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La cancha Diego Armando Maradona, ubicada a 2300 metros de altura, podrá ser usada durante la noche

La cancha Diego Armando Maradona, ubicada a 2300 metros de altura, podrá ser usada durante la noche
PURMAMARCA.– Durante la noche, el cerro de los Siete Colores de la localidad de Purmamarca, en Jujuy, solo se distingue como una sombra que tapa el horizonte. Sus tonos amarronados, rosados y verdosos –la característica que llama a miles de turistas de todo el mundo– se vuelven invisibles. Pero si uno se mete en el collado entre los cerros, aparece una luz que rebota sobre la tierra colorida. En el eco que se forma entre los terrenos elevados se replican sonidos inesperados: botines y zapatillas que rozan el suelo de arcilla, una pelota, respiraciones agitadas.
Al asomarse, lo que aparece es un rectángulo plano, delimitado con líneas blancas de cal, a 2300 metros de altura. Un grupo de niños juega al fútbol. Sigue la pelota con entusiasmo, levanta el polvo y las piedras con los pies y se ríe cuando uno de ellos cae al suelo. En ese descuido, uno de los chicos, de los más grandes del grupo, se acomoda, levanta la pelota y le pega de volea. El remate sale con fuerza y termina en el fondo de la red. Grita el gol como si fuera una final.

La cancha se llama Diego Armando Maradona y pertenece al Club Atlético Santa Rosa, una institución formada en 1924 por un grupo de familias que se pasó la administración de generación en generación. De abuelos a padres y de padres a hijos. Es el único club que hay en Purmamarca.
En 1934 el terreno todavía no había sido aplanado y los chicos lo usaban como potrero. Tenían que escalar un par de metros de la base del cerro para sacar un tiro de esquina. Lo que aparece como una novedad son las luces que se encuentran en cada costado de la cancha, y cuya instalación finalizó hace aproximadamente una semana. “Para mí la luz de la cancha no apaga el cerro. Lo ilumina”, dice Gastón Cruz, presidente del club Santa Rosa.

Cumple diversas funciones. Se usa para los entrenamientos de los equipos de Primera, Reserva y femenino del Santa Rosa. Todos compiten en la Liga Quebradeña de Fútbol, que incluye a entidades de 14 localidades. El club también la presta de forma gratuita a la escuela deportiva municipal, la liga de veteranos y a las únicas dos escuelas de la localidad (una primaria y una secundaria) para que hagan deporte.
A eso se suman actividades de la comunidad o eventos externos –como el Raíd de los Andes, la reconocida carrera de trail running que terminó este año en la cancha. El Santa Rosa también presta el predio a otros clubes de la zona para que jueguen “de local” y no tengan que viajar tanto para las competiciones.
Hasta el momento, todos debían turnarse para usar el predio y alternarlo con la pequeña cancha de cemento que se encuentra en la sede principal del club, ubicada en la Ruta Nacional 52 y frente del Río de la Quebrada de Purmamarca, por el mismo camino que lleva hacia las Salinas Grandes.

El pasado jueves la Fundación River Plate inauguró la obra de iluminación de la Diego Armando Maradona. Se llevó adelante junto a Mantelectric, con el apoyo de Fundación Signify y en articulación con la Secretaría de Deportes provincial.
La cancha se volvió conocida en 2024, cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, compartió una publicación donde mencionaba su belleza y particularidad. Luego, entró a un documental como una de las más extraordinarias del mundo. Desde ese momento, las redes sociales del equipo se coparon de personas que mandan apoyo al club desde todo el país. “De acá en Buenos Aires también alentamos!! Vamos!!”, escribió un usuario.
Al igual que la cancha, el club también es multifunción. En diciembre cumplirá 102 años y, desde su creación, funcionó como un lugar de contención para la comunidad. Su nombre hace honor a Santa Rosa de Lima, la patrona del pueblo. Cada 30 de agosto se juega un partido en su honor.
Guacinto “Washington” Cruz tiene 85 años y forma parte del Santa Rosa casi que desde su nacimiento. Recuerda aquellas épocas en las que, a sus seis años, todavía no existía la cancha, y él y sus amigos jugaban en un terreno privado que no se usaba. “No tenía mucha construcción y las manzanas no estaban edificadas. Ahí veníamos a jugar”, cuenta a LA NACION.
Eso continuó hasta que un joven los juntó y decidió que todos los domingos jugaran dos equipos: eran siete contra siete. “Ahí empezó a estar el club. Mi abuelo fue uno de los fundadores y fue presidente. Yo a partir de los 18 empecé a formar parte de la comisión [directiva]”, relata. A los 25 se convirtió en el presidente. Su esposa fue secretaria desde los 23. “Toda una vida”, dice entre risas.

