Un destino soñado
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La cazadora de Astros
Por Zoé Valdés
Plaza & Janés/345 páginas/$ 39
En su novela La cazadora de astros , la escritora cubana Zoé Valdés reconstruye la vida de la pintora catalana Remedios Varo (1908-1963). Por medio de un recorrido emocional de sus pinturas surrealistas, Valdés intenta desentrañar su espíritu creador, sus deseos eróticos y sus ambiciones artísticas. Un "catálogo razonado" de su obra es la guía que la conduce por esa geografía.
Valdés hilvana dos historias paralelas. La pintora Varo y la escritora cubana Zamia -con claros rasgos autobiográficos- son dos mujeres alejadas en el tiempo y el espacio, pero a la vez tan cercanas que se superponen. Varo pinta el silencio de sus visiones y escribe en el ruido de múltiples voces. Zamia escribe en secreto una novela sobre Varo. Sin conocerse, parecen estar viviendo la misma vida a destiempo. Ambas se han casado jóvenes, se exiliaron, se divorciaron más tarde y llevaron una vida amorosa aventurera. Las dos buscaron el arte como salvación y acudieron al inconsciente como fuente de inspiración.
El exilio, el desapego, la nostalgia, la desilusión, la soledad, el olvido y la memoria son los hilos narrativos de un discurso creativo y audaz sobre el surrealismo y su misión redentora. Valdés señala los pilares del deseo, la libertad, el sueño, el juego y el compromiso del arte como medios para rescatar al mundo de la injusticia y la mediocridad.
El alma de Varo se bosqueja a través de sus propias pinturas, que aparecen con su título original y una breve descripción en algunos casos. El recorrido visual y analítico le permite a Zamia reconocerse en sus imágenes y encontrar la inspiración para su vida y su novela: "Esa mujer me había procurado a través de su personalidad, que intentaba descifrar, que yo también descifrara la mía, que me viera en ella y me liberara a través de ella".
El cuadro surrealista que inspira el título, La cazadora de astros , es el eje de las dos historias gemelas. Es la pintura de una mujer misteriosa con la luna enjaulada. Esa mujer se parece a Varo pero, por efecto de una cálida empatía artística y humana, nos remite a Zamia, quien pasa de ser la "catadora de océanos" o "buscadora de mares" -receptores de historias- a ser la "cazadora de astros", sobrenombre de Varo. Zamia se convierte así en la heredera de un íntimo legado, la continuidad de sus días. "El círculo quedó casi perfecto. Dentro escribió: Ella y yo."
A su vez, estos dos personajes femeninos funcionan como el álter ego de la escritora Zoé Valdés, con quien se establecen múltiples correspondencias. Entre otras, las iniciales de sus nombres (Z y V), el exilio (Varo vive en París y en el México de Frida Kahlo, Diego Rivera y Leonora Carrington, y Zamia se traslada de La Habana a París al igual que Zoé) y el año 1959 como la fecha de nacimiento de Zamia/Valdés. Está también la relación con su ciudad natal -Gerona y La Habana, respectivamente- y la figura de la madre como emblema de las raíces y el pasado. Estos paralelismos, que se entretejen en un círculo concéntrico, se apoyan narrativamente en una estructura de repeticiones: situaciones gemelas, personajes similares, idénticos diálogos y hasta visiones o sueños premonitorios que cruzan las historias. A esto contribuye, también, el manejo del tiempo; así, Zamia escribe en el futuro como presagio del encuentro. Las fechas que se registran saltan hacia atrás y siguen un orden onírico caprichoso, como si se tratara de un espacio de ensueño y se extendiera al futuro de lo posible o al absurdo de una irrealidad mágica y prolífica.
En esta pintura íntima del universo surrealista, los astros se alinean sobre el mar para que nos zambullamos en el misterio y suspendamos nuestra vigilia. Su lectura promete un viaje imaginativo y original al futuro de un destino soñado.




