Antonio Gil, aquel correntino que se rebeló y fue leyenda

La devoción por el Gauchito Gil
La devoción por el Gauchito Gil Fuente: AP - Crédito: Natacha Pisarenko
Martha Salas
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14 de septiembre de 2019  

La devoción popular que genera la figura del Gauchito Gil se ha transformado en estos tiempos en una de las creencias más arraigadas en nuestro país. A él recurre la gente buscando protección, ayuda, quizá un milagro, ya que se le atribuyeron profecías que eran el anuncio de hechos futuros que no podían ser conocidos por causas naturales. Las creencias populares tienen tanto arraigo que con el tiempo pasan a ser mitos casi incuestionables.

La fe está fuera del alcance del entendimiento, y a veces las creencias dejan en suspenso las leyes de la naturaleza.

Un viaje a Mercedes provincia de Corrientes, me puso en contacto con gente que sabía sobre su vida y es lo que contaré en dos artículos.

Antonio Mamerto Gil Nuñez nació el 10 de julio de 1850 en la zona cercana al arroyo Pay Ubre, tercera sección rural de Mercedes, provincia de Corrientes.

No hay constancia de bautismo, ni de que haya acudido a la escuela primaria. Es probable que al igual que su padre se haya dedicado a las tareas rurales desempeñándose como peón domador, de ahí su fama de buen jinete.

El abuelo de Antonio Gil, murió degollado, como lo fueron tantos otros soldados correntinos en la batalla de Pago Largo en 1839 como consecuencia de la sublevación de Berón de Astrada gobernador de Corrientes de tendencia unitaria, derrotado por Pascual Echague gobernador de Entre Ríos.

Antonio Gil era uno de los tantos campesinos que poblaban el Pay Ubre víctima de las luchas fratricidas de nuestro pasado histórico, cuando combatían celeste contra colorados. Un jefe celeste (unitario) era don Juan de la Cruz Zalazar que alcanzó prestigio en la guerra del Paraguay. Durante una de esas reyertas el coronel Zalazar convocó a leva para formar un batallón. Entre los incorporados estaba Antonio Gil que una noche decidió escapar del campamento. Al saber de su huida Zalazar lo mandó a capturar.

Cuando lo apresaron lo dieron por desertor. Antonio Gil se defendió diciendo que si abandonó el campamento no fue por falta de coraje, sino porque creía que no debía derramar sangre inocente, contra los que no tenía agravios que vengar. Que había soñado con Nandeyará (Dios en guaraní) y que le había dicho que asi debía proceder.

Antonio Gil -a pesar de su simpleza- comprendió que todo hombre debe acatar al que lleva adentro. Comprendió que el uniforme le estorbaba, comprendió que no iba a consentir que se mataran a inocentes y por eso se hizo desertor.

Zalazar dio la orden de llevarlo a Goya para juzgarlo.

La prisión del Gauchito Gil causó conmoción en el Pay Ubre donde se lo conocía como hombre sano, bueno, servicial, leal amigo y muy corajudo. Muchos fueron los que intercedieron por él y Zalazar pidió veinte firmas de los principales de la zona para ponerlo en libertad.

Cuando recibió las firmas ordenó ponerlo en libertad. Orden que llegó tarde pues el Gauchito ya estaba camino a Goya para ser juzgado. En el camino dijeron que el Gauchito quiso escapar y lo mataron.

Después se supo que los prisioneros nunca llegaban a destino y siempre se daba la misma explicación.

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