Cada vez más protagonista en la vida de las empresas, la inteligencia artificial es un desafío para el empleo

Accenture investiga en Francia la aplicación de tecnologías a los negocios; los rasgos del nuevo escenario laboral
Silvia Stang
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23 de noviembre de 2015  

NIZA, Francia.- Tan complejo como protagonista de la historia de la humanidad toda y de cada ser humano en particular, el cerebro es siempre objeto de investigaciones que arrojan resultados que asombran. Y desde hace años es también el "centro de operaciones" para que se desarrolle algo igual de intangible, que ya todo -o casi todo- lo abarca en la vida cotidiana, pero que promete mayor expansión hasta un límite aún no conocido: la llamada inteligencia artificial, es decir, la capacidad de las máquinas de hacer tareas antes sólo asignadas a personas.

En Sophia Antípolis, un parque de empresas tecnológicas en el sur de Francia, en la región de la Costa Azul donde los ojos se encuentran con el inspirador paisaje de los Alpes marítimos, la compañía global Accenture inauguró este año un centro de innovación para "ayudar a las empresas en la transformación digital de sus negocios". Aquí, el salón para experimentar con los avances está diseñado como si fuera un cerebro humano, porque -según dicen los directivos de la firma- las soluciones que es capaz de ofrecer la tecnología surgen luego de pasar por procesos en los que se tienen en cuenta tanto las capacidades analíticas como las emociones, esas dos cuestiones que desde el órgano central del sistema nervioso dirigen el comportamiento humano.

"La innovación proviene de la combinación entre la tecnología y lo que le ocurre a las personas", dice Alexandre Naressi, director de Investigación y Desarrollo Interactivo de Accenture a nivel global. El centro de innovación de Francia es el único europeo y uno de los cinco que la firma tiene en el mundo. Los otros están en San José y en Washington (Estados Unidos), Bangalore (India) y Pekín (China). Recientemente se anunció una próxima apertura en Dublín (Irlanda).

En el parque de Sophia Antípolis, a pocos kilómetros de la ciudad de Niza, conviven más de 1400 compañías, de las cuales el 40% tiene centros de investigación y desarrollo. En total trabajan unas 30.000 personas, pero el lugar es centro de interacción constante con estudiantes y visitantes. Entre otras firmas están IBM, Hewlett-Packard y Oracle.

Accenture es una firma de consultoría, servicios profesionales y desarrollos digitales, que tiene 358.000 empleados en 120 países. En el último ejercicio anual, finalizado el 31 de agosto, sumó ingresos netos por US$ 31.000 millones. Instalada en la Argentina hace medio siglo, cuenta localmente con 7500 profesionales y oficinas en Buenos Aires, Rosario y La Plata.

Una tarea que desarrolla es investigar la adecuación de tecnologías para usos prácticos, como el caso de un casco para el trabajo en la industria energética, equipado con pequeños dispositivos que no sólo permiten saber exactamente dónde está a cada momento un trabajador que ingresó por ejemplo a un túnel, sino que también le da a ese obrero información sobre las tareas por hacer y sobre el estado de los equipos con los que interactúa. "Se tiende a lograr más seguridad para el trabajador y mayor productividad, porque si hay menos errores hay menos costos", describe sobre ese tipo de desarrollos Antoine Caner, s enior manager de Accenture Francia.

Otro de los ejes de las investigaciones es el vínculo de las empresas con los consumidores. Desde las vidrieras inteligentes que detectan si quien observa es mujer o varón y cómo está su ánimo ese día hasta la expansión y diversificación de los medios de pago que impliquen cada vez menos uso de tiempo y de billetes, son muchas las cuestiones que están en la mira.

El uso de las redes sociales para acercarse a los clientes -a los ya existentes y a los potenciales- es uno de los temas que más preocupa y ocupa, entre otras razones porque, además del alcance desconocido que puede tener para la reputación algún comentario volcado en Internet, hay que tener en cuenta que los consumidores llegaron a este particular mundo interactivo en primer lugar, y sólo después lo hicieron las compañías, según admite Jordi Rocamora, especialista de la firma en el tema.

En la tarea que implica el análisis de los millones de datos que están en las redes, la capacidad de la inteligencia humana no pudo ser suplida por la artificial en un 100%, aunque sí hubo avances, según cuenta Rocamora. "La data sin un ser humano que la lea y la interprete no significa nada", afirma el investigador. Hasta en la recolección de los datos suelen aparecer problemas. Cita el caso de una compañía que, a simple vista y para el conteo de una máquina, había tenido durante un día cualquiera un boom de menciones en las redes sociales; cuando alguien se puso a observar qué había pasado, vio que el sistema sumaba los comentarios referidos a otra empresa, que había organizado un evento artístico -por lo visto con mucho éxito- y en cuyo nombre, integrado por dos palabras, estaba incluido el de la firma supuestamente tan aludida.

Hay ciertas funciones, según dice Rocamora, a las que una máquina no llegaba hasta hace un tiempo y ahora sí, como identificar en todo su significado la expresión I don't like para no contar como positivo el comentario sólo por incluir la palabra l ike. Pero a la vez, agrega, hay cuestiones que parecen reservadas a la inteligencia humana, como entender cuándo un usuario enojado con una compañía pone un mensaje cargado de ironía.

El trabajo en 2030

Atado por un lado al análisis de las acciones y reacciones humanas, el desarrollo de las soluciones tecnológicas trae, por otra parte, el dilema de la convivencia de la inteligencia humana con la artificial, cuando en muchos casos se percibe una amenaza para el empleo. "La interacción es constante y siempre estará; no creo que en el futuro se llegue a que todo sea inteligencia artificial", afirma Naressi, quien puntualiza que esta era requiere de líderes que orienten las estrategias hacia la transformación.

El liderazgo integra un listado de habilidades que, según un estudio de Accenture hecho para el caso de la Argentina, serán las más valoradas para el empleo del futuro, entendiendo por tal el que podrá acompañar el desarrollo de los negocios con una presencia cada vez mayor de tareas realizadas por máquinas. Las otras habilidades protagonistas serán la inteligencia social (capacidad de interactuar con otros), la creatividad, la capacidad de análisis, la percepción sensorial, la capacidad de realizar transacciones, las técnicas de reparación y la fuerza manual.

Si se consideran los empleos del sector privado que hay actualmente en el país, el informe de Accenture considera que 37% de esos puestos podría ser reemplazado por máquinas, ya que las tareas se ejecutarían automáticamente (como ocurre de manera creciente con algunas repuestas en los call center) . Es un escenario planteado para 2030, un futuro no muy lejano si se piensa que en esa época estarán ingresando en el mercado del trabajo los chicos que hoy dan sus primeros pasos en el sistema educativo.

Que los programas de educación sean más flexibles y se orienten al desarrollo de las habilidades analíticas y creativas es uno de los consejos incluidos en el citado informe.

Las empresas tienen su grado de responsabilidad en el ingreso y el avance de la sociedad en la era digital. Pero no son las únicas. La misión, según concluye el estudio, requiere cambios en diferentes dimensiones, en los que deben embarcarse las personas, las organizaciones (en general) y los gobiernos.

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