Bancos: todas las fichas están puestas en 2016

Las entidades cerraron el semestre con una rentabilidad estimada de 4% sobre el activo y los banqueros ya proyectan el próximo año. Dar volumen y profundidad al negocio, encontrar una salida para la sobrerregulación y reactivar el crédito de largo plazo, los desafíos
Mónica Fernández
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27 de julio de 2015  

Pasar el invierno... y pasar también la primavera, más bien haciendo la plancha y dibujando estrategias para lo que vendrá. Ésa es un poco la síntesis de lo que hoy se vive en el mundo bancario, un sector que al cierre del primer semestre del año puede seguir mostrándose sólido y con ganancias, que algunos juzgan "muy" buenas y otros advierten que no lo son tanto una vez recalculados y ajustados los números por inflación. No es poco para una economía que no crece, pero el negocio requiere de más escala y nuevos aires, coinciden los expertos.

Durante los primeros seis meses de un año electoral, que siempre trae consigo incertidumbre, y en el que por lógica los banqueros, como los empresarios de otros sectores también, muestran un comportamiento prudente, el stock de préstamos al sector privado asciende a $ 661.700 millones, 10% por encima de enero de este año y 24,8% más que en junio de 2014, con prevalencia de las líneas de corto plazo.

Los depósitos totales del sector privado avanzaron 15,3%, y totalizaron $ 826.000 millones (+31,7% respecto de junio del año pasado) y se destaca el mayor stock de plazos fijos (+31% en el año) impulsados por el incremento de las tasas de interés. Los números, tanto de créditos como de depósitos, están en sintonía con la inflación, lo cual, en términos reales, habla de un avance muy tibio, y se espera que la situación se mantenga igual durante el segundo semestre.

Los resultados del balance a junio no están aún cerrados, pero los analistas estiman que el conjunto de bancos (privados y públicos) arrojará una rentabilidad sobre activos en torno a 4%, que se achica si se le descontara el efecto inflacionario y que es inferior al 4,2% del balance de diciembre. Todas las expectativas están puestas en 2016.

"La buena noticia para el comienzo del próximo año es que el sector bancario se encontrará robusto: bien capitalizado y con márgenes de liquidez abultados. Esto siempre y cuando no se verifique un deterioro económico significativo, evento al que le asignamos una baja probabilidad", arranca su análisis del sector Fernando Quiroga Lafargue, socio a cargo de Servicios Financieros de KPMG. "La mala noticia -postula- es que el sistema, por diversos motivos, comenzará con escaso dinamismo. Si bien durante 2015 la desintermediación financiera encontró un piso, el cambio de tendencia todavía es incipiente y los niveles crediticios se encontrarán el año que viene en valores muy bajos en relación con el nivel de actividad y con lo que es observado en otras economías." Y dice que el mayor objetivo para los bancos en el mediano plazo será revertir estos bajos niveles de intermediación. "Será la mayor oportunidad, aunque no creemos que esto ocurra en el corto plazo", evalúa Quiroga Lafargue.

Por su parte, Enrique Cristofani, presidente de Banco Santander Río, el primero en los rankings de las entidades privadas, dice que "el principal desafío del sector financiero en la Argentina es ser más grande y profundo en el futuro". Eso, añade, redundará en más crédito y más inversión y empleo. Actualmente el crédito privado representa alrededor del 14% del PBI, uno de los ratios más bajos de la región.

"Lo positivo -destaca Cristofani-es que el sistema está sólido, líquido, con baja morosidad [en torno al 2%] y sin descalce de monedas. Por lo cual, las condiciones objetivas para iniciar un proceso de desarrollo están dadas."

Gustavo Marangoni, presidente de Banco Provincia, el segundo banco más grande del país tanto medido en crédito como en depósitos, justo detrás del Banco Nación, habla ya del comienzo de una nueva fase en la que "se fortalecerá el crecimiento logrado". Y proyecta: "Para ingresar en esa etapa, será primordial incrementar la competitividad de las empresas y para ello será fundamental la incorporación de nuevas tecnologías y un marco de estabilidad de las variables financieras, escenario en el cual el rol de los bancos será fundamental y hay mucho por hacer al respecto".

En tanto, Jorge Brito, presidente de Banco Macro, tercero en el ranking de patrimonio neto (con $ 12.606 millones), hace foco en la transición. Dice que la sociedad percibe que este recambio electoral será diferente a los vividos en 2007 y en 2011, porque en esta oportunidad se abre la posibilidad de un "contraste más intenso" entre el gobierno entrante y el saliente. "Desde un punto de vista económico, esta situación eleva el margen de incertidumbre y determina una conducta más prudente y contenida de parte de todos los actores", dice.

"Se espera un 2015 de transición, sin mayores cambios, pero un 2016 con un contexto más favorable, que pondrá a prueba las decisiones de los agentes [banqueros] y las estrategias adoptadas con el fin de lograr un crecimiento del crédito sostenido, alargar el plazo de sus pasivos y mejorar la rentabilidad de las entidades en términos reales", describe Fix Ratings, en su último informe sobre bancos.

