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Carlos Bianchi empezó a firmar autógrafos no bien llegó Boca al aeropuerto internacional de Tokio, la antesala de un gran viaje que finalizaría con Boca levantando la Copa Europeo-Sudamericana ante Real Madrid, el 28 de noviembre de 2000
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Carlos Bianchi, a 25 años de la gloria de Boca en Japón: la intimidad del monólogo con el que frenó la pelea de egos

Tuvo que intervenir el día previo a la gran final con Real Madrid y fue en Japón donde tomó la decisión “más difícil” de su carrera como DT

Tuvo que intervenir el día previo a la gran final con Real Madrid y fue en Japón donde tomó la decisión “más difícil” de su carrera como DT

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Se levanta a las 5 de la mañana y sale a caminar siete kilómetros. Lo hace todos los días. A los 76 años, a Carlos Bianchi se lo ve feliz. “Me pongo la gorra y hago de remisero”, suele decir por estos días a modo de broma, ya que disfruta de compartir el tiempo con su familia. Su esposa Margarita, sus hijos Mauro y Brenda y sus nietos, con quienes celebra diferentes planes. Hasta hace poco le seguían llegando ofertas multimillonarias para dirigir en Qatar y Arabia Saudita, pero siente que no hay dinero en el mundo que valga una ecuación que lo aleje de su familia, de los cumpleaños, de las fiestas, de las comidas, de las charlas cotidianas o los pasatiempos compartidos. Y cuando alguien cercano intentaba convencerlo, él respondía: “Dale, ok, firmamos el contrato, pero allá vas a dirigir vos ehhh. Yo me quedo acá”. En los últimos tres meses bajó seis kilos: “Sólo para cuidarme un poco, en París es más complejo evitar determinadas comidas”, dice. Del fútbol local ve los partidos de Vélez (cuando puede incluso va a la cancha), Boca y Estudiantes, sobre todo por su yerno Eduardo Domínguez, DT casado con Brenda. Pero después se enoja con los tiempos muertos, con las demoras de los jugadores: “Yo nunca me acalambré en toda mi carrera”.