parra se entusiasma. Recuerda la cantidad de veces que su madre lo mandó a buscar cosas "Por allá, junto a los cachivaches", y agrega: "Es una palabra pariente de los artefactos, pero que no pertenece al discurso cuico [cursi. N. de R.]. No hay que dejarse tragar por el discurso cuico". El antipoeta admite que a veces él se ha dejado engullir por el lenguaje correcto, pero que ahora más que nunca está apostando por las palabras que se caen del diccionario. "Me interesan mucho los discursos de la marginalidad y eso incluye el discurso de los niños. De hecho, estoy encantado con mi nieta la Lina Paia."
El espartano
Parra pasó su infancia en Lautaro, su adolescencia en Chillán y a los 17 años tomó el tren para venirse a Santiago. Se bajó del andén con cinco pesos y una maleta prestada. En el bolsillo de la camisa llevaba la tarjeta de un profesor primario al que había conocido en el sur y planeaba ir a tocarle la puerta. El le había dicho: "Cuando vayas a Santiago no te olvides de pasar a verme". Dicho y hecho. "Gonzalo Latorre se llamaba y le debo mucho. El me explicó que existía el Internado Barros Arana y me llevó allá, donde me dieron desde los libros, hasta la ropa y el colchón. Fue la salvación. Si no, no sé qué hubiera pasado."
En una de las paredes de su casa en Las Cruces cuelga una foto de curso. Son los 55 jóvenes del sexto de humanidades posando para una cámara de 1932. Sentado en primera fila con las piernas cruzadas se ve un joven que viste con corbata humita. "Sí, era inocente", dice Parra y muestra a sus amigos Jorge Millas y Jorge Cáceres, que con el tiempo serían un importante intelectual y un reconocido poeta surrealista, respectivamente.
-Aquí, en el Barros Arana, los que mandaban eran los deportistas. No estábamos en Atenas, sino en Esparta. En Chillán era distinto, ahí yo estaba en mi Atenas y era siempre Parra el que hacía las composiciones. Acá mandaban ellos con sus apotegmas. Literatura y filosofía: cero. Chistes: sí. De ahí vienen los artefactos; de tener que estar todo el día contestando las tallas, porque sólo el que podía contestar sobrevivía.
-Pensaba que lo chistoso venía de su padre.
-También. Aunque tenía un humor difícil. Era estilo Quevedo, del Quevedo pesado de sangre que tiene este chiste: dos doncellas se detienen ante un personaje y le preguntan la hora y él, Quevedo, les dice que tiene el puntero parado entre la una y las dos. Ese era el humor de Nicanor Parra Parra y yo lo rechazaba porque me parecía muy porno, aunque después me di cuenta de que es también una rama del espectro.
-¿El internado era más exigente que el liceo de Chillán?
-Muy rápido me di cuenta de que no tenía pito que tocar, a pesar de que yo había sido uno de los mejores alumnos. El primer bimestre me saqué rojos, pero después me repuse. La venganza total fue entrar en el bachillerato [en Chile, primer ciclo de estudios universitarios. N. de R]. Los mejores alumnos del internado habían sido rechazados y yo obtuve uno de los más altos puntajes de todo el país. Cierto. A partir de ese momento yo quedé de dueño del internado y ahí hicimos la Revista Nueva .
Parra entró a estudiar física y matemática a la Universidad de Chile, pero se quedó viviendo en el Barros Arana trabajando como inspector. Junto a Carlos Pedraza y Jorge Millas fundaron la Revista Nueva , en la que publicó "El gato en el camino", un cuento de corte surrealista que lo catapultó a la fama de escritor de lo absurdo. Le pregunto si en la antología de Galaxia Gutenberg publicarán ese mítico relato. "¡Qué bueno que toque ese tema!", dice, y se pierde escaleras arriba demostrando que su cuerpo no sufre de nada de lo que se supondría a los 91 años. Vuelve con el primer tomo de Harry Potter. "No creo que lo quiera leer ahora, pero es importante que lo lea". (Lo hago en el camino de vuelta y, efectivamente, reconozco que el inicio de la serie del niño mago tiene mucho del anticuento parriano y de gatos que son otra cosa.)
- En alguna parte leí que plantó un árbol en la cancha de tenis del internado.
- Ese es uno de los artefactos precolombinos, así los llamé después, porque son de esa época y también porque son anteriores a la Colombina Parra. El primero era construir un árbol con ascensor para subir a ver los pájaros; el segundo, un abismo con escalera para ver a los cocodrilos; el tercero, cisnes de cuello negro que hacen un camino a pie entre Santiago y Valparaíso, y el cuarto, expulsado del Barros Arana por plantar un árbol en una cancha de tenis.
- ¿Lo realizó o fue sólo un proyecto?
-Son sólo ideas y funcionan como tales. Con eso basta.
