
"Porque me gusta"
El arte como objeto de deseo es la filosofía de los nuevos coleccionestas. No son millonarios y demostraron que, con riesgo y sin asesoría profesional , se puede acopiar arte argentino de calidad. Algunos de ellos, entrevistados por adn CULTURA, compraron sus Macchi, Burgos, Ballesteros, Lacarra, Avello, Joglar, Kacero cuando estos artistas eran casi desconocidos
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Sin invertir millones pero con mucha pasión, los dueños de jóvenes colecciones de la Argentina comparten con los artistas de su generación la misma independencia generada por la distancia geográfica y cierta marginación del circuito global. La frescura de los resultados artísticos tiene como contrapartida a coleccionistas también arriesgados que adquieren obras por intuición y sin pensar en el valor de reventa. Los parámetros que establecen los precios en el arte son intangibles, y uno de ellos es el deseo; impulso principal de los coleccionistas, que contribuyen a la circulación inicial de la obra que luego nutrirá a museos e instituciones.
"Trato de ver la mayor cantidad de obras posibles", dice Gustavo Mosteiro, licenciado en Administración y convertido en gran conocedor. "Me gusta comprar «desde el inicio», y es muy gratificante ver cómo evolucionan. Conozco a todos los artistas que tengo en mi colección -los ahora reconocidos Dino Bruzzone, Fabián Burgos, Jorge Macchi, Martín Di Girolamo, entre tantos- y con algunos somos amigos. Conocer a la persona ayuda mucho a entender y apreciar mejor la obra. Creo que los coleccionistas no sólo aportamos nuestra colaboración económica, sino que contribuimos con la dedicación de nuestro tiempo a ver muestras, talleres, cursos, conferencias; cerramos el círculo de algo tan solitario como la creación artística. Las últimas obras que compré son de Pablo Lapadula, Diana Marchetti, Anabella Papa."
El piso de Claudio Cerini, director de Cerini Hair System, se halla en el edificio alguna vez habitado por la legendaria Ruth Benzacar. "A veces siento que me llegan sus vibraciones, su pasión por el arte. Aunque comencé a coleccionar porque la majestuosidad de la casa me lo pedía. Aprendí a mirar visitando talleres y mi primera compra fue una pintura de Pablo Siquier, en 2001. Compro arte argentino porque así como el público apoya mi actividad -lo mío es arte efímero-, como devolución yo sustento las experiencias de otros artistas. Me gusta la arquitectura; muchas de mis obras tienen un vínculo con lo constructivo. Me encanta la relación cotidiana con las obras de mis contemporáneos y emergentes, como Ernesto Ballesteros, Fabio Kacero, Luis Lindner, Román Vitali, Mariano Dal Verme, Javier Barilaro."
Su trabajo, como responsable del contacto de Bodegas Chandon con las artes visuales, vincula a Pablo Naumann con el mundo artístico. "Sin saber que comenzaba una colección, en 2005 compré mi primera obra, de Inés Raitieri. Compro piezas de artistas de mi generación o más jóvenes (Eleonora Molina, Milo Lockett) sólo si, frente a ellas, se enciende una luz adentro mío. Mi experiencia con el arte es algo muy íntimo con la obra, y si registro su energía me fijo en el autor. Ese instante de reconocimiento es tan emocionante como convivir con las obras, que se resignifican todos los días. Ahora tengo un método, prefiero el dibujo (Patricio Gil Flood, Andrés Bancalari) y la fotografía (Yamandú Rodríguez, Carlos Herrera). Me gusta escuchar a los artistas sin entablar una relación de poder con ellos."
"Yo también pensaba que tenía que tener mucho dinero para iniciar una colección, pero no pasa por ahí", afirma Sandra Lee Caló, hija de argentinos nacida y criada en Nueva York, que trabaja en Discovery Networks en Buenos Aires. "Cuando llegué me sorprendieron la buena formación y la sofisticación visual de los artistas; también la poca información que se tiene en el exterior de la escena local recién ahora parece que los están descubriendo en Nueva York. Compro por impulso y he sumado las obras de Sergio Avello, Silvana Lacarra, Andrés Onna, Daniel Joglar, Mercedes Purama, Ariel Cusnir. Comencé cuando me regalaron una pintura de Graciela Hasper. Fue una coincidencia, ya tenía ganas de coleccionar porque no me gusta colgar pósters. Me siento atraída por la pintura, por las texturas, los colores; vivir con las cosas que me gustan."



