Los últimos serán los primeros

Juan Manuel Trenado
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22 de enero de 2002  

MAR DEL PLATA.- Fue hace dos años nada más, en enero de 2000, cuando el plantel de Racing también se encontraba en esta localidad realizando la pretemporada y desde el hotel 13 de Diciembre llegaba una voz desesperada: “Nos estamos muriendo y nadie hace nada. Somos treinta tipos (en referencia al plantel y al cuerpo técnico), que estamos completamente solos y no tenemos en quién confiar. Cada día que pasa es peor”. La declaración fue de Gustavo Costas, entrenador de la Academia en aquellos días. Apenas habían transcurrido unas horas de la irrupción de la barra brava en la concentración en busca de dinero, cinco días después de que la Justicia ordenaro la clausura del club.

Hoy, los irremediables problemas con la barra brava continúan. Los tiene Fernando Marín. Pero el semblante de Reinaldo Merlo no refleja preocupaciones: “Si se puede, sería bueno tener otro punta para reemplazar a Rueda que se fue. Si no, nos vamos a arreglar con lo que tenemos”, afirma el DT sentado en un sillón en el lobby del hotel Sheraton.

Así se escribe la historia de Racing, desde “dejar de existir como asociación civil” (frase ya célebre de la ex síndico Liliana Ripoll) a la tranquilidad absoluta de este campeón después de tres décadas y media.

En el medio de estas realidades tan opuestas llegó el gerenciamiento. Fue en enero de 2001, y hace exactamente un año el conjunto de Avellaneda comenzaba una pretemporada en Bariloche para preparar al equipo para un año muy duro, que tenía como objetivo principal sumar 27 puntos para escapar al descenso.

Finalmente, se evitó la promoción y hubo que sufrir por los tres puntos que la AFA pudo descontar por superar el límite de amonestaciones. La sanción nunca se cumplió.

En este momento los hinchas mencionan la posibilidad del bicampeonato y los jugadores sólo piensan en las mejoras que pueden generarse gracias a que ya se despojaron de la pesada carga que significaba ganar un título.

El increíble vuelco a la realidad futbolística de la Academia también se encontró con un beneficio económico. Los éxitos deportivos revalorizaron a todos los jugadores. Aunque ya aseguró que no venderá a ningún jugador, Marín reconoció que hubo contactos, pese a que no fueron oficiales, por, al menos, seis jugadores: Campagnulo, Maciel, Loeschbor, Vitali, Bastía y Estévez.

Otro motivo de alivio es que la deuda que tiene que afrontar Blanquiceleste SA, cercana a los 34 millones (deuda verificada), está en pesos. Para afrontar el próximo pago, la empresa tiene su dinero en dólares. Blanquiceleste debe pagar el 6,25 % de la deuda verificada en junio próximo, y algo más del 18% a fines de 2002.

Parece mentira que un equipo que tiene una deuda total que superaría los 60 millones de pesos (sin verificar) esté viviendo un momento de gloria como el actual, mientras otros clubes, en situaciones similares, no puedan salir adelante.

Las conquistas se multiplicaron en la cancha con el triunfo en la Copa Ciudad de Mar del Plata. Ya se habla poco de esa deuda que todavía existe. Hace un par de años, en Racing sólo se escuchaban palabras como quiebra, clausura o avenimiento. Ahora sólo se habla de fútbol.

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