Sin decisión: River dejó la punta en Paraná

Hasta el gol de Capria, el del definitivo 1 a 1 para Unión, el equipo de Núñez había sido superior; después, los baches de la cancha parecieron envolverlo; Luis González había abierto el score para los millonarios
Claudio Mauri
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12 de mayo de 2003  

PARANA.- A River se le escapó la punta en la misma medida que el partido ante Unión se le volvió inmanejable, difícil de gobernar, salvo en algunos pasajes del primer tiempo. Resignó la autoridad que mostró en otras ocasiones, quizá porque no asimiló el cúmulo de peculiaridades que rodeó al encuentro de ayer. Desde el costado sensible que significaba enfrentar a un rival como Unión, que venía con preocupaciones que excedían largamente su flaco promedio del descenso, hasta la aridez de esta cancha de Patronato, que no facilitaba ningún plan sustentado en la precisión.

Es cierto que el estado del campo era peor que el de muchos equipos del ascenso, pero no basta para explicar por completo este bache de River.

Los conjuntos que aspiran y tienen condiciones para logros mayores deben mostrar capacidad de sufrimiento, carácter ante la adversidad. Hacer de un obstáculo un motivo de superación. Y este River se quedó a mitad de camino, sin intensidad ni decisión.

Si el ambiente -el partido terminó a media luz por una tarde nublada que anticipó el anochecer- no era el propicio para apostar por soluciones futbolísticas, tampoco lo compensó con un envión anímico.

Así como a veces no se sabía para dónde picaba la pelota, sobre el final también costaba adivinar para cuál lado caería el resultado. Porque River pudo desnivelar con un cabezazo de Darío Husain y otro de Lequi, pero Unión, que se abroquelaba cerca de su área, estuvo cerca en una deficiente definición de Perezlindo y en una entrada del movedizo Giménez que tapó Buljubasich.

Para no cargar todo en la cuenta del mal estado de la cancha conviene recordar que el gol de Lucho González pareció dibujado sobre una alfombra, porque Ludueña recibió sobre la izquierda y cruzó una estupenda habilitación rasante entre los zagueros centrales para que el otro volante rematara con no menos justeza. River no daba la impresión de estar tan incómodo al principio, ya que dominaba y hacía circular mejor la pelota.

Lo de Unión era más modesto, trataba de aguantar y tiraba pelotazos. En River ni siquiera la ausencia de D´Alessandro provocaba nostalgia, pues Ludueña estaba muy activo, tanto para hacerse de la pelota (en un rato recuperó seis balones) como para distribuirla con criterio. El equipo de Pellegrini no supo sacar provecho de ese momento favorable. A todo esto, el árbitro Bassi dirigía con un reglamento que no incluía el penal, porque dentro del área ignoró una falta de Mosset sobre Ludueña y, ya en el segundo tiempo, una sobre Husain y otra de Demichelis sobre Perezlindo.

Si la pelota picaba y se deslizaba irregularmente, era cuestión de esperar que a se detuviera para un tiro libre. Eso habrá pensado el Mago Capria, que empató con un zurdazo impresionante, propio de su repertorio.

No pudo hacer nada Buljubasich, tampoco Demichelis, que estaba parado sobre la línea y junto al palo por donde entró la pelota, y no hubiera bastado ni un muro para repeler el misil del 10 de Unión.

La igualdad marcó un quiebre, ya que River no volvería a jugar bien, o, si se quiere, a insinuar los pasajes interesantes de la primera media hora. Vistas las dificultades, ingresaron Coudet y Cavenaghi, sin poder ser influyentes en un partido en el que el arquero Nereo Fernández fue uno de los pocos que siempre descifró la dirección de la pelota, viniera por arriba o en un traicionero remate a rastrón de Ludueña.

En definitiva, Paraná no vio al mejor River, que pasó con un cierto aire de incógnito, sintiéndose un extraño en un terreno que le resultó tan duro que no pudo plantar su bandera de líder.

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