
"Todos los actores adoran llorar"
El director norteamericano estuvo en la Argentina filmando La ciudad de su destino final, su nueva película, que se verá en el país el año próximo. En diálogo con adnCULTURA habló de Hollywood, del método de trabajo que emplea con los astros del cine y de sus proyectos artísticos
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Ni siquiera las dos jornadas maratónicas de filmación que lo esperaban en el Teatro Cervantes influyeron para que James Ivory descartara un recorrido por Buenos Aires, adonde vino a filmar La ciudad de su destino final , su nueva película. Edificios art deco , almuerzo en el Jockey Club y una visita privada al Palacio Pereda formaron parte del itinerario. Terminado el tour , Ivory hizo un alto en casa de su amigo argentino, el editor Juan Pablo Queiroz, para conceder esta entrevista.
Con las actuaciones de Anthony Hopkins y Charlotte Gainsbourg, La ciudad de su destino final (basada en una novela de Peter Cameron adaptada por Ruth Prawer Jhabvala) cuenta la historia de Omar Razaghi (Omar Metwally), un estudiante iraní que se propone escribir una biografía de Jules Gund, destacado escritor sudamericano cuyos padres, alemanes, se instalaron en una estancia en Uruguay en los años 30. Esta tarea lo llevará a enredarse con la amante del escritor (Gainsbourg) y cambiará su vida.
-¿Para cuándo está previsto el estreno de La ciudad de su destino final?
-El lanzamiento se hará probablemente antes de fin de año y calculo que la película estaría llegando a la Argentina para inicios de 2008. Voy a venir para el estreno y aprovecharé para recorrer un poco el país.
-La película transcurre en el Uruguay
-Así es. Pero nos inclinamos por la Argentina porque, en términos cinematográficos, hay mejor infraestructura: óptimos equipos de filmación, excelentes técnicos, buenos laboratorios, tantas cosas favorables. Además, la performance de los actores argentinos ha sido muy buena. Norma Aleandro estuvo maravillosa.
-¿Cómo fue trabajar con Anthony Hopkins?
-Un placer. El papel que encarnó fue muy diferente a sus interpretaciones anteriores. Sin embargo, era tan Hopkins. Por momentos aparecían ecos de Henry Wilcox [personaje de La Mansión Howard ], de Picasso, incluso de Hannibal Lecter [risas]. Cuando dirijo a una gran estrella suelo detectar rastros de los personajes que ha interpretado en el pasado. El que brilló por su ausencia fue Stevens, el mayordomo de Lo que queda del día .
-¿Ya decidió cuál será su próximo trabajo?
-Sí, voy a hacer Ricardo II , una obra de William Shakespeare.
-¿Algún actor en mente para personificarlo?
-Jude Law haría un estupendo Ricardo II. Posee el tipo de personalidad justa para el papel. Tiene la edad y es tan apuesto como el rey.
-Cuando un actor se presenta a uno de sus casting y todavía no es conocido, ¿en qué basa su decisión para incorporarlo al elenco?
-Me gusta que tengan su propia personalidad y un aspecto que se distinga del resto. En cuanto al talento, asumo que lo tienen, de lo contrario no creo que sus agentes los mandaran a leer para mí.
-Similar criterio selectivo habrá tenido con un joven e ignoto Hugh Grant ¿Fue una decisión instantánea darle el protagónico de su film Maurice?
-Lo que ocurrió con Hugh fue curioso. Hizo un casting para Un amor en Florencia, papel que terminó en manos de Daniel Day Lewis. Hugh siempre me cuenta que en aquella oportunidad quedó "descartado" por mí en 30 segundos. El siguiente casting que hizo conmigo fue para Maurice . Allí también bastaron 30 segundos, pero para que quedara en el elenco. Fue su primer gran protagónico.
