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RÍO DE JANEIRO (Enviado especial).- El rumor empezó a correr esta mañana durante el desayuno en el hotel Windsor Barra de Río de Janeiro, donde unos 100 hinchas de Estudiantes comenzaban a palpitar la revancha de la semifinal de la Copa Libertadores de este jueves, a las 21.30, ante Flamengo, en el Maracaná. Entre jugos naturales, frutas tropicales y pães de queijo, alguien encontró la noticia en las redes sociales y enseguida cambió el ánimo. El plantel de Alexander Medina recién llegará a la ciudad pasadas las 20 de este miércoles, pero para los hinchas el partido ya empezó a jugarse con una primera victoria: el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS, según sus siglas en francés) habilitó a Marcos Rojo.
Hasta este martes, cuando Estudiantes realizó la práctica de fútbol en el Country de City Bell, el defensor no era tenido en cuenta para el partido. En la dirigencia encabezada por Juan Sebastián Verón, sin embargo, todavía conservaban la esperanza de que el experimentado marcador central, que ya se había perdido el 0 a 0 de la ida en La Plata por no estar autorizado por la Conmebol, pudiera estar en la revancha.

Ahora, Rojo se subirá al avión con destino a Río y tiene muchas posibilidades de jugar como titular. La noticia cambió el clima entre los hinchas de Estudiantes que empezaron a llegar desde el lunes y que ya se hacen notar en distintos puntos de Río. Pese al cielo gris y a una mañana poco amigable, varios cruzaron la avenida para instalarse un rato en la playa.
La historia había comenzado dos semanas atrás. Estudiantes inscribió a Rojo para las semifinales y una eventual final en la última ventana que permitía realizar modificaciones en la lista de la Libertadores: Leandro González Pirez y Tomás Palacios, sus centrales titulares, estaban suspendidos por acumulación de amarillas para la ida frente a Flamengo.

El club se movió rápido, acordó con Racing la rescisión del contrato de Rojo y logró incorporarlo a partir del cupo que, según el reglamento de AFA, había abierto Gabriel Neves, operado por una fractura con desplazamiento en la muñeca izquierda y con un tiempo de recuperación superior a los cuatro meses. Esa vía le permitió jugar en el torneo local.
El conflicto apareció cuando Estudiantes quiso inscribirlo en la Libertadores. El reglamento de la Conmebol establece que un futbolista debe estar registrado de acuerdo con las normas de su asociación nacional, pero también respetar las disposiciones internacionales de FIFA.

Conmebol se apoyó en el artículo 6 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores de FIFA. Entre otras disposiciones, ese ítem permite anotar fuera de término a futbolistas cuyo contrato haya finalizado o se haya rescindido bajo determinadas condiciones. El organismo sudamericano consideró que Rojo no entraba dentro de esas excepciones y que había sido registrado fuera del período habilitado en el sistema TMS, y decidió no autorizarlo.
La comunicación llegó el mismo día del primer partido contra Flamengo, y en medio de un fuerte movimiento político en el fútbol argentino: después de una foto entre Claudio Tapia, presidente de la AFA, y Alejandro Domínguez, titular de la Conmebol, y pocos días después de que Verón se mostrara con Stefano Di Carlo, de River, para anunciar una reunión destinada a “establecer una agenda común para analizar la situación del fútbol argentino, intercambiar ideas y elaborar propuestas destinadas a mejorar su desarrollo”.

Estudiantes decidió entonces ir hasta las últimas consecuencias. Su argumento fue que la inscripción de Rojo se había realizado “de acuerdo con la normativa vigente” y, especialmente, que la propia Conmebol había aceptado anteriormente casos que el club consideraba similares: futbolistas incorporados fuera de la ventana internacional y habilitados para disputar las instancias decisivas de una competencia.
Uno de los antecedentes que presentó fue el de Lanús en la Copa Sudamericana 2024. Después de la grave lesión de Raúl Loaiza, el Granate recibió autorización de la Conmebol para modificar su lista en las instancias finales e incorporar a Leonardo Jara, pese a que el cambio también se realizó fuera de la ventana del sistema TMS.
La discusión terminó en el TAS, que debió resolver con urgencia por la cercanía del partido de este jueves. Y un día y medio antes llegó la respuesta que Estudiantes esperaba.
Con Rojo ya apto para jugar, una posibilidad es repetir la línea de cinco que probó frente a San Lorenzo, en la derrota 2-1 por el Clausura, cuando actuó como líbero en un equipo con varios cambios. En ese caso, podría volver a ocupar ese lugar y el equipo resignaría un mediocampista: Baltasar Rodríguez, Alexis Castro o, con menos posibilidades, Joaquín Tobio Burgos. La otra alternativa es sostener la defensa de cuatro y que Rojo ingrese directamente por González Pirez.
Lo que ya cambió, antes incluso de que el plantel aterrizara, fue la manera en que los hinchas empezaron a vivir la vuelta contra Flamengo. Porque si estas series también se juegan fuera de la cancha, Estudiantes encontró un motivo más para ilusionarse con la final.



