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Juan Manuel Leguizamón, criado en Santiago Lawn Tennis y proyectado en el San Isidro Club, tiene todos los méritos para ser el nuevo capitán de los Pumas, al menos en esta gira europea en la que no estará, por lesión, Juan Fernández Lobbe. Con 30 años cumplidos el 6 de junio, Legui ha alcanzado la plenitud como jugador de rugby. Corajudo, fortísimo, quizá no tan pulido técnicamente, pero de los que dejan la piel en la cancha, viene de ser la figura más visible –junto con Marcelo Bosch– en el difícil Rugby Championship en el que el seleccionado perdió los 6 partidos.
El tercera línea que formó parte del Bronce 2007 (inolvidable en el test por el tercer puesto aquel topetazo al gigante Sebastien Chabal que le valió la amarilla y un insulto a la vista de millones de televidentes de Agustín Pichot) tuvo algunas perlitas en el RCh. Fue el que salió llorando después de la goleada ante los Springboks en Soweto y el que puso al equipo al frente (no sólo en el marcador) una semana más tarde en la revancha en Mendoza. Precisamente en ese encuentro heredó la capitanía en los últimos minutos ("Bien Legui carajo", escribió Pichot en su cuenta de Twitter), cuando Felipe Contepomi salió lesionado. Apoyó un try ese día, como luego lo hizo ante los All Blacks y los Wallabies.
Querido por todos los jugadores (por ejemplo, Corcho Fernández Lobbe fue su testigo de casamiento), respetuoso ante el periodismo y un jugador que se hizo a fuerza de voluntad, Leguizamón ya no es más aquel que caía permanentemente en penales, amarillas y rojas. Ha alcanzado la maduración. Y su foja de servicios (52 tests) lo llevó, también, a ocupar una silla en la mesa chica de los Pumas, también integrada por Fernández Lobbe, Patricio Albacete, Juan Hernández (otro ausente por lesión), Marcos Ayerza y Horacio Agulla.
Con todos los merecimientos que tiene el hoy jugador de Lyon, no se puede soslayar en qué escenario ha sido designado. Con un entrenador que todavía no se sentó en el banco mayor (Daniel Hourcade), con un anterior staff que explotó en mil pedazos en medio de denuncias de "falta de respeto" y con una situación de evidente enfrentamiento entre Albacete (el de más experiencia y el que tiene más peso interno en una parte grande del plantel) y la cúpula de la UAR.
Es verdad que nunca hubo un subcapitán oficial. Éste es un argumento que han distribuido distintos defensores y participantes del poder para embarrar la cancha. Pero es sabido por todos que siempre hubo uno (Pichot-Longo, Contepomi-Lobbe) y que en el primer Rugby Championship, antes de sus declaraciones a la nacion Deportiva, el capitán iba a ser Albacete de no estar disponible Lobbe. Después cambió todo.
Hourcade mandó un mensaje conciliador a la UAR, que es la que le paga, y habrá que ver qué pasa con ese mensaje dentro del equipo. Seguramente recogió datos de sus antecesores en su decisión, y para esta empresa, que él ansía culminar en el Mundial de 2015, se nutrió de colaboradores de fierro para él, pero también para los dirigentes más influyentes (Agustín Pichot-Carlos Araujo). En ese escenario, en el que para la dirigencia Albacete es un problema, el tuit del presidente Luis Castillo felicitando a Leguizamón antes de una comunicación oficial no debe tomarse como un descuido inocente.
Es de esperar, nuevamente, que se pongan los fusiles sobre la mesa y que se prioricen el rugby argentino y la camiseta, a los que tanto se ha venido manchando últimamente, y no por los resultados en la cancha. Esto no significa barrer la basura debajo de la alfombra, sino actuar con transparencia.



