Banega no debería ser un nombre más

Claudio Mauri
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8 de diciembre de 2009  

Las convocatorias de Diego Maradona marean. Cada lista del seleccionado se transformó en un baile de nombres que desconcierta no sólo al observador externo, sino también a los jugadores. En poco más de un año, desfilaron más de 80 apellidos, síntoma de una búsqueda frenética que hasta ahora no condujo al hallazgo de un equipo reconocible y confiable. ¿Son muchos los que se acuerdan de que Maradona alguna vez tuvo en cuenta a Zuculini, Caruzzo, Vilar, Prediger (de éste, tras el amistoso ante Panamá, dijo que había sido el que más le había gustado y que era "el jugador a seguir") y Christian Giménez, por mencionar sólo a algunos?

Con este criterio tan amplio y poco previsible, al último nombre que dejó caer Maradona bien podría caberle el destino de futbolista de paso que experimentaron tantos otros: Ever Banega fue citado para el amistoso del 22 de este mes ante Catalunya en reemplazo de Mascherano, que no será cedido por Liverpool.

Está claro que Maradona pensó en Banega sólo por la eventualidad de la ausencia del capitán del seleccionado. Habría sido interesante que se hubiera fijado bastante antes en el volante de Valencia. La Argentina tiene un serio déficit de juego en el medio campo, sector en el que no tiene salida limpia de la pelota ni elaboración. Mascherano no está para esa función, y la desprolijidad de Gago va en aumento. Queda Verón, jugador para el que no hay alternativa, algo necesario por los achaques físicos que arrastra la Brujita.

El público argentino que no sigue el fútbol internacional quedó maravillado por el despliegue futbolístico de España en el amistoso que le ganó a la Argentina. Lo hizo, fundamentalmente, con jugadores de las características de Banega, versátiles, de buen manejo. El ex volante de Boca atraviesa el mejor momento, desde que a principios de 2008 pasó al fútbol europeo por 26 millones de dólares. Su rendimiento y estilo suman elogios en Valencia, donde su juego asociado de pases y combinaciones, con llegada al área, potencian al equipo. Pide la pelota y conduce, lo que le falta al seleccionado.

Advirtió a tiempo que con sus pecados y excesos de juventud (tiene 21 años) ponía en riesgo su carrera. Hace poco, reconoció en una entrevista: "Tengo la cabeza más centrada. Me di cuenta de que no podía regalar más nada. Ya no salgo; quiero cambiar". Una vida poco profesional lo estaba llevando a dilapidar sus condiciones y una oportunidad europea que no se presenta dos veces. Aprendió de sus errores y en esta temporada se está haciendo un buen nombre en Valencia. En el seleccionado, por ahora, es uno más en las tumultuosas convocatorias del técnico. Por el aporte que le puede dar al equipo, sería auspicioso que se ganara el derecho a figurar seguido.

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