Antes de ser antipoeta, Nicanor Parra fue un poeta a secas. En 1937 publicó un libro -definido por él como un pe(s)cado de la juventud e inencontrable, reaparecerá en sus Obras completas - titulado Cancionero sin nombre . Casi veinte años más tarde publicaría otro que gustaría a muchos escritores y teóricos del mundo entero y, con el tiempo, lo llevaría a ser un sempiterno candidato al Nobel: Poemas y antipoemas .
Cosmos y porotos
-Ese libro lo escribió mientras estudiaba matemática en Londres, ¿no?
-Cosmología. Se suponía que yo iba a ser cosmólogo. Pero ahí pasó algo curioso. Estaba leyendo algo y vi esta frase: "Death be not proud". Me pareció el acabose. Nunca se había dicho algo así: "Muerte, no seas orgullosa". Ahí entendí qué es lo que busca la poesía y me puse a escribir los antipoemas. Veinte años más tarde me encontré de nuevo con esa frase, ¿sabe dónde?, en Hamlet , hacia el final. Ahora yo estaba en condiciones porque conocía más el inglés y me di cuenta de que era un malentendido. Quería decir: "Muerte, no seas soberbia" y eso ya se había dicho. Todo había salido de un malentendido.
-Y llega a publicarlo a Chile.
-Eran tres libros y los mandé a un concurso y los tres ganaron, entonces los publiqué como uno solo.
-Los mandó al concurso con otro nombre.
-Sí, les puse el nombre de Rodrigo Flores, que era el campeón de ajedrez de la época. Los comunistas nunca habrían dejado que yo ganara.
Está servido el almuerzo. Porotos con riendas -"uno de los pocos alimentos que ya no son transgénicos"- y vino tinto. De postre, una manzana orgánica cultivada en el patio de su propia casa. Le pregunto cuánto va a Santiago. "Cada vez menos. ¿Para qué?", dice, mirando por la ventana de su comedor desde donde se ven el mar y los árboles.
Junto al café conversamos de la importancia de Duchamp para los artefactos visuales ("Aunque él no fue un poeta, no trabajó con el lenguaje y para mí lo fundamental es la configuración lingüística de estas frases", explica Parra). La casa está llena de papelitos manuscritos, algunos junto a sus respectivos objetos, otros huachos o inconclusos.
-Ahora presentará antipoemas audiovisuales como uno en que se quedará un neumático dentro de una casa. ¿Es un poema ecológico?
-Sí. Es a puertas y ventanas cerradas, jajaja. Esa es otra característica que no está en Duchamp, los artefactos son críticos. Los dadaístas son todavía esclavos de la imagen, aunque ellos son estupendos, porque sin dadaísmo no hay surrealismo y sin surrealismo no hay poesía.
- Pero en los artefactos hay un discurso anarquista que también es algo dadaísta.
- En última instancia es un discurso ecológico. Porque los discursos tradicionales han muerto y hay que buscar el protoplasma en otra parte.
Parra verde
- ¿Y de dónde viene este discurso ecológico?
-De que tuve que contestarme la pregunta de por qué escribo, para qué y la respuesta es que es para buscar el equilibrio personal. La poesía es como una caja negra donde se reproducen los conceptos cibernéticos de input y output . Si no fuera por esta caja negra, estaríamos frente a un sistema que necesitaría de un ingeniero que estuviera observando la máquina para que no explote, ni se congele. Son mecanismos de autorregulación y pensé el trabajo en esos términos. Tiene que ver con la catarsis griega, aunque está desarrollado y teorizado en forma, ¿ah?
- ¿Cuando comenzó a interesarse por el ecologismo?
- Llegué por razones de supervivencia, durante la dictadura. Los milicos no me echaron, pero yo quería hacer un trabajo útil sin que fuese un suicidio.
Entonces cuenta cómo se refugió en el Instituto de Estudios Humanísticos y recuerda a Cristián Huneuus, director de ese instituto, quien habría dicho que el mundo se parecía cada vez más a la poesía de Parra. "Es que la antipoesía es la farándula, la idea de que el mundo se acabó y hay que gastar lo que queda. La antipoesía también. Pero ahora estamos así (dice poniendo las manos juntas como rezando). Estamos entrando a la fe, pero por la puerta de la razón. Pensando que tal vez nos salvamos por esas variables que no manejamos, porque ni los científicos manejan todas las variables."
Parra muestra la biografía de Cristián Huneuus que está entera subrayada por él. Hay breves antipoemas, frases subrayadas y frases cuestionadas. La cita no aparece, pero después revisa sus cuadernos -todos de croquis blancos llenos de dibujos- y lee frases como la siguiente: "Me juí/ búsquese otra más mejor". Advierte que lo que ahora realmente le interesa está en el discurso marginal y que hasta dejó a Hamlet por ser discurso cuico.
-¿Usted se siente marginal?
(Se detiene a pensar un momento).
