
La intervención cultural (interferencia) de Virus y Roberto Jacoby llegó sobrada de elegancia cosmopolita, charme callejero, iconoclase universalista porteña, marginalidad carioca y queerdom. Llegaba para despertar la escena pop y poner en hora los relojes de un rock local que parecía disfrutar de cierto síndrome de Estocolmo en los primeros compases de los años ochenta, apegado a unos valores difusos y perdidos en ningún tiempo: el jazz rock probaba la cocaína, la corriente crítica se miraba el ombligo y no eran pocos los artistas desterrados en otros países y continentes. Lo excesivamente elaborado, lo enclosetado y progresivo, un reprimido hipismo firestone trasnochado estaban por refinarse y sacudirse gracias a los servicios de una generación dispuesta a intervenir el pop con nuevos ingredientes entre la catarsis, la ironía, el hedonismo ético, la crítica social mordaz, la sexualidad ardiente, la marginalidad y el refinamiento, como partes de un nuevo caleidoscopio. Roberto Jacoby reproduce en texto poético (listo para ser cantado) la personalidad magnética, el talento y el carisma de Federico Moura y Virus. Salen del agujero interior a la vista de todos con un magnetismo inédito en el folklore rockero de entonces, conquistan el éxito popular sin contradecirse ni renunciar a nada, y así se instalan en la historia musical y cultural de nuestro país, junto a artistas variopintos dentro y fuera de la música. Este libro no se detiene luego del canto del cisne y completa la trayectoria lírica de Jacoby hasta la actualidad. Una lectura deliciosa e imprescindible. RJ explica (comenta) las canciones –uy, el contexto– con un lenguaje directo y aleccionador en una obra conjunta y audaz, de insobornable inteligencia e identidad.