-Sus primeros trabajos los realizó en la India. ¿Existe alguna razón en especial? En alguna oportunidad mencionó el término "rupias freezadas"
-Esto fue hace muchos. Las " rupias freezadas" eran el dinero que los estudios y distribuidores norteamericanos recaudaban en la India por sus películas. Millones de dólares que no podían ser retirados de ese país y que se iban concentrando en los bancos. Lo que sí podía hacerse era emplearlos para filmar allí. Y eso fue lo que hicimos. Mi socio, Ismail Merchant, fue quien descubrió esta veta, circunstancia que jugó muy a nuestro favor.
-Cuando usted es contratado por los estudios de Hollywood para dirigir una película ¿qué tanta libertad creativa se le concede?
-Completa. Jamás nadie de los estudios ha cuestionado nada de lo que he hecho.
Prueba de aquello es el final de Lo que queda del día: un pájaro revolotea dentro de una de las habitaciones de la mansión buscando infructuosamente una salida. La analogía del ave con Stevens, el mayordomo encarnado por Hopkins, es inevitable. Ese hombre ha dejado pasar su vida entre aquellas cuatro paredes, con el agravante de saber que el sacrificio ha sido en vano. Con la ayuda de Stevens, el pájaro encuentra una salida y remonta vuelo. En vez de enfocarlo cuando planea, Ivory detiene su cámara en el mayordomo, que cierra la ventana.
-Ese final no está en la novela de Ishiguro, ¿cómo se le ocurrió?
-Fue un accidente. Un pájaro realmente quedó atrapado en la habitación del castillo donde estábamos filmando. Apareció por la chimenea y mientras revoloteaba, todos intentaban agarrarlo. Fue tan linda la escena, tan interesante, que intentamos recrearla para el final de la película.
-¿Siempre pensó en Hopkins para ese papel?
-Nunca lo dudé.
-En el libro, el mayordomo se quiebra llora desconsoladamente hacia el final. Tengo entendido que Hopkins quería hacer esa escena a toda costa y usted no
-Todos los actores adoran llorar [risas ]
-¿Cómo es su posición frente a las críticas?
-Uno las quiere de su lado. Aunque si no lo están, no modifican en absoluto la visión que tengo de mis películas. Por ejemplo, todos los críticos despreciaron Esclavos de Nueva York y yo, sin embargo, sigo sosteniendo que fue muy buena. No es una de mis clásicas películas, pero me gusta. Estoy contento con todo lo que he hecho, aunque por supuesto hay cosas que me resultan mejores que otras.
-¿Ha habido alguna crisis que amenazó con paralizar algunas de sus películas?
-Muchísimas veces En Sobreviviendo a Picasso , hubo una tentativa de la familia del artista para impedir que la película siguiera su curso, pero no lo lograron.
-Lo que sí logró la familia Picasso fue impedir que se mostrara su arte en la película
-Es cierto, no pudimos. Entonces nos limitamos a sugerir Mandamos a pintar cuadros "parecidos" a los del artista y reunimos obra de los años 40 y 50 que guardara relación con el estilo y la influencia de Picasso.
-Me comentaron que quedó muy impresionado con las monumentales telas pintadas por José María Sert en el Palacio Pereda, y que la arquitectura de Buenos Aires no deja de sorprenderlo
-Así es. Buenos Aires me hace acordar mucho a París, y en algunos aspectos, a la ciudad de San Francisco. Está repleta de edificios magníficos, maravillosamente construidos. Lo que me llama la atención es que al lado de imponentes casas y demás palacios, se estén construyendo comercios o torres colosales para nada compatibles.
-¿Cómo dieron con la estancia donde se filmó La ciudad de su destino final?
-Hace casi tres años vinimos junto con Ismail [Merchant] en busca de locaciones. Nuestro amigo Juan Pablo Queiroz organizó un tour por las estancias más formidables. Visitamos muchísimas, sin embargo, nos decidimos por la primera que nos mostró. Fue increíble, parecía construida para el guión.
-Luego de haber trabajado juntos más de 40 años imagino que habrá sido difícil para usted concretar este proyecto sin Merchant
-Lo extrañé muchísimo. En el rodaje se vivió un clima de trabajo muy agradable. Estoy seguro de que él habría disfrutado mucho de la magnífica experiencia que resultó filmar en la Argentina.




