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La camiseta pesa mucho

Por César García (*)
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29 de marzo de 2000  

Chile aún no despega. Pese a lo que se pretende decir, La Roja está casi en un punto muerto, anclada en el pasado y dependiendo más bien de la improvisación. Parece un juicio duro, pero así es. La escasa preparación de la selección después de la Copa América de Paraguay -jugó partidos con equipos de tono menor y sin los futbolistas que conformarán la base de este nuevo ciclo- le juega en contra. A ella y al técnico.

Y es que Nelson Acosta pregonó durante el último tiempo que quería cambiar la mentalidad del fútbol chileno y hacerlo competitivo en el campo internacional. Por eso se decidió por introducir un esquema "moderno" -tres defensas, cinco volantes y dos delanteros-, pero con el correr del tiempo y ante las carencias técnicas de los jugadores retrocedió al clásico 4-4-2.

Los malos resultados de este año (especialmente en la gira por Centroamérica, donde perdió con Costa Rica y Guatemala) lo obligaron a aceptar lo que ya todos sabían: en Chile faltan jugadores. Y toda la supuesta preparación se fue así al tarro de los desperdicios.

Por eso el discurso cambió. Acosta expresó hace unos días que la meta era clasificarse para el Mundial del 2002, que Brasil y la Argentina partían obviamente como los favoritos, que la pelea iba a estar con Uruguay, Paraguay, Colombia y Perú, y que para alcanzar uno de los cuatro cupos directos bastaba con sumar 28 puntos.

Sabe el técnico que el comienzo va a ser duro. Y sus bonos ya no están tan altos como hace un tiempo (incluso Mario Mosquera, el presidente del fútbol chileno, reconoce que no le gusta). Chile basa sus opciones, al igual que en las últimas eliminatorias, en la campaña de local. Sabido es por todos que fuera del estadio Nacional la selección se nubla, se borra. La ilusión es rescatar en Buenos Aires un empate o una derrota honrosa. Pero nada más. A lo sumo, repetir lo hecho en las últimas eliminatorias, cuando colgados del arco se sacó un empate. Eso es lo que se busca. Quien diga que se va a Buenos Aires para ganar o está intentando levantar el ánimo o se pasa de listo. La camiseta pesa. Y pesa mucho.

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