Aymar: la mejor de todas

La rosarina es la fantasía y el desequilibrio en el juego del equipo argentino; a los 25 años, elegida como la jugadora más talentosa del mundo, tiene todo para brillar en Perth
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23 de noviembre de 2002  

lguna vez, un periodista la bautizó “la Aymar del stick”, en clara comparación con las diabluras que nos regala Pablo Aimar en el fútbol. Esta es Luciana Aymar, o simplemente Lucha, la que justifica que nos despertemos a las seis de la mañana, o más temprano, para observar por televisión su increíble habilidad con la bocha.

Luciana, del Jockey Club (Rosario), es una fantasista por naturaleza. Garantiza, por lo menos, dos obras de arte por partido. Entre las Leonas, es la de mayor lucidez para inventar el hueco en la defensa rival y la que hace aflorar el desequilibrio en el momento justo. Es peligrosísima, si se lo propone, y las rivales le temen por sus trucos inesperados. Ella misma se sorprende después, cuando ve lo que hizo.

Su juego acumuló tantas virtudes en todos estos años que en marzo del actual fue nombrada como mejor jugadora del mundo de 2001, un premio que recibió en Kuala Lumpur, Malasia, de manos de la Federación Internacional de Hockey sobre Césped (FIH).

Así llegará a la cita máxima Luciana: vestida de celeste y blanco y con el rótulo de jugadora-estrella. “El premio no me genera ningún tipo de presión extra con vistas al Mundial. La presión es más colectiva, porque somos conscientes del equipo que tenemos y de las expectativas que creamos en la gente”, advierte la rosarina, de 25 años.

¿Cuántos ases en la manga tiene para Perth? “Siempre hay algo, siempre algo”, bromea Lucha con una sonrisa enorme y espontánea. “En realidad, mi forma de juego ya la conoce todo el mundo; los técnicos cada vez vienen más meticulosos y buscan que sigamos aprendiendo nuevas habilidades”, explica.

Para Luciana, el hockey fue siempre un peregrinaje con varios contratiempos. Sin embargo, se propuso entregar lo máximo con el seleccionado nacional y recorrió el camino sin arrepentimientos. No le importó que todos los lunes tuviera que levantarse a las 3 en su casa del barrio Fisherton, en Rosario, llegar a las 7 en ómnibus a Buenos Aires y comenzar la práctica una hora después, para luego emprender el regreso. Tampoco se quejó cuando tuvo que repetir la rutina los miércoles; todo lo hizo por brillar en la cancha un poquito más cada día.

“Desde chiquita practicó varios deportes: tenis, patín, natación, danza clásica... la verdad, no sé qué fue lo que no hizo”, cuenta mamá Nilda, que es jubilada y fue profesora de educación física.

Luis Barrionuevo, el preparador físico de las Leonas, ofrece su visión de Aymar desde el punto de vista de la preparación: “Si Lucha no hubiera elegido el hockey habría sido una excelente atleta. Me atrevo a decir que la Argentina habría contado con una destacada heptatleta. Mide 1,72 metro, pesa 60 kilos y es pura fibra. Es impresionante”.

Lucha, con 124 partidos internacionales y que debutó con el seleccionado mayor en el Mundial de 1998, prefiere no adjudicarse capacidades extraordinarias; por eso sostendrá a rajatablas que pesan más las jugadas en conjunto que el desequilibrio individual. Aunque sabe íntimamente que es una elegida, una jugadora deslumbrante. Que vibremos con su magia, entonces, y que Lucha extraiga conejos desde el mismo día del debut.

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