Washington era conocido como “Pichón”. Era maestro rural y daba clase de todo lo que se necesitaba: “Enseñaba a jugar al fútbol, al básquet y al vóley”. En ese entonces pasaba por el terreno y se lo imaginaba: “Tenía una pendiente impresionante. Era imposible hacer un gol olímpico desde ahí”.
Fue también el primer club de la zona en tener vestuarios, algo que construyeron con sus manos: “No teníamos ingresos. Uno trajo madera, otro los palos y cañas para el techo. Nosotros acarreamos las piedras del río para poner el cimiento. Las cargábamos por 200 metros”.
Y así continuó el trabajo a pulmón. Actualmente, el presidente del Santa Rosa es su hijo, Gastón, quien está hace seis años en el cargo. Hoy la cancha tiene 85 metros de largo y 65 de ancho, y los impedimentos siguen existiendo. Las líneas de cal tienen que volver a pintarse antes de cada partido.

La municipalidad presta un camión que permite regar la cancha dos veces por semana para que no se levante tanto polvo durante los partidos. Los días de lluvia el juego se dificulta porque algunos sectores todavía no cuentan con muros de piedra, por lo que el agua permea fácilmente y la arcilla se acumula hasta el centro.
“El mantenimiento es costoso. Cuando se enlaguna es muy difícil. Pero estamos construyendo muros de contención”, detalla Gastón. También cercaron el predio para evitar accesos inesperados: una vez un caballo de una propiedad cercana se escapó y tuvieron que perseguirlo para sacarlo del terreno.
La iluminación abre nuevas posibilidades, como que los adolescentes puedan jugar cuando salen de clases. La secundaria tiene jornada completa, algo que dificultaba que los chicos pudieran disfrutar del predio durante la noche. Desde mayo hasta agosto, durante el invierno, los chicos salen a las 18.30 y no tienen chance de jugar más de media hora. “La luz nos da una buena mano. Les permite estar y tener un entrenamiento continuo, que va a ser dos veces por semana”, señala.
Para el equipo de Primera también representa un beneficio: todos los jugadores trabajan y salen a la tarde o noche. “Muchos son mozos, tiene su negocio y trabajan en un remis. Recién a las 20 pueden jugar”, suma Gastón.

El presidente del club incluso sueña con un torneo nocturno que se realice durante el verano para las divisiones menores, entre ocho y doce años. “Los padres además se desocupan en esos horarios y los pueden ir a apoyar”, asegura.
Muchas familias afrontan una realidad difícil a nivel económico y el club forma una parte fundamental, contó Noelia Catacata, educadora comunitaria del club e integrante del Ministerio de Educación local.
“La mayoría de los padres trabaja en la plaza como puesteros. Muchas veces los chicos vienen sin comer y tenemos que darles té, mate cocido, bizcochitos”, asegura. Remarca que, como única condición, los niños que ingresen a la institución deben estar escolarizados.
El club también contiene a los niños de localidades cercanas que quieren jugar en el Santa Rosa pero que no pueden movilizarse. Gustavo Jerez, actual entrenador de fútbol del Santa Rosa, es el encargado de llevarlos a Purmamarca en su camioneta y devolverlos a sus casas. Él también heredó su amor por el fútbol: su papá jugaba para Santa Rosa.

Durante la tarde del jueves, todos estuvieron presentes para la inauguración oficial, que ocurrió horas después de que la Fundación River Plate brindara capacitaciones para los dirigentes y entrenadores de clubes locales. También participaron Felipe Llorente, presidente de la Fundación; el gobernador de Jujuy, Carlos Sadir; el intendente de Purmamarca, José Humberto López; el presidente de Mantelectric, Carlos Pérez San Martín; y el Sales Maneger de Signify, Juan Ignacio Martire.
Durante todo el acto, los niños del pueblo persiguieron la pelota para meter un gol mientras el sol se ponía entre los cerros. Cuando se encendieron las luces, el partido continuó hasta que lo único que podía verse era el contorno de los montes. “Yo siento que se ilumina el cerro. Que brilla”, dice Gastón.