El gran triunfo del otro Rayo

El norteamericano Marlon Shirley volvió a quebrar el récord mundial de los 100m y se llevó la medalla dorada
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22 de octubre de 2000  

SYDNEY.- La sonrisa y las lágrimas se mezclaron en el momento del éxtasis por el festejo. Apretó los puños en señal de victoria y lloró de alegría. El esfuerzo de tantos años, tras haber sufrido la amputación de la pierna izquierda por encima de la rodilla, se veía coronado de la mejor manera posible. El sueño se había hecho realidad: en la final de los 100m T44, el norteamericano Marlon Ray Shirley volvió a quebrar el récord mundial que había establecido anteayer y, orgulloso, se colgó del pecho la medalla dorada de los Juegos Paralímpicos. Aquella por la que tanto había luchado.

Veinticuatro horas antes había registrado la plusmarca ecuménica, con un tiempo de 11s31/100. Pero eso no lo conformaba; él sabía que podía dar más de sí mismo. Por eso, cuando el disparo de largada se escuchó ayer en el Estadio Olímpico y él advirtió que había tenido un arranque demoledor, se dio cuenta de que la hazaña era posible. Finalmente, los cronómetros oficiales marcaron 11s09/100, apenas 1s30/100 más lento que el récordman de la especialidad, su compatriota Maurice Greene. El Rayo y el otro Rayo.

Tanto se parecen el uno al otro que cuando cruzó la línea de llegada fue en busca de la bandera de su país para dar la vuelta olímpica de celebración, lo mismo que hizo Greene cuando ganó esta carrera en los Juegos hace casi un mes. El sueño era realidad.

Comparado con los velocistas argentinos, como se informó en la edición de ayer, Shirley quedó ahora a 86/100 de los hombres más rápidos, Carlos Gats y Gabriel Simón (10s23/100), que actuaron en los recientes Juegos Olímpicos.

Pero la sed de conquistas de Shirley no terminan aquí. Además va a competir en las pruebas de salto en alto y largo, especialidades en las que también ostenta los mejores registros del mundo: 1,97m (1cm más que la recordwoman sudamericana, Solange Witteveen) y 6,47m, respectivamente.

"Esto es increíble; no sé qué pensar. Esta es mi mejor performance, y creo que esto (por la superación de tiempos) va a continuar", contó tras la victoria. Detras de él, arribó su compañero de equipo Brian Frasure, ex recordman de esta prueba y que suele entrenarse con la megaestrella del atletismo Marion Jones.

El otro Rayo abandonó, en 1997, Tampa Bay, donde nació 22 años atrás, y se radicó en Olympia, Washington, para poder dedicarse plenamente al entrenamiento. Es que el deporte es su vida. Aunque también piensa en el futuro, cuando sea el momento de abandonar las pistas. Piensa dedicarse a la psicología y a la medicina relacionadas con el deporte. Y hay más: ya está tomando clases para ser piloto de avión.

Si hay algo que queda claro a partir del triunfo de Shirley es que es un ejemplo de fortaleza espiritual. La desazón no lo abatió ni siquiera en su infancia, cuando tras un accidente de tránsito los médicos debieron amputarle su pierna izquierda por encima de la rodilla. Triunfó en la vida y hoy lo hace en las pistas, para ganarse el reconocimiento mundial.

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