Caleb Clarke: los All Blacks presentaron a un destructor que sorprende como el nuevo Jonah Lomu

Potente, atlético, veloz: Caleb Clarke es el nuevo Jonah Lomu y todos hablan de él tras su irrupción en los All Blacks
Potente, atlético, veloz: Caleb Clarke es el nuevo Jonah Lomu y todos hablan de él tras su irrupción en los All Blacks Fuente: AFP
Juan Manuel Trenado
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18 de octubre de 2020  • 14:06

El australiano James O'Connor ejecutó un kick que se dirigió al centro de la cancha. Justo el lugar en el que se encontraba el hombre del momento. Con la pelota todavía en el aire, las 48.000 personas en el Eden Park de Auckland impregnaron el ambiente con un murmullo expectante. Y, como si no existiera otra posibilidad, se lanzó sobre ella con instinto salvaje, la tomó en medio de un salto hacia adelante y arrancó. El rumor se transformó, entonces, en ovación. Caleb Clarke despierta emociones de esas que en el deporte no se pueden explicar muy bien. Tanto se nota que es distinto a los demás que incluso los que no entienden de rugby pueden advertirlo. La flota de los All Blacks acaba de soltar al océano un nuevo destructor. Más ágil, más poderoso.

Pero no hay que perder detalle de esa jugada a los 5 minutos del segundo tiempo. Decidido, cortó la primera línea defensiva de los Wallabies con un pequeño movimiento de piernas y pura velocidad. Nicolas White y James Slipper intentaron el abordaje, por derecha y por izquierda, en simultáneo. Pero antes de que pudieran notarlo se estrellaron frente a frente. No llegaron ni a tocarlo y quedaron en ridículo.

La potencia de Caleb Clarke

Clarke tiene 21 años. Es robusto. También sobresale por su peinado desbordante y poco común. Sus piernas son como dos pistones de un Fórmula 1, pero impulsan la carrocería de un Humvee. Una combinación de presteza y potencia única. Imposible que la primera comparación (injusta, cierto), no sea pensar en Jonah Lomu.

El wing que a principio de año tenía como máximo objetivo conseguir una medalla olímpica en Tokio 2020 con el equipo de seven, se encontró, pandemia de coronavirus mediante, con un acelerado crecimiento en el XV. Primero en el Super Rugby Aotearoa, donde su irrupción con Auckland Blues no pasó inadvertida. Luego, con la natural convocatoria de Ian Foster para debutar en los All Blacks. Al enterarse que iba a ser titular, durante el entrenamiento, el mundo se le dio vuelta. "Tuve que pedir permiso para dejar la práctica por un momento. Mi estómago estaba revuelto, necesitaba ir al baño. Me estaban diciendo que iba a jugar con la camiseta número 11., la que usó Jonah Lomu, el jugador más icónico de la historia", dijo Clarke.

Caleb Clarke, el nuevo acorazado de la flota de los All Blacks; una verdadera potencia que sorprendió al rugby mundial
Caleb Clarke, el nuevo acorazado de la flota de los All Blacks; una verdadera potencia que sorprendió al rugby mundial Fuente: AP

Su papa, Eroni, también jugó en los All Blacks y apoyó 10 tries en 24 partidos entre 1992 y 1998. La familia deportiva se completa con su tía, Sheryl, estrella y campeona mundial de netball (cestoball, como lo conocemos en la Argentina), una actividad que también tiene mucha popularidad en Nueva Zelanda. Pero Eroni, además, fue compañero de Lomu, a quien conoció. "Fue una gran parte de mi infancia -aclara Caleb- y sé que fue una gran parte de la vida de mi papá. Cuando falleció, él quedó muy afectado, no fue el mismo por unas semanas. Siento que tengo la gran responsabilidad de hacer justicia por la camiseta. Va a ser un sentimiento especial".

El envase, de apariencia pesada, se torna ingobernable luego de traccionar diez metros. Es un torpedo vivaz, pero con una carga inestable, siempre a punto de explotar. En un doble movimiento, grácil, perfecto y contundente, acabó con Thomas Banks, que rebotó y cayó dos metros por delante. Literalmente lo atropelló. Y, al mismo tiempo, mientras llevaba la pelota sostenida en su mano izquierda, usó la derecha para quitarse a Marika Koroibete con un hand off. Lo hizo con la sencillez con la que un comensal desprolijo se quita migajas de la solapa.

Es fuerte. Siempre tiene una sonrisa en la cara. Trataremos de darle el balón de vez en cuando. Es bastante útil para el equipo
Ian Foster, coach de los All Blacks

Hace una semana, cuando debutó con Nueva Zelanda en el primero de los partidos de la Bledisloe Cup, ingresó apenas unos minutos en lugar de Damian McKenzie (en el 16-16, en Wellington). Ahora, en este contundente 27-7 que le permitió ganar su primer partido, fue el lanzamiento estelar de la nueva joya de los hombres de negro.

Son muchas cosas para contar. Porque la jugada en cuestión aún no terminó. El siguiente en la lista de esa acción que no duró más que unos segundos, pero resume todo el potencial de Clarke, fue nada menos que Michael Hooper. El experimentado forward, como si estuviera sorprendido de la demostración previa, falló el tackle. Vio casi como en un truco de magia cómo un cuerpo de 1,85m y 107 kilos se esfumaba de entre sus manos. Finalmente White se reincorporó a esa acción fulminante, le atenazó los tobillos y logró tumbarlo. Pero ya era demasiado tarde. Caleb presentó la pelota y Aaron Smith abrió de inmediato para Richie Mo'unga, que asistió a Ardie Savea para el tercer try de los All Blacks.

James Slipper y Taniela Tupou de Australia se enfrentan a Caleb Clarke de Nueva Zelanda durante el segundo partido de la Bledisloe Cup
James Slipper y Taniela Tupou de Australia se enfrentan a Caleb Clarke de Nueva Zelanda durante el segundo partido de la Bledisloe Cup Crédito: MICHAEL BRADLEY / AFP

Clarke todavía no anotó un try, pero su presentación fue rutilante. No sólo es sobresaliente. Sus compañeros están impresionados por su madurez. Dicen que pregunta qué más puede hacer para mejorar. Siempre de buen humor, con alegría. Se conocerá más de él en el Rugby Championship, cuando los Pumas tengan la oportunidad de enfrentarlo.

Los medios en Nueva Zelanda destacan sus estadísticas para remarcar la importancia de lo que logró Clarke. Entró en contacto con la pelota ocho veces y avanzó 138 metros, más que cualquier otro jugador de la cancha. Pero, además, lo hizo en 67 minutos, ya que fue reemplazado cuando el partido ya estaba definido.

Hace un par de días, en la concentración en el hotel, lo encontraron tocando el piano, con su mochila puesta. "Empecé a aprender canciones cuando estaba aburrido", resumió con humildad. Este chico es toda una sorpresa.

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