

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
“El clásico es una final del mundo para nosotros, y así lo vamos a jugar”. La definición del significado del duelo que Racing e Independiente tendrán este domingo, a las 14.45, en el Cilindro, fue de Adrián “Maravilla” Martínez, uno de los pocos sobrevivientes de aquel equipo épico dirigido por Gustavo Costas que se coronó a nivel continental en 2024 y 2025 y que protagonizó triunfos inolvidables para sus hinchas.
El año pasado, a esta misma altura del calendario, la Academia se preparaba para jugar la semifinal de la Copa Libertadores ante Flamengo, con la ilusión de llegar a Lima para el encuentro cumbre del fútbol sudamericano. Del summum de la ilusión y la emotividad, Racing voló en picada durante este 2026 hacia una creciente desesperanza y bronca, reflejada en las salidas masivas, las derrotas sin atenuantes y los insultos al por mayor dentro y fuera de la cancha.
Diego Milito, el ídolo que se convirtió en presidente del club en diciembre de 2024, es el principal apuntado por los hinchas, quienes lo insultaron desde todos los sectores del Cilindro de Avellaneda en la última derrota, el domingo pasado, ante Belgrano. Con la caída ante el Pirata, el equipo que dirige interinamente Sebastián Chirola Romero quedó a 7 puntos de la zona de playoffs cuando apenas quedan 12 unidades en disputa.

De soñar con ser campeón de América, con un ídolo carismático como Costas en el banco de los suplentes para guiar a un plantel con jugadores que se hacían fuertes en la adversidad, Racing dio un giro de 180 grados: no tiene expectativas de títulos, está fuera de la zona de copas internacionales (inició esta fecha en el puesto 22 en la tabla anual) y tiene un alarmante vacío de representatividad en el plantel.
En mayo, Milito echó a Costas, a quien en diciembre le había extendido el contrato hasta diciembre de 2028. “Fue un error renovarle a Gustavo por tres años”, dijo el presidente a inicios de septiembre, en una de sus escasas presentaciones públicas frente a la prensa, sobre aquella determinación que había tomado y de la que se arrepintió tras la prematura eliminación de la Academia en la fase de grupos de la Copa Sudamericana en curso.
Este mes, Milito echó a Juan Pablo Vojvoda, a quien denominaba “entrenador institucional”, luego de 13 partidos en los que un equipo sin jerarquía había entrado en una rápida fase de empeoramiento partido tras partido. El punto de quiebre fue la eliminación con Boca, en los cuartos de final de la Copa Argentina, cuando la Academia viró de la algarabía de un sorpresivo 2-0 a favor a una caída 3-2 en tiempo agregado.

De aquel sueño de ser finalista de América a esta pesadilla del presente en tan sólo 365 días, Racing también sufrió una notoria salida de líderes: sólo en este semestre se le fueron los dos capitanes, Santiago Sosa y Marcos Rojo. El defensor, además, lo hizo con desaires incluidos al mismísimo Milito, con quien se enojó porque no quería negociar una desvinculación. El presidente de la Academia había ido a buscar a Rojo en agosto de 2025, cuando Boca lo tenía apartado del plantel.
Al zaguero, finalmente, lo negociaron con Estudiantes, que en la semana sufrió un revés en la Conmebol y no pudo usarlo para el máximo propósito por el que lo había buscado en esta parte del año: jugar las semifinales de la Copa Libertadores, ante Flamengo. En ese sentido, Racing ya cobró por el futbolista, que se desvinculó en una transferencia “de aproximadamente US$ 1.000.000, entre el pago al momento de la firma, bonos sujetos a objetivos de Estudiantes en la Libertadores y que Rojo no cobró su bono de productividad por partidos jugados en Racing”, sentenciaron desde la dirigencia albiceleste a LA NACION.
Ingratitud de Rojo al margen, a este Racing al que todo le cuesta muchísimo se le fue entonces uno de los pocos jugadores que llegó durante la gestión Milito y había mostrado estar a la altura dentro del campo de juego. En ese sentido, en el mercado de pases de semestre Racing había incorporado a nueve futbolistas por los que erogó aproximadamente US$ 7.000.000: cuatro compras (Ulises Ortegoza, Gastón Lodico, Matías Pérez y Leandro Córdoba), tres préstamos con opción (Leonel Pérez, Lautaro Díaz y Juan Barinaga) y el arribo de dos en libertad de acción (Alfonso Espino y Matías Kranevitter).
Con los nueve que llegaron, un equipo que de por sí ya había perdido calidad no logró reforzarse: Leonel Pérez –probablemente el mejor hasta ahora-, Gastón Lodico y Ulises Ortegoza son los que más acción tuvieron, mientras que Lautaro Díaz (que ya sufrió dos lesiones musculares) alterna en ofensiva y llega al clásico sin goles en su cuenta. Córdoba, que recaló como apuesta desde el Racing cordobés, ni siquiera tuvo minutos por una lesión de tobillo. Y Matías Pérez, el zaguero que arribó desde Cerro Porteño, perdió el puesto con los juveniles Mateo Martínez y Gonzalo Escudero, centrales de la Reserva campeona a mitad de año, a quienes el público reconoció ante Belgrano por su empuje en un contexto de marcada apatía en el que ellos y el arquero Facundo Cambeses fueron los “salvados”. Barinaga, que había debutado ante Huracán porque se lesionó Ezequiel Cannavo, se desgarró en ese encuentro. Ya disponible, el ex Boca lucha con su compañero de puesto por la titularidad ante Independiente.

