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El Cenard, como casi siempre, cuando se trata de atletismo es el lugar para estar, transitar y nutrirse de historias. Allí, en el Cenard, está Fernando Díaz Sánchez. Es miércoles, como todos los miércoles. Es muy temprano y el entrenador de Los Ñandúes no para de dar indicaciones. En un abrir y cerrar de ojos, sus atletas desaparecen y se van a realizar la entrada en calor. En unos minutos, una dura sesión de entrenamiento de calidad con pasadas para todos los gustos. El escenario es la pista principal y Fernando, crono en mano, da indicaciones a sus entrenados pero, sobre todo, se nota que les enseña desde un lugar que pocos tienen: el de docente que busca el crecimiento de sus corredores.
La mañana es calurosa aunque con un clima ideal para correr. Bien temprano, el calor húmedo de Buenos Aires no se torna nocivo ni viscoso. A esta hora, por lo menos, se puede correr.
Termina el entrenamiento y todos se juntan al costado de la pista, a charlar, tomar mates, elongar y compartir alguna anécdota de algún viaje. Chistes, datos, tiempos, fotos y abrazos sobran en el grupo y es una de las imágenes que mas llama la atención. Acá hay equipo.
Se nota no sólo en las marcas ni en los nombres, sino en la esencia que se impone de arriba hacia abajo y viceversa. Eso es lo que genera Díaz Sánchez, un sanjuanino siempre amable y con la palabra justa.
Pasan unos minutos de charla e invita a acompañarlo a observar a una de las nadadoras que tenia una clasificación en la pileta cubierta. Vamos todos juntos, caminando… llegamos, nos vamos a la tribuna y desde ahí disfrutamos de un espectáculo pocas veces visto para nosotros… una competencia de natación en el Cenard.
Termina con la clasificación lograda por Abigail Padilla. Ahora sí puede tomarse unos minutos para la entrevista. Sus días, en rigor sus horas son así. Si Fernando no está haciendo algo vinculado con el atletismo y el entrenamiento siente que está perdiendo su tiempo.
Por Camilo Radrizzani


