
Voces de Chernóbil, después de la catástrofe
Delicado trabajo de recolección de testimonios para contar una tragedia descomunal
1 minuto de lectura'
En 1997, Svetlana Alexiévich publicó Voces de Chernóbil, el libro con las expresiones de personas afectadas por una de las mayores catástrofes nucleares del mundo. El 26 de abril de 1986 había explotado esa central nuclear y liberó elementos radiactivos y tóxicos 500 veces más poderosos que la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945 y generó daños descomunales.
Los expertos internacionales en catástrofes ambientales consideran que la consecuencia para el hombre y para el ambiente fue superior al accidente nuclear en Fukushima I, en 2011, en Japón.
Aquí, algunas de las voces de quienes padecieron la catástrofe, perdieron familiares, amigos y su lugar de residencia, que fueron escuchadas por Alexiévich en su largo trabajo de recoger testimonios para exponerlos al mundo:
"El mundo se ha partido en dos: estamos nosotros, la gente de Chernóbil, y están ustedes, el resto de los hombres. ¿Lo ha notado? Ahora entre nosotros no se pone el acento «yo soy bielorruso» o «soy ucraniano»,.. soy ruso'...Todos se llaman a sí mismos habitantes de Chernóbil. Somos de Chernóbil. «Yo soy un hombre de Chernóbil.» Como si se tratara de un pueblo distinto. De una nación nueva".
"Le salían por la boca pedacitos de pulmón, de hígado. Se ahogaba con sus propias vísceras. Me envolvía la mano con una gasa y la introducía en su boca para sacarle todo aquello de dentro. ¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible escribirlo! ¡Ni siquiera soportarlo!... Todo esto tan querido... Tan mío.. Tan...No le cabía ninguna talla de zapatos. Lo colocaron en el ataúd descalzo."
"Ya no temo a la muerte. A mi propia muerte. Pero no tengo claro cómo voy a morir. Vi morir a un amigo. Se hizo grande, se hinchó. Como un tonel. Y mi vecino. También estuvo allí. Un operador de grúa. Se volvió negro, como el carbón, y se secó hasta el tamaño de un niño. No tengo claro cómo voy a morir. Si pudiera elegir mi muerte, pediría que fuera común y corriente. No como las de Chernóbil. Y, sin embargo, lo que sí sé seguro es que con mi diagnóstico no se dura mucho. Al menos sentir que llega el momento? Y una bala en la frente?"
"Me da un ataque de histeria: «¿Por qué hay que esconder a mi marido? ¿Quién es? ¿Un asesino? ¿Un criminal? ¿Un preso común? ¿A quién enterramos?». Mamá me dice: «Calma, calma, hija mía». Y me acaricia la cabeza, me toma de la mano. El coronel informa por la radio: «Solicito permiso para dirigirme al cementerio. A la esposa le ha dado un ataque de histeria»"...
"Por la radio dijeron que evacuarían la ciudad para tres o, a lo mejor, cinco días. Llévense consigo ropa de invierno y de deporte, porque van a vivir en el bosque. En tiendas de campaña. La gente hasta se alegró: ¡nos mandan al campo! Allí celebraremos la fiesta del Primero de Mayo. Algo inusual... ¡Las maravillosas fiestas de mayo! Sólo lloraban aquellas mujeres a cuyos maridos les había pasado algo"...
Voces de Chernóbil

De bolsillo
Puede leerse en español en formato digital, y el mes próximo estará disponible la edición en papel




