El desahogo: River golpeó justo a Boca y rió último en el verano

El equipo de Ramón Díaz se impuso por 1 a 0 con un gol de Cavenaghi y definirá con Belgrano la Copa Ciudad de Córdoba
El equipo de Ramón Díaz se impuso por 1 a 0 con un gol de Cavenaghi y definirá con Belgrano la Copa Ciudad de Córdoba
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31 de enero de 2002  

CORDOBA.- Rió último, y probablemente rió mejor. Claro que el triunfo, siempre gratificante cuando enfrente está el máximo rival, no le dio margen para figurarse un futuro esplendoroso, pero ya vendrá el momento de entrar en ese análisis. A River ahora sólo le interesa paladear la victoria sobre Boca por 1-0, que le permitirá jugar pasado mañana ante Belgrano la final por la Copa Ciudad de Córdoba . La edificó sin mayor lucimiento, pero con una actitud muy diferente de la que se le vio en la noche aciaga del 0-4 en Mar del Plata.

Lo que se vio en el comienzo presagió un partido intenso y de dientes apretados desde los dos lados. Pero cargado, también, con una dosis peligrosa de vehemencia. No habían pasado seis minutos y el árbitro Horacio Elizondo ya estaba en deuda con un par de tarjetas amarillas: Celso Ayala le hizo sentir el rigor de entrada a Riquelme, y enseguida Traverso contestó con una infracción de calibre similar sobre D´Alessandro. Quedaba claro, muy rápidamente, que la cosa iba a cara de perro y que se jugaría sobre el filo de la mala intención.

Paralelamente, el juego mostraba una dinámica que si no se tradujo siempre en acciones riesgosas sobre los arcos al menos permitió esperar emociones. Un vértigo que apareció desde el comienzo y que fue decreciendo con el transcurrir del tiempo.

River encontró enseguida una carta interesante por la derecha, en la movilidad de Ariel Franco, a quien no le encontraban la vuelta ni el joven Forchetti ni Omar Pérez, cuando el volante ayudaba por ese sector. Ortega se mostraba activo y D´Alessandro intercalaba movimientos prometedores con algunos toques de imprecisión. Las jugadas que se iniciaban con buenas perspectivas no terminaban bien por falta de peso en el área, pero el arranque del equipo de Ramón Díaz dio a entender que había intención de dejar atrás, al menos en lo que hacía a la entrega, la paupérrima imagen dejada en Mar del Plata el sábado último.

Y a Boca se lo vio algo menos voraz que en la noche de aquella goleada interrumpida. Siempre, claro, con la premisa de que todo pasara por los pies de Juan Román Riquelme, que debió luchar -a menudo sin éxito- con una persecución policíaca de Guillermo Pereyra. Lo más peligroso de la figura xeneize se mostró en algunas jugadas con pelota detenida, en especial un par de córners que a poco estuvieron de transformarse en goles olímpicos.

Eso sí: las infracciones violentas continuaban. Ayala vio la tarjeta amarilla sólo a los 34 minutos, cuando ya había golpeado como para que se lo hubiera mandado a los vestuarios. Enseguida, Burdisso atendió a Ortega con una entrada de igual tenor. Era lo peor de un clásico que mostraba a Boca con un predominio sin profundidad.

Pero River respondió con todo en los últimos cinco minutos. Primero, a los 41, cuando Ortega avisó con una gran jugada: después de amagar para aquí y para allá, sacó un derechazo a colocar que Abbondancieri desvió con lo justo. Y en el último minuto, una réplica fulminante lo puso en ventaja. La comandó D´Alessandro, que alargó hacia la izquierda para Zapata; el centro de éste encontró solo en el área a Cavenaghi, que con la pierna derecha en alto se anticipó a la salida algo tardía de Abbondancieri. Ventaja para River .

Fue fácil adivinar las posturas de cada uno en el segundo tiempo. River, a la espera y agazapado para aumentar si se le presentaba la oportunidad; Boca, obligado a buscar. Riquelme se mostró más activo y siguió siendo tratado con dureza por los hombres de Ramón. De entrada tuvieron el empate Delgado (su remate lo tapó Garcé) y Carreño (se filtró en un hueco que dejaron los centrales de River y Lux le ahogó el grito).

Boca iba y no podía. River mostraba su cara menos vista: la del esfuerzo por sobre el intento de lucimiento. Tabárez probó con el regreso de Moreno, pero enfrente, a veces con rudeza, se lograban cortar los intentos xeneizes. Cavenaghi casi aumenta con un derechazo que desvió apenas Abbondancieri y pegó en un palo.

Y gritó River, nomás . Por fin, y sin necesidad de penales. Un buen estímulo en un momento complicado.

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