
Anticipando las restricciones, en agosto la salida de capitales alcanzó un récord histórico
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La fuga de divisas, es decir, la salida de capitales del país o su ocultamiento con fines precautorios, alcanzó en agosto un récord histórico: llegó a US$5909 millones, duplicándose respecto del mes previo y en relación con igual mes del año previo.
Es un monto que, además, deja muy atrás al anterior récord -por US$4616 millones- que dejó mayo de 2018, cuando la corrida contra el peso ya estaba lanzada. El dato se conoció ayer con la publicación del balance cambiario correspondiente a ese mes y, en realidad, no sorprende.
El desplome que ya habían mostrado las reservas del Banco Central (BCRA) al caer de los US$67.899 millones a fines de julio a US$54.100 millones solo un mes después (es decir, en US$13.799 millones o 20,33%) ya lo había anticipado. Y las restricciones impuestas a la demanda de divisas al finalizar agosto por parte de un gobierno que había hecho un culto del libre movimiento de capitales (y hasta dispuesto mediante un megadecreto -27/2018- hace 22 meses que cualquier comercio que se inscribiera en el Registro de Operaciones de Cambios podría también funcionar "como agencia de cambios" para comprar y vender dólares), lo terminaron de certificar.
El nuevo máximo en el saldo deficitario que dejó la formación de activos externos se debió al fuerte salto que mostraron los egresos (marcaron también un récord al totalizar US$9594 millones, 19% más que en julio) y la disminución en paralelo de los ingresos por esta cuenta (US$3686 millones, los menores en el año y un monto 24% inferior al registrado en el mes previo).
La aceleración que transformó en estampida la salida de divisas (que ya venía a buen ritmo) se produjo por el shock generado por el contundente e inesperado resultado de las PASO en las previsiones de los agentes económicos.
Tras ese evento, la demanda neta privada más que se duplicó, lo que llevó al BCRA a vender reservas en el mercado para tratar de frenar la escalada del dólar por primera vez desde el lanzamiento del programa monetario y cambiario repactado con el FMI en octubre de 2018.
Los datos muestran que 1.300.000 personas humanas compraron de forma neta US$1873 millones (US$1516 millones para atesoramiento y US$356 millones para pagar operaciones, como viajes al exterior). "El 97% adquirió menos de US$10.000 por persona y la compra bruta per cápita fue de US$1738. Pero lo que movió el amperímetro fue la demanda de inversores institucionales y empresas.
Los analistas explican que a la formación de activos externos, también denominada "fuga", aportan básicamente tres variables: la cifra neta de billetes comprados en el mercado por el sector privado no financiero (que luego puede ir al "colchón", a una caja de seguridad o quedar en el sistema bancario); las inversiones directas de residentes en el exterior (la inversión en activos reales), y las inversiones de portafolios, registradas a fines estadísticos como "otras inversiones de residentes en el exterior".
"Normalmente billetes y otras inversiones mueven la cancha. Esto pasó en agosto porque el neto vendido fue alto (unos US$2400 millones), pero no récord: ya hubo montos así en meses de 2008, 2009 o 2011, pero estuvo lejos de los US$3500 millones de mayo de 2018", dice Axel Cardin, analista de research en Bull Market Brokers. "La que se disparó fue la inversión de portafolios que típicamente no superaba los US$1000 millones y llegó a los US$3500 millones. Ni en los años previos al cepo se había visto algo así, aunque también es cierto que esos movimientos estaban más regulados", completa.
El economista Federico Cohen certifica este sesgo distintivo. "En agosto, la salida neta de divisas marcó un máximo, pero las compras netas de billetes físicos representaron 41% de dicho monto, mientras el 59% restante representó la demanda neta de divisas", explica. "Este último renglón alcanzó US$3427 millones, nivel sin precedente para las inversiones de residentes en el exterior. Se debió al accionar de empresas no agrícolas (petroleras, de energía y comercio) que aceleraron sus inversiones en activos financieros externos para cubrirse frente a un resultado electoral inesperado que reavivó temores sobre regulaciones y restricciones futuras", reseñó.
A eso se agregó una salida de US$5607 millones depositados en bancos, egresos que aportaron a la fuga neta de divisas ya que parte de esos fondos pasaron a cajas de seguridad, fueron girados a cuentas del exterior o quedaron bajo el "colchón", como se dice, pero salieron del circuito y dejaron de aportar a la economía.
"Con este drenaje, la salida de capitales bajo la gestión Macri alcanzó los US$81.093 millones y, en lo que va del año, el 54% de lo cobrado por exportaciones se gastó en fuga", dijo ayer la diputada del FPV por Buenos Aires Fernanda Vallejos.



