Riesgos de un poeta
INSOMNIOS Y DUERMEVELAS Por Mario Benedetti-(Seix Barral)-133 páginas-($14)
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Insomnios y duermevelas, el más reciente poemario de Mario Benedetti configura una verdadera antología. O, mejor, un muestrario de los "hallazgos y extravíos" (para decirlo con una metáfora periodística que bien podría ser suya) de su poética. Es decir, aquello que, desde cierta subjetividad, absoluta y confesamente arbitraria (es nuestro caso) es leído como "hallazgo" y lo que no. Y que en ambos casos resulta válido no sólo con respecto a estos poemas en particular sino a la poesía toda de Benedetti.
A lo largo de su vasta obra, siempre ha sido encomiable por parte del autor de La tregua su desacralización de la poesía y el trato familiar y fraterno que tiene con ella. Benedetti establece con el lector un vínculo estgrecho; se hace amigo, camarada, par. Se diría que busca democratizar no sólo la poesía sino también sus más elevados temas: la muerte, el amor, la nostalgia, el olvido.
Varios de los poemas que integran este nuevo libro (e incluso el cuento que cierra el volumen, "Túnel en duermevela") constituyen excelentes ejemplos de este mérito consustancial a la poética de Benedetti: "Amorodio", "Rabia portátil", "Poemas a la intemperie", "Documentos", "Autoepitafio". Otros, en cambio, se inscriben en esa zona de extravío que deviene precisamente de esta fraternidad sobreactuada con la poesía que fue un logro en la obra de Benedetti pero que también constituye su Talón de Aquiles. Y es cierta demagogia con el lector, reiterada, perfeccionada, previsible, que convierte a los lectores de Benedetti en esos "lectores/cómplices" a los que alude la contratapa del libro, erróneamente laudatoria, para referirse a un público que le es favorable de antemano. El camino sinuoso que recorre el poeta uruguayo en este libro no se limita a ese excesivo afán por agradar al lector. Asociado con ese problema acecha otro que puede convertirse en un verdadero búmerang: el imitiarse a sí mismo, reiterando recetas caseras de probada eficacia.
En Insomnios y duermevelas , Benedetti no logra evitarlo: uno tiene por momentos la sensación de haber leído ya -y celebrado, a veces- alguno de estos poemas.
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