-La respuesta a esa pregunta está en John Keats, quien dice que la literatura consiste en vivir en una contradicción. Después él agregó que el que quiera entender a Shakespeare como persona a través de su obra está perdido, porque es una especie de Dios que está en todas partes en general y en ninguna en particular. Así que yo no tengo por qué dármelas de marginal, pero hay que permitir que aparezcan los marginales y puedan dar sus verdades. Baudrillard en su última visita a Chile dijo que no existía la palabra verdad, pero eso ya lo habían dicho los físicos a principios del siglo XX, cuando dijeron que no hay una teoría que sea más verdadera, sino que hay teorías más plausibles que otras.
Quiero dejar en claro
Que sin el maestro no hubiera sido posible el
/discípulo
Prácticamente todo lo aprendí de Huidobro
Gracias
Incluidas algunas malas costumbres
Esa es la verdad de las cosas
Las fallas del discípulo no se explican
Sin las genialidades del maestro
Qué es poesía
La fundación del ser x la palabra
Poesía eres tú
todo lo que se mueve es poesía
Lo que no cambia de lugar es prosa
Pero qué es poesía
todo lo que nos une es poesía
Sólo la prosa puede separarnos
Sí pero qué es poesía
Vida en palabras
Un enigma que se niega a ser
/descifrado x los profesores
Un poco de verdad y una aspirina
Antipoesía eres tú
Prefacio
Héroe de la ocultación
Por Harols Bloom
A sus noventa años, Nicanor Parra lleva casi setenta siendo un poeta original y vital. La espléndida tradición de la poesía chilena se remonta al español Alonso de Ercilla, cuya épica, aun combatiéndolos, deja constancia del valor de los rebeldes chilenos de Arauco que se alzaron contra los españoles a finales de la década de 1550. Siglos después, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda produjeron versos tan brillantes que Parra tuvo que colocarse a sí mismo en relación dialéctica con ellos. Ironista consumado, Parra burla afablemente el proceso de la influencia, declinando convertirse en otro Neruda. En lugar de eso, retrocede hasta Aristófanes y Catulo, y se reclama heredero de esa gran familia literaria a la que pertenecen también François Villon y John Sketon, y que tiene como centro a Rabelais. Por otro lado, si bien asimila en cierta medida las posturas de Whitman, Parra evita las grandiosas formas de éste en favor de armonías quebradas y de medidas que no rehúyen la tradición popular.
Lo primero que leí de Parra fueron sus "Recuerdos de juventud", en una traducción hecha por mi amigo William Merwin. El poema me obsesionó durante mucho tiempo:
Yo pensaba en un trozo de cebolla visto
/durante la cena
Y en el abismo que nos separa de los otros
/abismos.
Palabras que me siguen recordando la comparación del alma con una cebolla que hace Ibsen en Peer Gynt . Por entonces leí también "El túnel", un poema iracundo y al mismo tiempo encantador, de nuevo brillantemente vertido al inglés por Merwin, él mismo un gran poeta contemporáneo de América, más cercano a Parra que a Ezra Pound o T. S. Eliot; cada vez que lo leo, ha vuelto a cambiar, y en ese sentido Parra es sin duda uno de sus maestros.
Uno de mis poemas favoritos de Parra es "Las tablas". Tan hilarante como siniestro, "Las tablas" me perturba con oscuras revelaciones de mí mismo. No conozco otra conformación más original con las Tablas de la Ley. Es posible que para Parra las rocas del Sinaí representen el poder de Neruda, Mistral y Huidobro.
¿Cómo no iba a venerar yo los mejores poemas de Parra? Es un héroe de la ocultación, en sí mismo un Mapa de Malas Lecturas. Ya se rebele contra la poesía chilena, contra Marx o Freud, conoce los límites de la ironía de la ironía. Es a la vez un auténtico innovador y un monumento cómplice a la Ansiedad de la Influencia.
Como crítico literario gnóstico, judío y norteamericano, no estoy muy convencido de entender del todo a Nicanor Parra. Pero creo firmemente que, si el poeta más poderoso que hasta ahora ha dado del Nuevo Mundo sigue siendo Walt Whitman, Parra se le une como un poeta esencial de las Tierras del Crepúsculo.
¿Cuál es la función de la poesía en 2005, cuando Estados Unidos ha enloquecido y ha coronado a un plutócrata que -por fortuna- es demasiado ignorante para convertirse abiertamente en fascista? Chile tuvo su Edad Oscura y ahora nos toca a nosotros. Hay algunos poetas vivos maravillosos en Estados Unidos, entre los cuales se destaca John Ashbery. Pero no tenemos a ninguno tan persuasivamente irreverente como Parra.
Debe reconocerse como un mérito de Parra el haber contribuido a preservar la imagen de lo humano en estos malos tiempos en que la Izquierda y la Derecha han sacrificado juntas la libertad de imaginación en aras de sus ideologías antagónicas. Parra nos devuelve una individualidad preocupada por sí misma y por los demás, en lugar de un individualismo tan indiferente a los demás como a sí mismo.




