Boca: la vuelta de Miguel Ángel Russo a los entrenamientos, con cuidados especiales y distancia social

Miguel Angel Russo, técnico de Boca, asume el regreso con cuidados particulares.
Miguel Angel Russo, técnico de Boca, asume el regreso con cuidados particulares. Crédito: Prensa Boca / Javier Garcia Martino - Photogamma
Franco Tossi
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12 de agosto de 2020  • 14:12

Aunque a lo largo de la cuarentena se mostró prudente, el que conoce a Miguel Ángel Russo sabe muy bien que ya no le quedaban uñas para comerse ante tanta inactividad futbolística. Ni que hablar después de haber cosechado con Boca una Superliga que quedará en la memoria y encaminaba la ilusión de un equipo que se sentía fortalecido para ir en busca de la séptima Copa Libertadores de la historia azul y oro. Esto último no se perdió: el desafío es todavía más grande por correr de atrás en la preparación con respecto a los demás equipos del continente que compiten. Por eso, nada parece detener el hambre del entrenador.

La pandemia de coronavirus estableció desde el inicio a los ya famosos grupos de riesgo: aquellas personas que superan los 60 años corren mayor peligro en caso de contraer la enfermedad. Russo tiene 64 y en su historial médico aparece el cáncer de vejiga y próstata que superó hace más de dos años, otro de los factores negativos: está más expuesto a la circulación del virus. Y aunque la recomendación de los infectólogos es que, ante un panorama así, se cuide al máximo, al técnico xeneize lo hace feliz retomar los trabajos.

Un imagen del entrenamiento de Boca, con protocolos de seguridad por el Covid 19.
Un imagen del entrenamiento de Boca, con protocolos de seguridad por el Covid 19. Crédito: Prensa Boca / Javier Garcia Martino - Photogamma

Así es como con decisión tomó su auto en la madrugada del lunes, lo puso en marcha y recorrió los más de 300 kilómetros desde su casa de Rosario, donde pasó la cuarentena, hasta el predio que la institución tiene en Ezeiza para presenciar la vuelta de su plantel a las prácticas. Sin compañía, tal como lo indica el protocolo. Y así lo hará siempre que realice el trayecto desde y hacia el departamento que tiene en Buenos Aires. Y es que si bien se rumorea que no estará en todas las jornadas matutinas debido a los consejos médicos, la gente que está asistiendo al centro de entrenamiento también intuye que, por su forma de vivir el fútbol, Russo querrá estar siempre cerca de la acción. Este miércoles completó su tercer día seguido en Ezeiza.

Porque se lo nota inquieto -incluso- estando presente. Así como sus futbolistas tienen una carpa personal para hidratarse, alimentarse y cambiarse, hace semanas se hablaba de que el entrenador tendría una exclusiva con la intención de resguardarlo. Sin embargo, el concepto hacía referencia a la burbuja sanitaria: durante los tres días Russo se introdujo al edificio central del predio y subió hasta las oficinas, desde donde tiene una clara visualización de las tres canchas que utilizarán (al menos durante dos semanas) los tres grupos de futbolistas por turno (a las 9 y a las 11) que conformó junto a su cuerpo técnico.

Sin embargo, su estadía en esa zona no se prolonga demasiado. Tampoco es que la abandona definitivamente: según le relataron a LA NACION, Russo observa cada movimiento del entrenamiento, baja a los campos de juego para dialogar con los médicos y ayudantes y vuelve a subir. Así constantemente, atento a los pequeños detalles. Si está instalada la versión de que su figura no aparecería todos los días en Ezeiza es justamente por ese rol "secundario": si bien se realizan trabajos con la pelota, son individuales (por protocolo no pueden pasársela) y simplemente para realizar el calentamiento. Además, por los próximos diez días la preparación tendrá su foco en el estado físico.

De todas maneras, cada contacto que desea tener se realiza con su debida distancia para protegerlo. De hecho, en el primer día de encuentro evitaron una charla grupal. Por un lado, porque con la división de los grupos y subgrupos están buscando evitar contagios que afecten sensiblemente al plantel. Por otro, para seguir el protocolo con el que se cuida al técnico. Y por último, porque ya hubo demasiado tiempo en "conjunto" para dar mensajes motivaciones: "Sólo habló con algunos jugadores, con otros no, pero fue de manera individual y sin estar demasiado cerca. Lo grupal no hacía tanta falta porque eso lo mantuvieron todo el tiempo mientras se manejaron por Zoom", le detallaron a este diario.

Tanto Russo como Damián Lanata, el preparador físico, creían que el tiempo óptimo para que el plantel llegara en perfectas condiciones a la reanudación de la Libertadores era de 45 a 60 días. Desde el lunes hasta el 17 de septiembre, jornada en la que Boca visitará Asunción para enfrentar al Libertad, de Paraguay, que dirige Ramón Díaz por la tercera fecha de la zona de grupo, habrán pasado 38 días de preparación. El hombre que conquistó la última estrella continental, en 2007, no está preocupado y confía en que sus dirigidos estarán a la altura de la exigencia que habrá en la previa y durante la competencia.

Así fueron las primeras horas de Miguel Russo en el retorno a unos entrenamientos, que no lo tienen como protagonista. Y todavía quedan muchos días para poder tomar la posta de un plantel que día a día hará más grande la ilusión de levantar la Copa tras 13 años de sequía.

Buffarini, con barbijo, en la práctica de Boca
Buffarini, con barbijo, en la práctica de Boca Crédito: Prensa Boca / Javier Garcia Martino - Photogamma

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