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Fernando Pope Morel en el CASI, donde día a día recibe el afecto de amigos y allegados: nadie lo olvida
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Pope Morel sin filtro: su admiración por el Caña Varela, el caso Puccio, un CASI que lo ilusiona y su batalla contra el Parkinson

Ex pilar y jugador del seleccionado, recuerda sus comienzos, los grandes tiempos del Atlético con un pack de lujo y describe su pelea diaria

Ex pilar y jugador del seleccionado, recuerda sus comienzos, los grandes tiempos del Atlético con un pack de lujo y describe su pelea diaria

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Fernando Morel es un guerrero que se dedicó al rugby. Un guerrero sin genio marcial, con fortaleza mental y espiritual. Y como todo guerrero, dispuesto a librar las batallas que le toquen, las que la vida le plantee. Sin lamentos, sin perder el tiempo en explicaciones, mirando hacia adelante. Como jugador dio la cara por el CASI, en una era gloriosa, la del Caña Varela, en los 80, y al mismo tiempo, también dejó sangre, sudor y piel por los Pumas, en otros ciclos exitosos, bajo la tutela de Pochola Silva y Michingo O’Reilly. “Era otro rugby”, –sintetiza Pope, mano a mano con LA NACION, sentado a una mesa en la terraza del CASI. “Era terrible. No te digo los test con Francia o Nueva Zelanda… Te hablo de los partidos con el SIC, con CUBA… Y los entrenamientos, ni te cuento. De una intensidad… Terminábamos hechos pelota y algunas veces en el Sanatorio San Lucas, de San Isidro”, aclara.