Espino y Kranevitter, a quienes en el club referenciaban como “jugadores con experiencia que también pueden apuntalar en el vestuario”, ni juegan. El lateral uruguayo, que llegó luego de la salida de Gabriel Rojas, uno de los mejores 3 que tuvo Racing en el siglo, perdió el puesto claramente con Ignacio Rodríguez, cuyo nivel estaba muy por debajo del de Rojas. Y Kranevitter, a quien en Racing apuntaron para suplir a Bruno Zuculini (otro líder que se fue) como mediocampista central de recambio, también mostró problemas cuando le tocó ser parte del equipo.
Con la evidente devaluación futbolística y de liderazgos que atraviesa, todo el mundo Racing sabe que en el clásico no hay margen para una caída. En el duelo que paraliza a la ciudad, la denominada por Maravilla Martínez como “final del mundo” es, en realidad, la última opción de darle al menos una alegría a una multitud que este año volvió a las derrotas y las frustraciones de otras épocas.
Para Martínez, también, este partido tendrá una connotación diferente. En el clásico del campeonato pasado, en el estadio del Rojo, picó y desvió el penal que tuvo a disposición, mientras que en el segundo tiempo le pifió a la pelota debajo del arco, cuando Rodrigo Rey ya se encontraba vencido. “Quise enaltecerme y fui humillado”, reconoció, arrepentido, con una referencia bíblica después de aquel clásico que terminó en derrota albiceleste 1-0.
Con 64 goles en 126 partidos en Racing, de los cuales anotó tres en los últimos cuatro partidos (ante Boca, Sarmiento y Estudiantes de Río Cuarto), Maravilla es una de las pocas esperanzas de gol que tiene la Academia pese a que él también atraviese su peor año desde que llegó en 2024. Aún en un contexto negativo, el ex Instituto es el máximo artillero del equipo en la temporada, con 12 conquistas. Su reemplazante natural, Elías Torres, todavía no tiene festejos desde que recaló en el club.
Ese caso, entre otros, grafica un serio problema: Racing carece de recambio. También desde lo actitudinal hay evidencias sobre el poco interés que tienen algunos de sus futbolistas en revertir la situación. Matko Miljevic, quien se incorporó en el verano de este año (de Huracán, por US$ 3.000.000), ingresó al saludo previo en el partido con Belgrano en jogging. Ningún otro jugador de la cancha lo hizo, ni tampoco en los otros 14 partidos de la fecha. Para este domingo, ni siquiera estará entre los convocados. El jogging-gate, dicen desde adentro, le pasó factura.

“Era un pedido de Gustavo, lo quería sí o sí”, es una de las constantes aclaraciones que hacen desde Racing cada vez que se pregunta por la incorporación de Miljevic, lo que abre también el interrogante sobre cómo y cuánto peso tienen los consejos de la secretaría técnica que encabeza el director deportivo Sebastián Saja sobre qué contrataciones son recomendables o no, más allá de los gustos de los entrenadores.
Racing desembolsó casi 30.000.000 de dólares en incorporaciones desde el inicio de la gestión de Diego Milito. Sin embargo, deportivamente no se han visto buenos resultados. Sin copas internacionales en el horizonte para 2027, con lo que la Academia cortaría su presencia ininterrumpida en los certámenes de Conmebol después de 12 temporadas (su última ausencia fue en 2014), el plan de obras de la gestión también se resentirá.
Para diciembre está prevista la inauguración del nuevo predio de la Academia en Ezeiza, donde Milito hizo las paces con Claudio Tapia, el presidente de la AFA, quien visitó esas obras y las catalogó como “salto de calidad” (lema de Milito en su campaña electoral). En esa obra, destinada a la preparación de los futbolistas de Primera, el club ya invirtió aproximadamente U$S 12.000.000.
En el mundo Racing se cuestiona qué calidad de plantel tendrá el club para entrenarse allí, en una próxima temporada en la que el único propósito (u obligación) será pelear el torneo local, del que hoy la Academia es lejano espectador.
Los hinchas que el domingo pasado se hartaron e insultaron a jugadores y al presidente, postergarán planes de almuerzos por la celebración del Día de la Madre, ya que el horario del partido (14.45) invalida esa chance. “Lo pusieron a esa hora y nosotros no cambiamos nada”, le aseguró Guillermo Cimadevila, titular la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APreViDE), ante la consulta de LA NACION.
Con un técnico interino, jugadores cuestionados y una dirigencia cuyo presidente no quedó indemne de los reproches, los fanáticos irán al Cilindro pese a todo, como su historia lo demuestra, a la espera de una respuesta diferente a las recibidas hasta ahora. Y en uno de los costados de la tribuna, como en cada partido, una bandera tomará todavía más relevancia todavía: “Mi vieja me dio la vida. Racing el corazón”.


