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Ian Poulter (en el medio), el caddie John McLaren y Lee Westwood celebran aquel inolvidable triunfo de Europa sobre Estados Unidos por 14.5 a 13.5, en la Copa Ryder de 2012, en Medinah, Illinois; fue considerada una de las luchas deportivas más emocionantes de todos los tiempos
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Los cinco mejores momentos de la Copa Ryder en la historia y los jugadores inolvidables de una competencia única

Antes de la cita en Roma que se disputará desde este viernes, un vistazo por los grandes impactos en el tradicional duelo que mide a EE.UU. con Europa

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Según Tom Watson, “no hay nada como ganar” la Ryder Cup. “Estás jugando por algo más que por tí mismo”, justificó la leyenda norteamericana. Del lado europeo, el irlandés Padraig Harrington experimentó emociones ambiguas y la comparó con una montaña rusa: “No es un sentimiento agradable. Mientras sucede uno piensa... ‘¿por qué estoy haciendo esto?’ Pero cuando está terminando el pensamiento es ‘Oh, eso fue genial’”. Caminar por esta alfombra roja del golf es emocionante y concede un valor único marcado por el prestigio. Cada jugador ofrece con honor el talento individual en pos del éxito colectivo. Ese sentido de pertenencia es lo que destacó el español Sergio García, en su momento compañero de Harrington: “Este es un deporte muy solitario durante todo el año. A veces es agradable tener un amigo a tu lado que te anima. Y no sólo uno, sino otros diez detrás que están haciendo lo mismo”, reconoció. Al final del camino los espera la silueta de Abe Mitchell, apodado “el mejor golfista que nunca ganó el Open Championship”, en la cúspide de un trofeo que, según el sitio oficial del certamen, pesa aproximadamente “lo mismo que una botella grande de kétchup”.