
Orillas en dos tiempos
UN PIONERO DE LA PATAGONIA Por Miguel de Larminat.(El Ateneo)-258 páginas-($ 38)
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Hace unos pocos años, Miguel de Larminat diseñó y construyó un sólido puente nuevo sobre el río Chimehuín, dentro de la propiedad familiar de "Cerro de los pinos". Muy a principios del siglo XX, su abuelo Santiago había fundado esa estancia cercana a San Martín de los Andes y tendido sobre las aguas el puente originario que el tiempo consumió. La reciente aparición del libro en que De Larminat hace pública la hazaña pionera de sus predecesores franceses confiere a aquella iniciativa suya de ingeniería civil, estrictamente privada, un inesperado valor premonitorio y simbólico. Hoy De Larminat puede conjeturar que aquel puente renovador anticipó el propósito de este libro. Al igual que con su faena profesional, con su labor de escritor se empeñó en enlazar dos orillas, en esta ocasión las del pasado y el presente, remozando con afecto, sensibilidad y nutrida información, las vigas de la memoria y la reflexión histórica que dan sostén y trascendencia social a su emprendimiento literario.
La reconstrucción de esa gesta familiar enhebra, en un cuadro narrativo sumamente dinámico, la vida de los de Larminat en Francia, a fines del siglo XIX, y las peripecias corridas por don Santiago y sus hermanos en tierras australes donde, sin olvidar ni apartarse nunca de sus orígenes, aprendieron a acriollarse con indeclinable entusiasmo. Mas allá del aliento descriptivo de estas páginas en lo que hace al paisaje resalta la presencia de un cronista dotado para interesar a quienes lo lean. Saber observar y saber pronunciarse sobre lo observado son dos atributos inescindibles en De Larminat, que se conjugan también en el abordaje de los conflictos de sus mayores, de sus gracias y desgracias, y en la semblanza de sus pasiones y diferencias temperamentales. Se diría que el autor indaga escribiendo la idiosincrasia de su identidad mestiza. Y lo hace con la radicalidad, la agudeza y el júbilo que su abuelo puso en domeñar una tierra tan bravía como bella y en dar origen a una nueva comunidad patagónica. Es por eso evidente que, al escribir como lo hace, De Larminat no sólo nos brinda un nutrido caudal de conocimientos acerca de una historia tan significativa, sino que además busca conocerse y reconocerse mediante lo que nos cuenta. Busca heredar, como quien recrea, y no limitarse a ser mero receptor de lo recibido. Es así como logra apropiarse de un legado emocional y simbólico que lo constituye e interroga a la vez. Y si de la lectura de estas páginas emergemos conmovidos es porque, en última instancia, Un pionero de la Patagonia viene a decirnos cuánto debe la emoción de ser argentinos a esos abuelos europeos, decididos y atormentados, lúcidos y obstinados, visionarios y perseguidos que aquí supieron llegar.
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