Premios para las medallas

Por José Ignacio Lladós
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26 de agosto de 2000  

Un día, hace cuatro meses, llegó a la Secretaría de Deportes una oferta privada: había dinero para apoyar al alto rendimiento. Se sabe que no es justamente plata lo que sobra en las oficinas del Cenard, así que, con lógica, se recibió y se escuchó la propuesta. Incluso, una vez sentado a conversar, el organismo gubernamental presentó una idea: que la ayuda forme parte del proyecto de captación de fondos que se sigue para los próximos períodos olímpicos.

Como entre la Secretaría y el COA ya se preveía "importar" de España el exitoso Plan ADO (Ayuda al Deporte Olímpico), pues entonces toda propuesta económica externa debía ser estudiada muy seriamente.

El proyecto oficial incluía, entre varios temas por tratar, un convenio mediante el cual el aporte privado se comprometiera a abonar premios para los deportistas que consiguieran medallas y diplomas en Sydney 2000.

Concretamente, los números que se arrojaron sobre la mesa fueron 100.000 pesos por un oro, 60.000 por una plata, 30.000 por un bronce y 6000 por cada diploma. También se plantearon premios para la deportividad y para la superación, una especie de estímulo para quienes no consiguieran entrometerse en el primer nivel mundial. Y, de todas maneras, se solicitó que, de no haber medallas ni diplomas, se fijara un monto mínimo de 2.000.000 de dólares para repartir ya se vería cómo. Una forma de que el apoyo resultara irrestricto, más allá de la actuación final.

Pero, obvio, por amor al deporte nadie iba a acercar tanto dinero. Había que sentarse a negociar. Y lo más importante para la secretaría no serían los premios, sino el futuro del deporte argentino.

La cuestión es que, hasta ahora, no se llegó a ese acuerdo. Marcelo Garraffo, secretario del área, y Eduardo Moles, uno de sus asesores, fueron los principales "negociadores" oficiales. Pero se les pidió la imagen de los deportistas y eso sí que no lo pudieron firmar.

Por eso, hoy, la idea de la ayuda económica externa se encuentra más cerca del programa de captación de fondos para el futuro que de Sydney 2000.

Apoyo para ambos proyectos sería lo ideal. La realidad indica otra cosa.

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