El plan de Alfaro: seguir convenciendo al grupo y sostener el ciclo en Boca más allá de los próximos resultados

Franco Tossi
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29 de septiembre de 2019  • 23:59

Se sabe que los entrenadores pueden declarar públicamente cosas que no coinciden con lo que realmente sienten. A veces, por ejemplo, para quitarle presión a sus dirigidos. Otras, para no revelar su pensamiento sobre ciertas cuestiones. Gustavo Alfaro no es de esos. Suele sacar a relucir su más sensata visión. No esquiva las preguntas, pese a ser un estratega. La palabra 'miedo' no está en su diccionario y, en cambio, habla de 'valentía'. Aún cuando en Boca le ponen enfrente un tema sensible que a muchos otros los incomodarían: la posibilidad de que una eliminación ante River , en las semifinales de Copa Libertadores que se avecinan, simbolice el "juicio final" de un ciclo al que hay muy poco que reprocharle desde los números.

La igualdad ante Newell's (1-1), por la Superliga, no dejó parado a Boca como al entrenador le hubiese gustado en la previa de la visita al Monumental. Sin embargo, esos dos puntos perdidos que más adelante pueden lamentar -como bien remarcó Carlos Tevez-, también significan la obtención de una unidad que continúa afirmando esta etapa post Madrid: Alfaro llegó al partido oficial N°40 con 23 éxitos, 14 igualdades y solo tres derrotas.

La final de la Copa de la Superliga perdida ante Tigre (0-2) y la eliminación -por penales- ante Almagro de la Copa Argentina son las manchas que están, por ahora, a cubierto, esperando salir para generar más dolor o quedarse en el olvido: el termómetro River marcará eso. Pero entre los aspectos valiosos, además, están la obtención de la Supercopa Argentina ante Rosario Central, haber llegado tan pronto a las semifinales coperas y demás datos que impactan, como aquel que señala que no pierde por el torneo local desde el 20 de febrero (1-2, con Atlético Tucumán).

No obstante, Alfaro no es necio. Sabe que el gigantesco Mundo Boca se mueve en el día a día. Y él asume esa realidad. "Qué finito es el fútbol para que dos partidos te digan si tu trabajo es bueno o malo. Pero sé que es así, eso se va a definir de acuerdo a si pasamos a River o no. De nada sirve todo lo anterior. Aunque, más allá de que quiero pasar de etapa y ganar la Libertadores, que es el sueño y el pedido máximo de los hinchas... hay una realidad: si fuese algo fácil, Boca no hubiese esperado 12 años para volver a ganarla", sentenció.

Tan centrado está con esta situación delicada que, mientras detallaba un diálogo reciente con Nicolás Burdisso (director deportivo que lo eligió en enero), Alfaro se refirió por primera vez a la posibilidad de no ser más el entrenador si las cosas no salen como pretenden. "Le dije que somos fusiles en este camino, pero que, más allá de que las cosas nos puedan salir bien o mal, no tenga dudas de que éste es el camino. Boca está en el camino correcto. A lo mejor, en algún momento yo tenga que irme para que venga otro DT que dé el impulso, después de nuestro proceso de armado", abrió su corazón, sin egoísmos.

Aunque, claro, no cedió en todo momento. Inteligente como es, también se puso un escudo protector: "Yo no seré quien defina mi labor en esos parámetros, porque tengo otros medios. Por ejemplo, utilizo jugadores que antes no jugaban, como Bebelo (Reynoso), Carlitos mismo o Mauro (Zárate). También, jóvenes que empezaron a jugar en Primera, como Capaldo, Weigandt y Obando. Jugadores por los que apostamos y vinieron a darnos una mano como Alexis (Mac Allister). El hecho de intentar darle un perfil al equipo. Tener una comunión de pensamientos con las inferiores de Boca, reuniones constantes con los técnicos y futbolistas de abajo. El trabajo integral...", dijo en función de lo que cree debe valorarse de su ciclo, vaya como le vaya en el superclásico.

El duelo con River no es uno más para Alfaro, más allá del significado que ya conlleva. Pese a que el 2019 fue mucho más destacado de lo que los propios hinchas de Boca esperaban, el técnico deberá ratificar su gran año en esta semifinal. Sobre él recaen las tantas frustraciones ante el Millonario del último tiempo, pero son las reglas del juego: si no evita una nueva caída, puede que nada haya servido. Porque estaría en una situación similar a la de Rodolfo Arruabarrena y Guillermo Barros Schelotto: hombres que han ganado, pero no dieron la talla en los momentos claves con River y por eso se fueron. Y si espanta los fantasmas, su espalda se ensanchará.

Él está convencido de que es el momento: "No tengo dudas de que Boca va a terminar recuperando, más temprano que tarde, lo que fue históricamente. Y yo tengo fe de que lo vamos a recuperar ahora. Porque yo vine acá con la ilusión de ganar la Copa Libertadores y, en eso, estamos todos metidos".

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