En el análisis de María Valeria Azconegui, AVP-Analyst de bancos en Moody's, "el próximo año encontrará a la mayoría de las entidades con niveles de capitalización, calidad de cartera de préstamos y liquidez adecuados, y débiles niveles de rentabilidad". Y aclara que el nivel de depósitos ha sido "relativamente estable", en parte porque los grandes depositantes institucionales no están habilitados para transferir dinero al exterior. En la medida que se flexibilicen las regulaciones que restringen la generación de utilidades de la mayoría de los bancos y empresas, se logrará "restaurar un clima de negocios más favorable que redundará positivamente en los niveles de rentabilidad de las entidades financieras", aclara.

La agenda que viene

Así planteado el escenario, la agenda 2016 tiene varios highlights ya definidos para el sector, algunos que deberán encarar puertas adentro los propios bancos y otros en los que las decisiones y las medidas del nuevo gobierno serán la bisagra.

"Desde el punto de vista del balance, el cambio de mando encuentra un sistema financiero sólido, pero también muy pequeño. Atiende la transaccionalidad diaria de familias y empresas, pero que no canaliza el ahorro en inversión", define Santiago Mignone, socio líder de Servicios Financieros en PwC Argentina. "El desafío de mediano plazo es, justamente, lograr este último objetivo, aunque se trata de un cambio de largo plazo, que no sólo depende de medidas macroeconómicas y regulatorias apropiadas, sino también de la confianza del público inversor", completa.

La Argentina presenta una relación muy baja entre el crédito al sector privado de la economía y el PBI. Este ratio se ubica en el orden del 13 al 15% del PBI, cuando otros países de la región, como Perú y Uruguay, llegan al 30%; Brasil, al 70%, y Chile, al 100%.

"Ésta es una asignatura pendiente, ya que evidencia una limitación estructural que determina una escasez de crédito que impide a la economía expandirse con mayor vigor", opina Brito. ¿Las causas? Entre otras, "la fuerte regulación del sector bancario", dice el banquero.

Al mismo punto va Mignone: "El próximo gobierno encuentra un sistema financiero sobrerregulado, que deberá encarar reformas normativas que lo orienten hacia un mayor incentivo a la atención de las necesidades del público". Y también su colega de KPMG, Quiroga Lafargue: "El sector bancario está muy regulado, con límites a la composición del activo [más allá de los habituales desde un punto de vista prudencial] y con techos a diversos precios y tasas de interés".

Los analistas hacen foco fundamentalmente en los límites impuestos por el Banco Central, tanto a las comisiones que las entidades pueden cobrar por sus productos y servicios, como a la obligación de otorgar préstamos al sector productivo a tasas de interés subsidiadas y financiar al consumo con planes ad hoc que estimulan la demanda.

"Los bancos argentinos enfrentan un entorno operativo en deterioro y de alta inflación. Mientras que los resultados reportados en el primer trimestre de 2015 [último dato oficial] permanecen altos, después de ajustarlos por inflación son considerablemente más bajos. En parte los menores ingresos son consecuencia de la excesiva regulación, que se traduce en tope de tasas y de comisiones, y el direccionamiento del crédito a tasas subsidiadas", resume Azconegui, sin dejar de mencionar el impacto que tiene sobre el negocio "la desaceleración económica e incertidumbre".

En el tintero

Volver a generar crédito hipotecario es la gran deuda pendiente de los bancos para con sus clientes. Claro que resolverlo no es sólo cuestión de voluntad comercial. Este segmento, a diferencia del crédito para el consumo, sea personal o con tarjeta de crédito, depende de muchas más variables a la hora de ser puesto en el mercado. De hecho, en términos reales, este segmento continúa desacelerándose.

"El crédito para la vivienda depende de las posibilidades de obtener financiación de largo plazo y reglas de juego que permitan ser mantenidas en el tiempo. Difícilmente pueda pensarse en una normalización de este tipo de líneas en 2016, dado que tanto la tasa de inflación como la falta de financiamiento de largo plazo conspiran contra ello", revela Mignone. Y agrega que es de esperar que las autoridades económicas y monetarias emprendan un plan de reducción de la inflación y otorguen incentivos económicos e impositivos que permitan orientar recursos hacia ese sector crediticio, ya que el crédito para la vivienda "constituye una de las mayores necesidades de los sectores medios, que tienen una alta bancarización y debiera ser atendido por las entidades".

Azconegui dice que "la falta de confianza del depositante" genera que la estructura de fondeo de los bancos sea mayormente a la vista, lo cual constituye una "importante restricción" para que pueden ofrecer financiación de largo plazo. Y agrega que el crédito a la vivienda podría normalizarse en la medida que los bancos puedan ofrecer una tasa de interés de largo plazo que compense el riesgo percibido por el depositante para poder ofrecer líneas de financiación de más largo plazo reduciendo el descalce de sus balances".

Gustavo Marangoni

Presidente del Banco Provincia

"Se requiere más compromiso de los bancos con el financiamiento productivo en moneda nacional"

Enrique Cristofani

Presidente del Banco Santander Río

"Si las condiciones están dadas, el sistema financiero saldrá a ofrecer créditos a plazos más largos"

Jorge Brito

Presidente del Banco Macro

"El sector bancario está muy regulado y ésta puede ser una explicación de la escasez de crédito"

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